Una reciente encuesta de Latino-barómetro presentó con mucha crudeza la enorme desconfianza de la sociedad dominicana en el sistema tradicional de partidos, al extremo que solo el 14% encuestado confía en esos aparatos clientelares y/o empresas que operan la política convertida en negocio altamente lucrativo.

Igual pasa con el Congreso: solo un 14% confía en ese mercado de la corrupción.

El gobierno solo cuenta con un 20% de credibilidad y los empresarios con un 30 %.

Hablo de una firma encuestadora que sirve al poder constituido a escala continental, pero que le haría mucho daño esconder una realidad tan desfavorable para la dictadura constitucional corrupta disfrazada de democracia que impera en este país caribeño.

Estos datos y otros parecidos -registrados en otras encuestas- son reveladores de una profunda crisis de legitimidad de las instituciones vigentes y de quienes las administran.

DOS PAÍSES

En términos de la Nación existente podría afirmarse que ese es el país real, ya percibido por la mayoría de la sociedad dominicana.

Otro es el país que nos presentan cada día las grandes cadenas de comunicación, hacedores de imágenes acomodaticias, empresarios inescrupulosos, capos políticos y jefes militares, beneficiarios de la dinámica corrupción-impunidad, explotación y sobre-explotación, abuso de poder y disfrute de poder…

Pasa igual con lo económico-social, especialmente con el acceso a los servicios vitales y condiciones de existencia del conjunto de los seres humanos.

Dos países diametralmente distintos.

En cada ciudad o provincia una “pequeña New York” coexiste con los barrios empobrecidos.

Elites enriquecidas al vapor y una camada de nuevos súper-ricos contrastan con un volumen impresionante de jóvenes sin empleo y sin posibilidades de estudiar y con enormes contingentes de desempleados y subempleados, que aunque las estadísticas oficiales los saquen de la pobreza, la realidad los mete.

NUEVAS EVIDENCIAS DE LA DECADENCIA PARTIDOCRATICA

Recientemente la Encuesta Mark-Penn-Staquel nos trae estos datos referidos al actual momento pre-electoral, signado por un desbordamiento de las prácticas clientelistas:

  • La juventud entre los 18 y 24 años, en un 62%, no quiere saber de los partidos dominantes.
  • El 49% de la población electoral no está inscrita en partido y habrá que ver qué porcentaje de los inscritos los asume y los defiende.
  • Al Partido de la Liberación Dominicana-PLD (gubernamental) solo lo apoya un 27%.
  • Al Partido Revolucionario Moderno-PRM (principal de la oposición) un 18%.
  • Al Partido Revolucionario Dominicano-PRD (aliado del PLD) y al Partido Reformista Socialcristiano-PRSC (también de oposición) un 2%.
  • Para el 70% ahora hay más corrupción que antes y más del 70% dice que esto va por mal o muy mal camino.
  • El 27 del PLD se divide por la mitad entre dos facciones (la del ex-presidente Leonel Fernández y la del actual Presidente Danilo Medina que postuló al ministro Gonzalo Castillo..
  • El 18% del PRM se reparte en dos facciones, una parte grande para candidato Luis Abinader y una chiquita para ex-presidente Hipólito Mejía.

Los sobrecitos con dinero por millones, dadivas, sobornos, repartos humillantes, formulas y ofertas que manipulan miserias, ignorancias y degradaciones… forman parte de los cuidados intensivos que mantienen con vida un sistema de partidos gravemente enfermo y a una institucionalidad decadente.

Esas prácticas, sin embargo, reducen la participación electoral a una clientela conformada como conglomerado manipulable, alienado y necesitado en extremo de medios de vida, que sobrevive recibiendo las boronas de la corrupción. Y esa realidad ha determinado, que en las recientes elecciones primarias realizadas el pasado domingo, el nivel de abstención en un universo de votantes de unos 8.7 millones la abstención supere el 70%.

Pero la opinión se moldea para reemplazar la realidad y darle connotación de “fiesta de la democracia” a un proceso viciado que reduce lo electoral a lo clientelar y la política a negocio corrompido… hasta provocar asco en una gran parte de la sociedad.

Los detentadores del poder no quieren ver que son más cada día quienes se inclinan por un cambio radical y en verdad se están jugando con candela.

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