El agricultor español está obligado a jugar desde hace ya mucho tiempo en un liga, un único mercado, pero en la que participan otros equipos a los que se les permite actuar con reglas ventajosas lo que les beneficia y hace que se incremente su competitividad. No es una situación que se pudiera calificar  de competencia en un mercado porque algunos países que son grandes productores agrícolas cuentan con ventajas que vulneran, precisamente, los principios en los que se basa la competencia. Calidad, servicio y precio son tres de los elementos que conforman la natural pugna por un mercado.

Pero para el campo español las condiciones en las que se ve obligado a trabajar hacen que necesite un mayor hacer un esfuerzo de todo tipo, incluido en el capítulo de precios.

Veamos: si juntamos la subida de Salario Mínimo Interprofesional (SMI) a 950€, la nueva Política Agraria Común de la Unión Europea y ahora, encima, el Brexit y los aranceles de Estados Unidos, además del contumaz veto de Rusia y los nuevos acuerdos MERCOSUR, o la cerrazón de China, conforman una mochila que hace que el salir a cultivar cada día sea más pesado y penoso. Y en todo ello, nuestros agricultores nada han tenido que ver, que tiene narices.

Por capítulos: En Marruecos un jornal en el campo se paga a 5 euros, en España a 69, de media, y esa diferencia va directamente al precio del producto. Otra mas: determinados productos para uso agrícola, como insecticidas y fitosanitarios, prohibidos en la Unión Europea, se utilizan en Marruecos, Argelia o Túnez, que tienen como principal mercado de sus frutas y hortalizas Europa. La UE ha concedido a esos países un plazo de tres años para eliminar la utilización de dichos productos, muchos de ellos fabricados en la UE. El círculo viciosa diabólico.

El veto ruso ha supuesto el dejar de exportar 240.000 toneladas de fruta, la mayoría con hueso.

Estados Unidos impone un arancel del 25% a las exportaciones de aceite de oliva, al que enviamos 60.000 toneladas más otras casi 100.000 que nos compran otros países para vender a su vez a ese país norteamericano.

¿Precios justos?

El campo pide precios justos, pero ¿quién los debe o puede establecer? Ahora el precio lo marca el comprador nacional o el importador que, lógicamente, barre para casa ante un proveedor muy fraccionado que encima compite entre sí además de contra la agricultura de fuera.

Desde el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) se ha propuesto reformar la Ley de la Cadena Alimentaria para tratar de corregir el hecho de que el agricultor sea siempre el que pierde ante la gran distribución o la industria de transformación, pero una actuación de este tipo intervienen todos los actores, los perjudicados y los beneficiados. Además de los partidos, otras asociaciones, comunidades autónomas lo que provoca un lío en el que volverán a ganar los más fuertes, como siempre.

Una posibilidad: huelga del campo, suspender el suministro de producto por un tiempo. Con lo que se ofrece desde fuera hay género de sobra en el mercado.

Con lo que lo único que queda son las ayudas y subvenciones que a Washington ya se sabe que le producen dolores fuertes, aunque ellos, en su proteccionista país, las practiquen.

Lo que aporta el campo

Del campo no solo vienen frutas y hortalizas, tan necesarias para la alimentación humana. Junto con la ganadería, estabiliza el mundo rural, le asegura su continuidad ofreciendo la posibilidad de retener población frente a la amenaza de la “España vacía” y mueve una importante industria de transformación alimentaria, de insumos, transporte y distribución. Solo el sector primario español, agricultura, ganadería, pesca y selvicultura aportaron en 2017 el 2,7% al Producto Interior Bruto (PIB). Si añadimos el aporte de la industria agroalimentaria, 2,5% y las actividades indirectas vinculadas, suman el 10% del PIB. Más que la industria automovilística y cerca del Turismo, primer sector en aportar. Más, lo que llega de las exportaciones fuera de la Unión Europea.

Por todo esto, el problema del mundo rural en España no es, solo y exclusivamente de precios de los productos agrícolas y ganaderos.

Alcanza a la estabilidad y estructura del propio país, de su sociedad y de su futuro.

Se tiene que atender esta situación porque si no podemos ver como la “España vacíada” comienza a amenazar la vida de las ciudades españolas cuando el mundo agropecuario deje de estar amenazado porque, simplemente, no exista. Y entonces, que busquen soluciones o también pueden crear otro ministerio. Que mas da.

El mercado se desarrolla con comodidad cuando se encuentra entre normas que el mismo crea y se inquieta cuando alguien externo le mete mano y le altera el equilibrio.

Cuando interviene tal cantidad de elementos propios y ajenos el natural de las cosas se altera irremediablemente.

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1 Comentario

  1. Desgraciadamente nos empujan a emular Francia. Si no se rompen cosas, se queman contenedores o, se llena la calle de gritos y empujones, no hace caso del trabajador que da de comer a las ciudades, mantienen el campo, para todos, previene incendios y da seguridad a los caminos… Y, eso lo pagan con el desprecio de los humanos del campo.Sometidos a los caprichos americanos, amenazados por competidores prepotentes y, usados como moneda de cambio.Trompo nos roba, Trompo nos impide comerciar con Rusia, nos impide comerciar con Irán y todo aquel que les salga de los cojones. Nosotros, como con franco, a bajarse los pantalones para que el dios del norte no se enfade. Y, recemos para que el energúmeno no le dé por hacenos como con los palestinos y nos traiga a los israelianos, para que nos metan en guetos o campos de exterminio.

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