Díaz Ayuso cree que el Gobierno de Pedro Sánchez no está aportando datos fiables sobre el número total de muertos y contagiados a causa de la pandemia de coronavirus. Sin embargo, según las críticas unánimes de la oposición, es la propia Comunidad de Madrid que ella dirige la que está fallando de forma notable en la transmisión de información exacta y fiable. De modo que, una vez más, la polémica presidenta madrileña incurre en el viejo dicho cervantino de “consejos vendo y para mí no tengo”.

No hay más que echar un vistazo a los titulares de prensa de las últimas semanas para concluir que la gestión de la epidemia en Madrid está siendo un auténtico desastre, probablemente la peor de las 17 comunidades autónomas. Todo el mundo lo está haciendo mejor que ella, hasta el alcalde de la capital, Martínez Almeida, lo cual ya es decir. Desde la polémica por los aviones chinos cargados con material sanitario que desaparecieron durante días sin que nadie en su gabinete fuese capaz de dar una explicación coherente (por momentos los aparatos se dieron por robados en extrañas circunstancias) hasta la funesta gestión del horrible drama de las residencias de ancianos, en las que miles de personas han perdido la vida al enfermar por el covid-19, poco, por no decir nada, ha hecho bien Díaz Ayuso.

Quizá haya sido ese cúmulo de incompetencias garrafales y negligencias varias el que ha llevado a la presidenta de Madrid a cerrar el grifo de las estadísticas, a no ser todo lo transparente que se le debe exigir a un político, a escamotear cifras y a esconder datos, tal como insinuaba esta mañana Àngels Barceló en su programa matutino de la Cadena Ser. Las denuncias de oscurantismo no solo llegan desde los medios de comunicación, también desde la esfera política. En el grupo parlamentario Podemos-Madrid insisten en que Ayuso se niega a facilitarles los datos de fallecidos en residencias de mayores desde la semana pasada, de modo que el último registro es del viernes 27 de marzo. Además, el PSOE ha registrado una solicitud de comparecencia del consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, para “cumplir con la debida transparencia y control” del Ejecutivo autonómico “a partir de una información pública, detallada e institucional”. Así, el portavoz socialista, Ángel Gabilondo, ya ha reclamado a la presidenta regional un balance “institucional y periódico” de la situación y hasta Vox, muleta fundamental en la que se asienta el Gobierno de Díaz Ayuso, le ha pedido que convoque “ruedas de prensa con preguntas de todos los medios de comunicación” porque tienen “derecho a conocer toda la información de primera mano para poder transmitirla a los ciudadanos”.

Parece más que evidente que algo está fallando, por ineptitud o deliberadamente, en Puerta del Sol. A fecha de hoy, en Madrid se han registrado oficialmente 40.469 contagiados, 5.371 fallecidos y 18.410 curados. La tasa de incidencia es del 421,96, una de las más altas del país junto a Castilla La Mancha y La Rioja. Sin embargo, los partidos de la oposición sospechan que las cifras reales pueden ser mucho más elevadas que las oficiales.

En los últimos años la gestión sanitaria en Madrid ha sido caótica y en medio de una pandemia no iba a mejorar. Las agresivas políticas privatizadoras y recortes brutales que se han acometido en la red asistencial pública tenían que pasar factura, en algún momento, a los madrileños. Desgraciadamente, ese momento ha llegado. Los médicos y enfermeras siguen trabajando sin material adecuado, tal como denuncian los sindicatos, y tanto las Urgencias como las Unidades de Cuidados Intensivos están colapsadas por el ingreso de cientos de nuevos contagiados. Pero donde más se nota el fiasco en la dirección política es en la falta de información sobre las residencias regionales de la tercera edad. Quizá cuando la pesadilla haya terminado y se abran las puertas de los hogares de ancianos, la mayoría de ellos privatizados, asistiremos con horror a algo que no nos están contando en este momento.

Sea como fuere, lo único que parece funcionar hoy por hoy en Madrid es la maquinaria propagandística del PP, que cada día suele difundir por redes sociales las fotografías de una presidenta muy bien vestida y maqueada frente al ordenador de su despacho. Es la forma de aparentar que la lideresa está al pie del cañón y que el problema está bajo control. Todo es una farsa. No solo porque el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso es el único que a esta hora no ha sabido o no ha querido poner encima de la mesa una cifra real de muertos y contagiados en los centros sanitarios madrileños, sino porque la imagen de descontrol político es absoluta, tal como demostró el rocambolesco episodio de los aviones extraviados que finalmente aparecieron para respiro de miles de médicos y enfermeras que necesitaban aquel material como agua de mayo.

El secretismo en el Gobierno madrileño es tal que aún no sabemos con exactitud cuántas muertes se han producido por causas naturales y cuántas por acción directa de la pandemia. Y ante ese espectáculo casi tercermundista, la endeble explicación que dio la propia Ayuso a una cadena de radio local fue esta: “Es imposible saberlo a ciencia cierta aunque ahora mismo queramos, porque el problema está en que muchas veces o fallecen en las residencias o cuando ya están de camino al hospital en una situación como la que tenemos ahora, donde los números fluctúan tanto en porcentajes como en altas o en fallecimientos”. Fue en esa misma comparecencia cuando, de forma sonrojante, la presidenta llegó a decir que el número de muertos en residencias de ancianos, solo en el mes de marzo, fue de “3.000, aproximadamente”. Solo le faltó decir aquello de “muerto arriba, muerto abajo”. ¿Pero cómo aproximadamente?, habría que preguntarle a Díaz Ayuso. ¿Es tan difícil que un departamento como el de Política Social lleve una simple contabilidad de las personas que fallecen en esa comunidad autónoma y de atribuir una causa al menos hipotética?

Como era de esperar, la “ligereza” con la que la presidenta aportó esas cifras ambiguas no ha gustado a la oposición, que ha entrado en liza para aclarar el asunto. Curiosamente, todo ha ido a peor desde que la presidenta decidiera retirar las competencias al consejero de Políticas Sociales, Alberto Reyero (de Ciudadanos), para asumir ella misma el control y el mando único de las operaciones a través de la Consejería de Sanidad (gobernada por el PP). Desde ese momento tampoco se puede decir que los hospitales madrileños hayan mejorado la situación de colapso en Urgencias y UCIS. Pero, eso sí, la política informativa está férreamente controlada y las cifras de muertos a buen recaudo. De modo que Ayuso, tan anticomunista como ella misma confiesa ser, parece haber copiado al pie de la letra el modelo chino de gestión del coronavirus que adolece de una total falta de transparencia. Y es que cada día que pasa a la presidenta se le achinan un poco más los ojos. A este paso, y como se alargue la crisis, terminará siendo clavadita a Xi Jinping.  

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