Sin diálogo y arreglo la situación te arrastra a la imposición y, desde ahí, a la violencia. La derecha y la ultraderecha de este país, que, por desgracia, se van convirtiendo en la misma cosa a medida que pasa el tiempo, buscarán cualquier excusa con tal de, en primer lugar, mantener vivo el conflicto catalán y, en segundo término, utilizar cualquier movimiento para levantar a aquellos ciudadanos y ciudadanas que, de buena fe, anteponen una bandera a la solución de un problema que sólo puede llegar desde el diálogo.

El conflicto catalán es el caldo de cultivo para la extrema derecha y para aquellos partidos conservadores y liberales que están abandonando sus esencias ideológicas para buscar la rentabilidad electoral perdida por la corrupción o por la inoperancia. El nacionalismo extremo es muy atractivo, los discursos de las banderas y de las patrias son demasiado irresistibles como para renunciar a ello y convertirse en El Cid, en Don Pelayo…, o en Franco.

La convocatoria electoral sin fecha realizada por Quim Torra, un político amortizado, provocó que desde Moncloa se hiciera un análisis lógico de cara a iniciar las conversaciones con Cataluña para buscar una solución al conflicto, esto es, aplazar la negociación a la celebración de las elecciones. Sin embargo, y eso hay que reconocerlo, se actuó con precipitación, sobre todo teniendo en cuenta que ERC, el partido que realmente ha apostado por el diálogo y que ya ha reconocido que es inviable la locura de Puigdemont de imponer de manera unilateral una supuesta independencia, es la clave para iniciar ese diálogo.

Sin embargo, el Gobierno se dio cuenta rápidamente de que no se podía aplazar ni un minuto más el inicio de las negociaciones porque, precisamente, Torra no había indicado una fecha concreta y la solución negociada al conflicto catalán es el único modo de resolver la situación actual, por más que les duela a la extrema derecha, a la derecha y a ciertos líderes regionales del PSOE que parecen ser más conservadores que Cayetana Álvarez de Toledo.

El Gobierno de Sánchez acertó modificando su error inicial. El propio Gabriel Rufián dijo que no hubo mala fe ni que el Ejecutivo pretendiera dinamitar el diálogo con Cataluña.

No hay elecciones convocadas en Cataluña y, por tanto, el Ejecutivo, con buen criterio, decidió seguir adelante con la hoja de ruta marcada en el acuerdo con ERC para la investidura.

Sin embargo, desde distintos foros se ha decidido atacar a Sánchez como que cometió un grave error, cuando, en realidad, dio un paso más hacia el inicio de la búsqueda de una solución al conflicto político de Cataluña. Sin embargo, los que tanto critican a Pedro Sánchez por ello son los que, precisamente, siguen instando a la imposición del Estado, por la fuerza si hiciera falta, sobre la política, a la conversión de Barcelona en una nueva Belfast. Eso sí sería un error porque el único modo en que se puede llegar a un consenso en este asunto que tantos odios está generando parte irrenunciablemente del diálogo y no de la imposición o de la violencia del Estado.

Sánchez rectificó una decisión, es cierto, pero no se sometió a ERC, como pretenden transmitir la ultraderecha y las derechas. Una solución dialogada en Cataluña sería el fin del discurso patriotero de los ultras y la muestra de que las respuestas que pretenden dar Casado o Arrimadas eran inútiles. Por esa razón, no pueden permitir que Sánchez lo logre. Sería el fin de sus partidos y de las élites que los sostienen.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre