Si parecía complicado que la SGAE lograse limpiar su imagen de cara al español medio tras la sucesión de escándalos y sinsabores que viene protagonizando, la noticia de ayer parece ya sentenciar su desdicha. Y es que Teddy Bautista, el nombre más íntimamente ligado a la desgracia histórica de la entidad, ha vuelto a su directiva.

“Bautista ha aceptado sustituir al músico Fernando Illán, que había presentado su dimisión el pasado mes de junio”

El hombre que pasó 34 años de su vida en la SGAE y presidió su Consejo de Dirección entre 1995 y 2011, volvía ayer a subir las escaleras del Palacio de Longoria para participar en la primera junta directiva de la sociedad de derechos de autor celebrada tras la asamblea general del pasado junio.

El músico canario dejó la casa hace ocho años cuando la Guardia Civil le detuvo en el marco de la Operación Saga, acusado de apropiación indebida o, alternativamente, de administración desleal, delito. El fiscal pidió entonces para él condena de siete años, aunque aún no hay fecha fijada para el juicio.

En esas circunstancias regresa Bautista al máximo órgano rector de la SGAE, tras aceptar sustituir al músico Fernando Illán, que había presentado su dimisión el pasado mes de junio. Aunque algunos les resultaba insólito, no eran pocos los miembros de la SGAE que clamaban por el regreso del canario para poner un poco de orden en la casa,

Nacido en Las Palmas de Gran Canarias en 1943, Teddy Bautista fue el creador y alma máter del grupo musical Los Canarios (1964-1974), formación que acabó experimentando con el rock progresivo. Concluida esa aventura, afrontó la versión española del éxito internacional Jesucristo Superstar, donde además de interpretar a Judas Iscariote, el exCanarios se hizo cargo de las orquestaciones, la dirección de los coros y fue uno de los tres productores del doble álbum.

Irónicamente, con aquel triunfo se retiró de la escena musical (con algún escarceo aislado más). El músico se reinventó entonces en gestor, y ya en 1977 se incorporó a la SGAE como miembro de su Junta Directiva, para pasar en 1983 a ocupar el cargo de vicepresidente. En él seguiría hasta su elección, en 1995, como presidente del Consejo de Dirección.

Es en esa época cuando la nueva regulación otorgó a la SGAE un singular poder a la hora de recaudar los derechos de autor de sus asociados. Y cuanto mayor era la influencia impuesta por Bautista, más iba ganándose esta institución la enemistad popular. El desencuentro social llegó a su cénit con la aprobación, en 2003 (con Pilar del Castillo como ministra de Cultura), del primer canon digital, una tasa aplicada a todo soporte susceptible de ser utilizado para realizar copias privadas. Daba igual si ese CD o DVD iba a ser empleado para grabar un trabajo de instituto o el balance de cuentas de una multinacional: Teddy Bautista consiguió que el Gobierno pasara por alto el concepto de presunción de inocencia en este sentido. Cuatro años después (con César Antonio Molina en Cultura), la tasa recaudatoria alcanzó a las grabadoras de CD+DVD, los teléfonos móviles, los reproductores de MP3 y MP4 y las PDA.

Tras numerosas protestas sociales y un tirón de orejas desde Europa, donde advirtieron que el canon era “ilegal e incompatible” con la legislación comunitaria, el 12 de julio de 2011, ya con Mariano Rajoy en Moncloa y José Ignacio Wert en Cultura, el Congreso decidió liquidar el Canon con 331 votos a favor y 2 abstenciones. Desde la entidad de derechos de autor, y sobre todo de su poderoso presidente, apenas hubo manifestaciones al respecto. Tal vez porque once días antes de la votación en el Congreso, la Guardia Civil había detenido a Teddy Bautista y a otros ocho miembros de la SGAE por el presunto desvío de fondos a empresas privadas pertenecientes a miembros de la Junta Directiva. Comenzaba entonces el viaje sin retorno de la sociedad de autores hacia un porvenir cada vez más pantanoso.

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