Foto: Asys Ayerbe.

Rey de la postmovida, autor de la mítica e inolvidable HISTORIAS DEL KRONEN, finalista del Nadal, ganador del penúltimo (por el momento, esperemos) Ateneo de Sevilla, Mañas no para, y para demostrarlo está EL HISPANO, la novela que acaba de sacar con Arzalia Ediciones, la editorial dirigida por Ricardo Artola, otro de los personajes más interesantes del Circo Literario, como lo llama mi amigo Rojo Lago. La edición es una maravilla, y la novela, por supuesto, también. Desde Diario16 la recomendamos y aplaudimos: a ningún amante del género histórico defraudará. Y para celebrarlo, hemos entrevistado al autor.

Empezamos.

En tiempos de pandemia a la gente le cuesta imaginar lo que hacemos los escritores. ¿Cómo lo llevas tú?

Tan mal como casi todos. Supuestamente, las condiciones de confinamiento serían propicias al consumo de cultura o por lo menos de ficción. Y está claro que ha subido la demanda al menos en el mundo de las series TV. Supongo que se acabará notando. Hay quien habrá descubierto durante el confinamiento las series y raro es que se dé ahora de baja en una plataforma si le gustó la experiencia. En ese caso, a medio plazo debería ser algo positivo. Sin embargo la literatura sigue siendo un producto minoritario que compite por el tiempo libre con alternativas muy potentes. A nivel de ficción las series TV, grandes productos cronófagos, parasitan la mayor parte del tiempo libre de que disponemos, aquel que podríamos dedicar a la lectura. Fuera de esa franja nocturna están las redes sociales, por supuesto, que acaparan una cantidad de tiempo siempre creciente. Entre una cosa y otra el tiempo de lectura se reduce a un cuartito de hora, media hora como mucho, antes de acostarse. Y por ese tiempo mínimo estamos compitiendo todos los escritores. Las condiciones de producción han empeorado en consecuencia. Está claro que algo tiene que cambiar pero no sabemos qué. En fin, pasemos a otra pregunta.

¿Por qué, justo ahora te vas al siglo II a.C? ¿Por qué, tú que eres un escritor realista, no has continuado explorando el presente?

Empiezo por lo segundo. Soy una persona de reflejos lentos. Por el momento estoy todavía integrando lo sucedido. Hay quien se lanza a bote pronto a escribir sobre lo que sucede. Yo prefiero esperar hasta haber visto y entendido bien las consecuencias de lo que está pasando. Por el momento estoy más bien confuso y desconcertado. De modo que prefiero observar, reflexionar. Mientras tanto, la realidad cotidiana es tan desagradable que a mí me resulta liberador escribir sobre la época de los romanos. Ha sido mi manera de escapar a la pandemia y una manera de aprovechar el tiempo extra que me garantiza el confinamiento. Estoy teniendo tiempo para ser productivo.

Me pones la siguiente pregunta en bandeja. Llevas unos años produciendo a un nivel altísimo. En muy poco tiempo has publicado Conquistadores, Extraños en el paraíso, La última juerga. ¿Es una tendencia ese incremento de la productividad?

Supongo que voy alcanzando la madurez, ja ja, y que manejo cada vez mejor los mecanismos de la ficción. Al mismo tiempo tiene algo de huida hacia adelante. Para sobrevivir en la jungla editorial actual hay que ser productivo. No se puede ya vivir de publicar una novela cara tres años. Una por año es lo mínimo hoy en día.

¿Qué diferencias hay entre El hispano y Conquistadores de lo imposible o Alejandro Magno y el secreto del oráculo, tus dos anteriores novelas históricas?

El hispano es claramente una prolongación de la veta histórica que abrí con aquellas novelas y que complementé con el folletón Vísperas del 36, sobre la Guerra Civil, que publiqué en el 2016 en el diario El Español. Comparada con las dos novelas que citas –Vísperas no llega a ser ficción, es un producto distinto- la principal diferencia es que quería ubicar mi relato en un lugar cercano, accesible, visitable. Con la campaña de Alejandro Magno y la Conquista de América me vi obligado a recrear muchas escenas en geografías que no conocía bien, en países y continentes lejanos. Eso me produjo cierta frustración. Aquí, al narrar la caída de Numancia, he podido ir a Soria. Me he dado el gustado de pisar el terreno en el que estuvo la ciudad celtíbera y los siete campamentos de Escipión, y también he visitado Tiermes para recrear la Termancia histórica. Eso me gusta cada vez más. Me gusta hacer mis localizaciones. Me ayuda a visualizar las escenas.

Otra cosa en la que insistes es en el localismo.

Me siento muy identificado con la frase de Tchejov: “Si quieres ser universal, háblame de tu pueblo”. Me parece que la mayor parte de las grandes obras están escritas por autores que nos hablan de una realidad inmediata que conocen perfectamente. Cervantes, Jane Austen, Emily Bronte, Arthur Conan Doyle, Lampedusa, Vázquez Montalbán. Todos escriben sobre lo que más conocen. Gracias a ellos nos hemos enamorado de la Mancha, la Inglaterra rural del siglo XIX, los páramos de Yorkshire, Londres, Sicilia o Barcelona. Creo que cuanto más focaliza uno en lo que tiene delante más probabilidades tienes de ser capaz de producir una ficción de calidad. La diferencia, para mí, de las novelas de Vázquez Montalbán ubicadas en Barcelona, donde está claro que conoce todo sobre sus protagonistas, y aquellas en las que Carvalho sale a Madrid, por ejemplo, o a Asia, es abismal. Estoy convencido de que solo se puede ser realmente bueno siendo local.       

¿Idris es un héroe local?

Me gustaría adscribirlo a la genealogía de grandes héroes autóctonos españoles. Pienso en el Lazarillo, un personaje españolísimo maravilloso, El Jabato o el Capitán Trueno, que me acompañaron en mi infancia, en Curro Jiménez, en Carvalho o el Capitán Alatriste. Idris es alguien descreído y solitario, complejo, desclasado pero con raíces muy determinadas, que va a evolucionar en la Hispania del siglo II a.C y se verá enfrentado a todos los personajes que pululan en la órbita de la República romana. Después de la caída de Numancia, me gustaría llevarlo a Roma.

Leyéndolo, da la impresión de que ya tienes en mente una secuela. ¿Es así?

No. La novela es totalmente independiente y ese final, llegando a Roma, es el que me parecía más adecuado. Evidentemente, me gustaría hacer una serie de novelas siguiendo al personaje, porque pienso que se lo merece. Pero no es algo imprescindible. Podría acabarse aquí y sería una novela muy redonda. El cierre es bueno. La ilusión que tengo, aun así, es escribirle una segunda parte en algún momento. Aunque eso dependerá, desde luego, de la acogida. Los lectores mandan en este asunto.    

Pues en ese caso te deseamos mucha suerte desde Diario 16 con El hispano. Esperamos que tenga un éxito de ventas. Muchas gracias por tu tiempo, José Ángel.

Muchas gracias a vosotros. Hasta la próxima.

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