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Edurne Portela: «La violencia machista es más difícil de identificar que el terrorismo de ETA»

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Formas de estar lejos, la nueva novela de la escritora santurtziarra Edurne Portela, servirá para marcar una línea divisoria entre un antes y un después a la hora de abordar literariamente la violencia de género. Ya lo consiguió en su primera novela, Mejor la ausencia, cuando retrató sin ambages el mundo asfixiante del terrorismo de ETA. Ahora se embarca en un proyecto no menos ambicioso donde el enemigo a retratar es más sinuoso y versátil, más escurridizo aún que el que dispara en la nuca por supuestos motivos políticos.

Formas de estar lejos (Galaxia Gutenberg) ahonda en las simas de la violencia de género a través de su protagonista, Alicia, una mujer vasca que comparte orígenes con Portela y que comienza al unísono relación sentimental y carrera profesional en Estados Unidos. Allí encontrará el infierno.

La violencia, las violencias. Siempre presentes en esta escritora que confirma una trayectoria más que prometedora con su segunda novela.

 

De la violencia de ETA a la que se ejecuta en la intimidad del hogar con armas mucho más sutiles. ¿Por qué ha elegido ahora este tema en su nueva novela?

Siempre me han interesado las distintas formas de violencia. Incluso cuando escribía sobre la violencia política, el terrorismo u otros tipos de violencia no sólo hablaba de la obvia, de las pistolas y las bombas, las torturas o la violencia policial, también me interesaba la violencia del discurso, la violencia social. En mi novela anterior, Mejor la ausencia, aparecía tanto la violencia que se ejercía en la calle como la que se ejercía dentro del hogar y las dos estaban íntimamente relacionadas.

“ESA OTRA VIOLENCIA INVISIBLE PERO QUE TIENE CONSECUENCIAS MUY GRAVES ES MÁS DIFÍCIL DE DESENMASCARAR”

 

¿Podría enumerar algunas diferencias y similitudes entre ambas violencias?

Tanto la violencia del lenguaje, del gesto, de la actitud cotidiana que pretende anular al otro y ejercer un poder sobre él como la violencia de los puños y del maltrato físico responde al mismo tipo de concepción de la mujer como un ser inferior al que hay que mantener bajo el control masculino. Lo que pasa que la violencia física es más visible y está condenada por la ley. Esa otra violencia invisible pero que tiene consecuencias muy graves es más difícil de desenmascarar.

 

¿Es también terrorismo la lacra de la violencia de género?

El terrorismo entendido tradicionalmente responde a una violencia que se organiza ideológicamente y que tiene un brazo armado con sus jerarquías de mando y de actuación. Hay una cabeza en la dirección quien decide los objetivos y las acciones. El machismo que incita a la violencia de género no es terrorista en ese sentido de organización, pero yo creo que es peor que el terrorismo. Al terrorismo (pongamos ETA como ejemplo) se le puede perseguir, acabar con su cúpula, se les puede dar la espalda políticamente para quitarles legitimidad. La violencia machista es más difícil de identificar, su forma de actuar es errática e invisible porque muchas veces ocurre sólo detrás de las paredes del hogar. Lo que sí tienen en común es la construcción del “otro” como alguien inferior y por tanto merecedor del desprecio, la deshumanización y, por último la muerte.

“Al terrorismo (pongamos ETA como ejemplo) se le puede perseguir, acabar con su cúpula, se les puede dar la espalda políticamente para quitarles legitimidad. La violencia machista es más difícil de identificar”

 

El éxito en la sociedad estadounidense es tan importante como lo es crear las pantallas necesarias para que esa misma sociedad no se dé cuenta de que ya no lo tienes y has caído de lleno en un infierno. ¿No lo cree así?

El éxito es, en mi opinión, una forma de mantener a la sociedad como a los burros, con las orejeras y la zanahoria. Que la gente esté muy centrada en conseguir el ‘sueño americano’ y no se preocupe demasiado por los problemas de fondo de esa sociedad: las diferencias brutales de clase, el racismo, el sexismo, la forma en que las comunidades afroamericanas e hispanas están condenados al fracaso por sus orígenes. En fin, el éxito esconde los cuerpos sobre los que se erige.

 

¿Vive aún Estados Unidos anclado en los parámetros y valores de aquel ‘American way of life’ surgido en la década de los sesenta como si de un espejismo se tratara?

Es un país complejo. No creo que se pueda contestar fácilmente a esa pregunta. Lo que Trump intenta vender es un “American Way of Life” algo diferente porque tiene que ver con la nostalgia de un ideal perdido, al que es imposible volver por lo que ha cambiado el mundo durante los último 40 años. Si el “American Way of Life” era una concepción cultural (y por tanto ideológica) de lo que era la vida perfecta (la casa, el coche, los hijos, la seguridad laboral), el “Make America Great Again” pretende volver a esos valores, pero culpando al “otro” de su desaparición y su fracaso.

“TANTO EL TERRORISTA DE ETA COMO EL MACHISTA TIENEN EN COMÚN LA CONSTRUCCIÓN DEL ‘OTRO’ COMO ALGUIEN INFERIOR Y POR TANTO MERECEDOR DEL DESPRECIO”

 

Su novela sirve de ejemplo de cómo hay violencias domésticas mucho más sutiles y dañinas que las que puede provocar un puñetazo, por ejemplo. ¿Les prestamos la suficiente atención para saber detectarlas a tiempo y denunciarlas?

Aunque pase dentro del hogar, no podemos llamar a eso “violencia doméstica”. Es violencia machista que actúa dentro del hogar. Y sí, hay veces que esas formas de violencia no se ven y no se ven por dos motivos: porque están normalizadas y no se entienden como formas de violencia y porque no dejan huellas visibles. También, descontextualizadas pierden fuerza. Por ejemplo, ¿que significa que tu marido lea tu diario? Bueno, igual es simplemente un error, una pequeña muestra de control. Sin embargo, también puede ser una señal de que se están traspasando límites que no se deberían traspasar.

 

El prototipo de maltratador tiene unos parámetros de comportamiento que probablemente solapen el que llevan a cabo otros individuos con métodos incluso aún más dañinos y perversos. ¿Cierto?

Hay gestos que no podríamos señalar como maltrato, pero si estos se acumulan y están destinados a reducir a la otra persona, hacerla más controlable, manejable, anular su voluntad, entonces claro, estamos ante un tipo de maltrato muy dañino y perverso que puede pasar desapercibido.

 

El desarraigo de la protagonista se ve acrecentado cuando se desmorona ese mundo ideal construido con su pareja en un entorno extraño. De ahí quizás el título, Formas de estar lejos, ¿no?

Sí, el título tiene que ver con una lejanía geográfica y la experiencia de la migración de Alicia, pero también con otras formas de lejanía, dentro de la pareja, también con el aislamiento, la soledad, la incomunicación. Todas son formas de estar lejos.

Y Matty, su pareja estadounidense, ¿cómo es?

Eso le dejo a los lectores y las lectoras que lo decidan.

 

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