En los próximos años el nombre de Pedro Sánchez Castejón será, sin lugar a dudas, uno de los más empleados en los juegos de mesa o concursos de televisión. Y es que, a día de hoy, ya es uno de los presidentes del gobierno y del PSOE más mediáticos sin, apenas, haber ejercido un mandato completo o ejecutado políticas determinantes sino, más bien, por las disputas internas e investiduras fallidas que han dejado al partido en una irreconocible situación de desnortamiento.

Esta situación ya fue vista por un “elemento” tan importante para el PSOE como Alfonso Guerra (hay quienes lo ubican fuera por su discurso pese a que siempre ha sido así y nadie mejor que él ha representado al partido), quién señaló, durante la presentación de su último libro “La España en la que creo”, su disconformidad con la forma de gestionar de Pedro y su equipo a través de una simple e inicial pregunta: ¿hay alguien ahí?.

El valor del posicionamiento de Alfonso Guerra no estriba tanto en las formas o contenido del mismo, sino en que éste y otros tantos barones (aquellos que lo echaron), saben a la perfección cuál es la función del PSOE gane o pierda las elecciones: dejar pasar a Rajoy; aplicar el 155 en Catalunya; ejecutar recortes y reformas laborales; y aislar o anular a otras organizaciones políticas que vengan por la izquierda. En ese sentido, para Felipe González (otro referente), la clave del éxito estaría en “buscar el centro y no los extremos”, en una clara alusión a la orientación progresista que Pedro habría dado al partido.

Empero, la clave del éxito de Pedro, lo que le valió para ganar –de nuevo– la secretaría del partido; volver al Congreso como Presidente (gracias a la primera moción de censura con éxito del régimen parlamentario actual); y hacer ganar a su partido (tras más de una década), unas Elecciones Generales con las que además ponían freno al avance del bloque conservador y ultraderechista; fue el “girito” progresista.

Esto dio lugar a un PSOE que parecían estar más en sintonía con Unidas Podemos que con los partidos adeptos al régimen pese a que, durante el desarrollo de la última campaña electoral, Pedro comenzó a mostrar ciertas distancias respecto a Pablo Iglesias en la misma medida y proporción en la que, este último, manifestaba el deseo de formar gobierno con Sánchez.

Sea como fuere, y dado que partidos como PP o Ciudadanos le habían dado la espalda durante la campaña y tras el resultado electoral, Pedro parecía estar más que nunca “condenado” a entenderse con Unidas Podemos. Pero, a última hora, el PSOE vuelve a posicionarse como ataño, es decir, olvida la senda progresista (la misma que a la postre le hubiese llevado a una crítica rupturista con su pasado), para convertirse, otra vez, en el partido del régimen que solicita el rescate de las derechas y los conservadores.

En la base de este fenómeno bipolar se encuentra un “líder” que ha mostrado, finalmente, no ser un aspirante a socialdemócrata que parte del socialiberalismo, sino más bien, un hombre de partido (criado y domesticado como Susana Díaz), que encontró en su ego y aspiraciones de ser Presidente la tabla de salvación para rebelarse, y tomar el poder de forma oportuna, bajo una bandera progresista que representaba lo opuesto a los barones. Además, Sánchez se ha rodeado de un grupo de profesionales de la política (Carmen Calvo, Josep Borrell o María Jesús Montero), que también asían su pequeña cuota de protagonismo y poder.

En estas circunstancias nos encontramos, a día de hoy, un PSOE que tiene poco de partido estable y sí mucho de “Manicomio de los Daleks”. Es decir, está habitado por seres que ha perdido su norte o yo empírico (como diría José Luis Cuerda); quedando, por mor de ello, perdidos y sin capacidad de dar el salto a otra dimensión política (mejorando lo existente) o volver a recuperar su ser y destino (consolidar el régimen).

Entonces ¿cuál es el posicionamiento político real del PSOE y Pedro Sánchez? Ni quiere ser el viejo partido del régimen, pues parece marcar distancias con PP y Ciudadanos (cosa que sus líderes no entienden); ni da el paso para arrimarse a posturas progresistas y reformistas que le ofrece Unidas Podemos. El desnortado PSOE de Pedro Sánchez debe reflexionar y romper con su pasado negociando un gobierno/investidura con Unidas Podemos o convocar elecciones bajo el discurso y lema del viejo partido. Lo que sea, pero ya.

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2 Comentarios

  1. Sánchez nunca quiso el pacto con podemos cuando empieza a poner excusas sebeia benir. Primero gente afines a podemos después gente cualificada luego técnicos cualificados y laginda que colmó el vaso el escollo hera PABIO IGLESIAS PEDRO si desde un pricipio hubieras sido sincero y hubieras dicho con PODEMOS no pacto estaría mejor

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