El coronavirus ha llegado a España y ha activado todos los protocolos de emergencia sanitaria. De momento, el Gobierno está gestionando el brote infeccioso como un problema de salud pública, pero los diferentes sectores económicos ya están echando cuentas para analizar el impacto que tendrá la epidemia a corto plazo. Las primeras estimaciones, sin caer en el alarmismo, son pesimistas, sobre todo para el sector turístico, la pieza angular de la economía española.

El caso del hotel de Tenerife en el que más de mil turistas continúan aislados, en cuarentena, para evitar posibles contagios, ha causado una honda preocupación entre los responsables del gremio de la hostelería. Como también es una mala noticia que algunos grandes cruceros hayan sido inmovilizados en puerto para aislar al pasaje. El pánico se extiende por todo el mundo, las pernoctaciones en hoteles empiezan a cancelarse, los vuelos de las principales compañías aéreas han caído en picado en las últimas semanas y los expertos auguran que este verano será uno de los peores de los últimos años. España es la segunda potencia turística del mundo, por detrás de Francia, hasta tal punto que el turismo extranjero representa el 7% del producto interior bruto (PIB) español. Solo en 2018 nuestro país facturó 70.000 millones de euros por ingresos en divisas extranjeras y aunque nos encontrábamos en una “buena racha”, los directivos del sector temen que todo lo que se ha sembrado en los últimos años pueda venirse abajo en apenas unas semanas.

Aunque todavía es pronto para adelantar estimaciones oficiales sobre posibles pérdidas, se sospecha que pueden ser cuantiosas. Al coronavirus hay que unir los efectos devastadores que los últimos temporales, los más fuertes de los últimos años, han ocasionado en nuestras playas y costas. Antes de estallar la crisis del coronavirus ya se temía que el sector turístico no llegara a tiempo para reparar los daños por la gota fría antes de Semana Santa, de modo que al desastre que ha supuesto la meteorología adversa se une ahora un incidente epidemiológico grave y de desarrollo incierto cuyo desenlace final aún no se sabe cuál será. Y además están los efectos económicos y psicológicos del reciente Brexit, que sin duda también se sumarán a la mala situación general. Es decir, una tormenta perfecta que hace temer a los profesionales del sector que la temporada esté irremediablemente perdida.

El sector turístico se mueve por los impulsos y deseos de los turistas, instintos poco racionales que tienen que ver con factores estratégicos como la situación económica y política mundial, las modas y la emocionalidad. El miedo al contagio (aunque exagerado, como demuestra el agotamiento de las mascarillas en las farmacias) retraerá sin duda a los turistas, en este caso franceses, italianos, alemanes, británicos, estadounidenses, chinos y japoneses, ese grupo selecto que con preferencia opta por España como destino para pasar sus vacaciones de primavera y verano. Solo un dato: en Madrid, los viajeros procedentes del gigante asiático aumentaron un 25 por ciento en el último año. El cierre de fronteras ordenado por el régimen de Pekín y el confinamiento de millones de personas en sus casas repercutirá negativamente (ya lo está haciendo), en las cifras turísticas españolas.

Expertos del Instituto Elcano aseguran que la clave “está en cuánto va a durar la situación”, aunque hay que asumir que “irá a peor en Europa”, aunque en China “parece que ya se está controlando”. Según las estimaciones de este centro de análisis sobre asuntos internaciones, lo normal es que el turismo y el sector de las líneas aéreas se vean “muy afectados”, que el precio del petróleo se dispare y que haya “un frenazo en el consumo”, pero las consecuencias finales dependerán en buena medida de si el episodio epidemiológico es breve o no. Si lo es, “no tendrá efecto a lo largo del año”. En cualquier caso, y aunque es pronto para saber en qué escenario nos movemos, teniendo en cuenta que no existen precedente de una crisis sanitaria de este calibre, la sombra de la recesión asoma en el horizonte. De momento, la Bolsas españolas han abierto esta mañana con fuertes pérdidas, casi en caída libre, al igual que las del resto del mundo.

Un sector “termómetro” de la economía como es el de la estiba ya ha cifrado las pérdidas en el tráfico portuario, si el parón de la economía china persiste, en un 30%. Y según Reportur, el principal portal turístico mexicano, “el coronavirus ha convulsionado a la industria turística mundial, con las grandes cadenas hoteleras y plataformas digitales como Booking viéndose obligadas a cancelar las reservas en el país asiático, mientras las aerolíneas se han destacado entre los sectores más damnificados, mostrando síntomas de una posible crisis turística por primera vez en mucho tiempo”.

De momento se impone la cautela, el mensaje de calma lanzado desde el Gobierno, que cree que no hay motivos para la alarma, sobre todo teniendo en cuenta que el coronavirus presenta un índice mínimo de mortalidad en comparación con las 6.000 muertes por gripe común que se registraron en España el pasado año. Pero los datos preocupantes sobre número de muertos que nos llegan de China nos dicen que vienen malos tiempos para el sector turístico, el principal motor de la economía española.

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