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El coronavirus juega a favor de Trump en su guerra comercial contra China

La economía del gigante asiático podría entrar en recesión en los próximos meses mientras la norteamericana previsiblemente remontará el vuelo tras el estallido del Covid-19

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El coronavirus no solo está resultando letal para el ser humano; también para la economía mundial. Y, como siempre, a río revuelto ganancia de pescadores, nunca mejor dicho si tenemos en cuenta que el brote de Covid-19 se declaró en un mercadillo de compraventa de marisco chino y otras especies exóticas. En este caso, el pescador que más provecho está logrando con la extraña pandemia tiene un nombre propio: Donald Trump. El índice bursátil Dow Jones se ha mostrado especialmente sensiblemente y con cada nuevo balance de muertos en Wuhan la Bolsa estadounidense se dispara o cierra con pérdidas. Así funcionan las cosas en esta guerra comercial de boicots y virus desencadenada entre ambas superpotencias: cuando a una le va mal, la otra crece. Y viceversa.

No en vano, Trump se ha mostrado especialmente eufórico en los últimos días de pandemia, tal como se deduce de sus disparatados mensajes en Twitter. “El mercado de valores ha alcanzado un nuevo máximo, el 144 de mi presidencia”, aseguraba hace apenas unas horas. Todos los analistas económicos cuentan ya en sus crónicas de hoy que “el bicho” chino está siendo el mejor bróker para la economía norteamericana. La primera gran batalla que los yanquis han ganado en esta guerra sin bombas donde las armas son psicológicas y también biológicas se libró en el Mobile World Congress de Barcelona. Trump se mostró pletórico tras enterarse de que las principales multinacionales de la telecomunicación decidían no acudir al salón de la Ciudad Condal por miedo al contagio. A las deserciones en masa del lado asiático se sucedieron las occidentales, de tal manera que la suspensión del evento ha sido un fiasco para la economía catalana y española pero toda una victoria para la Administración Trump, que ya ha advertido a Europa de que deberá reforzar la guerra comercial contra el Gobierno de Pekín si desea seguir siendo aliada de los Estados Unidos de América.

Con la economía norteamericana viento en popa, el revés del coronavirus supone un frenazo a las exportaciones y al crecimiento industrial del gigante asiático. Los rumores de que el germen patógeno ha podido salir de un laboratorio de Wuhan, incluso de que agentes de la CIA y los servicios secretos podrían estar implicados, no se sustenta de momento en ninguna prueba consistente y son solo bulos y basura informativa alimentada por las redes sociales. Sin embargo, ya no cabe la menor duda de que el coronavirus ha sido una bomba nuclear en el corazón de China, que controla el 75 por ciento del mercado de telefonía móvil en todo el mundo. El principal perjudicado es, como no, Huawei, que en los últimos años se ha merendado el sector de las telecomunicaciones ante el estupor de empresas líderes como Apple, Amazon o Microsoft. Las pérdidas de Huawei a causa de la pandemia pueden ser monstruosas, arrastrando al resto de la economía china a la recesión.

Hasta ahora, la guerra comercial declarada por Trump no estaba siendo precisamente ganada por los norteamericanos y el mal de Wuhan ha supuesto un importante balón de oxígeno para elevar los índices de popularidad del presidente tras su proceso de “impeachment” (del que finalmente salió airoso) y los últimos malos datos sobre déficit público cosechados por su Administración. En las últimas semanas la sombra de la recesión acechaba peligrosamente en el horizonte, como prueba un reciente informe del Departamento de Trabajo en Washington, que hace unos días aseguró que las grandes empresas norteamericanas han perdido 12.000 empleos por segundo mes consecutivo tras meses de expansión imparable. En ese contexto de preocupación y miedo ante una nueva crisis irrumpió, justo a tiempo, el coronavirus, que no solo ha supuesto una grave amenaza para la salud de la humanidad sino también para las relaciones económicas internacionales.

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“Estamos vigilando muy de cerca la emergencia del coronavirus, que puede llevar a una disrupción en China y a una afectación del resto de la economía mundial”, aseguran fuentes de la Casa Blanca. Los economistas americanos advierten de que los objetivos económicos a corto plazo de Estados Unidos deben ser revisados tras la aparición de la epidemia mientras las previsiones del departamento del Tesoro, que auguraba un crecimiento del PIB del país de hasta el 4%, se sitúa ahora en el 2,8%. El miedo se propaga por los despachos de Washington y Wall Street pero alguien sigue mostrándose más cauto y confiado que nunca: el presidente Trump, quien quizá a estas horas esté fumándose un puro, con los pies encima de la mesa, en el Despacho Oval. Eso sí, sin dejar de darle al Twitter. Hace apenas un par de días el magnate neoyorquino llegó a sugerir: “Por cierto, y en teoría, parece que en abril, cuando haga un poco más de calor, el virus desaparece milagrosamente”. El hombre más poderoso del mundo es capaz de jugar a pitoniso, a hombre del tiempo y a avezado científico experto en virología, todo en una. Pero ¿cómo puede estar tan seguro de que el coronavirus se difuminará con el calor? ¿Acaso tiene informes secretos sobre la estructura y composición genómica del que se ha convertido en enemigo público número 1 de la humanidad, según la OMS? ¿O es que a fin de cuentas el temido germen no anda tan lejos de los despachos del Pentágono?

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