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Desmoche monárquico

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El desmoche es el proceso de poda por el cual se quita, corta, arranca o desgaja la parte superior de algo, dejándolo mocho. Aunque no es un recurso muy aconsejable, se recurre al desmochado para eliminar ramas enfermas o corregir un crecimiento errático de la copa de los árboles.

La conmemoración de los 90 años de la proclamación de la II República ha servido para actualizar muchos aspectos de los valores republicanos y para dar a conocer algunos hechos no muy divulgados que sirvieron para descafeinarla y desacreditarla por aquella derecha monárquica y por los actores económicos a su servicio.

Una vez ganada las elecciones por la derecha de la CEDA tras la proclamación de la República, se llevó a cabo lo que se llamó como “el desmoche municipal”. Los gobernadores civiles nombrados por el nuevo gobierno, apoyados por los terratenientes y caciques de los pueblos, mediante denuncias falsas fueron eliminando a aquellos alcaldes de izquierdas que pretendían poner en marcha el reparto de la tierra que propugnaba la reforma agraria aprobada, entre otras medidas sociales y económicas.

Desde esta humilde tribuna, hemos defendido un irrenunciable republicanismo como forma de estado frente a una monarquía arcaica que procura la Jefatura de Estado por herencia, máxime cuando fue un dictador quien la impuso y hemos denunciado comportamientos impropios de quienes ostentan tan importante magistratura al frente del Estado.

Los valores democráticos republicanos de justicia económica y social con blindaje de la sanidad y educación públicas y en la que las riquezas del país estén al servicio del interés general de manera efectiva, no solo se deben defender o festejar cada 14 de abril. Tampoco nos podemos limitar para reafirmar nuestro compromiso republicano y ponerlo de nuevo en valor a que surja un nuevo escándalo que salpique a cualquier miembro de la realeza. La reivindicación de una República, en la que seamos todos ciudadanos y no súbditos, en la que todos seamos iguales ante la Ley y la Justicia, debe ser constante y diaria.

Si bien con la abdicación, la posterior huida del todavía rey emérito y lo que se va conociendo sobre sus andanzas, la monarquía se auto desmochó en cierto modo. No debemos permitir que lo auto desmochado se recupere gracias a los nostálgicos, acomplejados y aquellos partidos de las dos almas, y de ahí la necesidad de un desmoche monárquico definitivo.

Para llevar a cabo el desmoche monárquico definitivo no hace falta atribuir irregularidades de forma inventada, como hizo la derecha cuando ganó las elecciones generales durante la II República para quitar a incómodos alcaldes de izquierdas, porque las andanzas poco morales y éticas, presuntos y no tan presuntos delitos de corrupción de miembros de la Casa Real, no están en el acervo popular por ser inventados, sino porque han sido demostrados.

Después de todo lo que se conoce y lo que estar por conocer, el desmoche monárquico no es una opción, sino una obligación, aunque sea por una mera cuestión de higiene y salud pública democrática.

Por ello, ante el anuncio emitido a través de los medios de comunicación al servicio de la causa de que el emérito prepara un regreso transitorio a España, no se crean en modo alguno que es para saldar cuenta con la Justicia, sería un buen momento para un desmoche monárquico, no solo para erradicar las ramas grandes o pequeñas enfermas o corregir un crecimiento errático en las mismas, sino más bien para dejarla mocha, en este caso, sin capacidad de crecimiento y reproducción.

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