Acaba de quedarse dormida, al menos es la sensación que tiene, cuando el sol de la hora tercera le da de lleno en la cara y la despierta. El confinamiento ha cambiado sus costumbres. Ya no se levanta de madrugada. Ya no tiene que desayunar deprisa y corriendo para ir a la fábrica a meter cilindros de aluminio en una prensa para que la máquina lo convierta en parte del tapón del depósito de combustible de un coche. Ocho horas cuidando que, en un descuido, la prensa no atrape su mano dejándola como una bandeja de carne picada. Ocho horas por 730 euros que le paga la ETT para la que trabaja. Cuatrocientos veinte euros menos que sus compañeros de la cadena aledaña que son personal de plantilla fija en la empresa para la que trabaja subcontratada.

Se despereza y arrastrando la vida, que le mete plomo en las zapatillas para que las hale desde el parqué flotante, se dirige a la cocina. Por el camino va comprobando que sus hijos duermen aún. Seguramente deberían estar asistiendo a alguna clase virtual, pero un ordenador no da para los tres y desde que se encuentra en esta situación han tenido que reducir considerablemente los gastos por lo que ya no tienen tampoco conexión a internet. Tampoco es que se haya enterado muy bien de cómo han intentando resolver el parón educativo los profes de sus retoños. El único cordón que les queda con el mundo virtual es una tarjeta prepago para móvil de Simyo que por cinco euros le da cinco gigas al mes y la posibilidad de acumular datos no empleados para el mes siguiente. Cuando llega a la cocina, calienta en un cazo un poco de agua al que añadirá una cucharada de malta molida de 0,64 € el paquete de 200 gramos. Hoy no hay nada para acompañar al simulacro de café. Anoche acabaron con el pan comprado por la mañana y las galletas se terminaron hace ya tres días. Luego, cuando termine de desperezarse, se pondrá el chándal y se acercará a la Red Vecinal a ver si hay suerte y le entregan el paquete semanal. Así, cuando se levanten sus hijos, podrán tomar dos galletas cada uno con un vaso de leche en polvo.

Obdulia, madre soltera, con tres retoños de tres parejas distintas, es una mujer independiente que siempre ha vivido influenciada por el yugo de sus padres. Mala estudiante, se quedó embarazada con quince años, más que por desconocimiento de lo que podía pasar al tener sexo sin precaución, por dar un disgusto a doña Perfecta, su madre, a la que le pusieron el nombre como si ya la conocieran de otra vida. Su lucha interna entre su parecer y el que la querían imponer desde la casa materna, ha sido el oráculo bajo el que han girado la mayor parte de las decisiones, erróneas, que ha tomado a lo largo de su vida. A su última pareja, la echó de su casa un mes antes de comenzar el confinamiento cansada de que se bebiera en el bar la mitad del subsidio de desempleo. El 15 de marzo, recibió un WhatsApp del encargado de la ETT, diciéndola que el 16 no fuera a trabajar debido al Estado de Alarma decretado por el gobierno. Según el propio mensaje pasaba a situación de ERTE temporal. Pero han pasado los meses y ella no ha recibido ni un euro del supuesto salario que el gobierno ha establecido para esa circunstancia. En realidad no sabe cuáles es la situación legal en la que se encuentra. Porque tampoco se ha molestado en averiguarlo. Ella confía en los diferentes mensajes recibidos desde su ETT. En ellos le han asegurado que se encuentra en un ERTE temporal. Por algún compañero de los fijos de plantilla de la empresa de componentes para vehículos en la que trabaja, ha conocido que ellos ya han cobrado el mes de marzo y el de abril. También le han dicho que, cuando todo esto acabe, van a despedir a la mitad de los trabajadores fijos, por lo que supone que los de las ETTs irán por el mismo camino.

Obdulia es una de las personas que pagaron con su trabajo y condiciones la crisis del 2008. Empleada como auxiliar administrativo en una pequeña empresa de construcción, era una de los pocos mileuristas que podían presumir de serlo antes del crac del ladrillo. Perdió su trabajo en el 2013. Desde entonces lleva encadenando paro y subsidios familiares con contratos de miseria a través de una ETT. Igual trabaja de limpiadora, que de carretillera, que, como antes de la pandemia, en una cadena de montaje. La precariedad le ha cambiado el carácter y le está amargando la vida. 

Antes de quitarse la camiseta que le sirve de pijama y ponerse el chándal de tejido Knit amarillo (en la etiqueta pone toxic yellow), vuelve a controlar a sus hijos. Siguen dormidos. Es lo normal después de subir de la calle a las dos de la mañana. Obdulia no cree que a los chavales les pase nada, así que, a pesar del virus, de la cuarentena y de la Fase 0, sus hijos, como no tienen que estudiar (tampoco es que haya hecho nada por buscar una solución), están más tiempo en la calle que en casa. Es un barrio tranquilo dónde la policía no suele acercarse y mejor en la calle que peleándose entre ellos, en el salón de casa, por el mando de la TV.

Cuando vuelve del local de la Asociación de Vecinos dónde ha recogido la cesta de ayuda semanal con leche en polvo, arroz, garbanzos, galletas, aceite y un vale para que pueda comprar fruta, verduras, pollo y huevos frescos, se encuentra con una caravana de coches, todos con la bandera de España, muchas de ellas franquistas. Obdulia, deja las bolsas en el suelo, y aplaude a la procesión al grito de ¡Sánchez, dimisión!


Déjà vu

«Este movimiento es de hombres. El que no sienta la masculinidad completamente caracterizada, que espere en un rincón sin perturbar los días buenos que para la patria preparamos»

Primo de Rivera, 13 de septiembre de 1923

Siempre hemos oído aquello de que la historia es cíclica y que el ser humano es el único capaz de tropezar en la misma piedra varias veces.

Repasando la historia de este país, me asusta la similitud entre la situación actual y la España de los alrededores de 1918. En aquellos años, la primera guerra mundial y la “neutralidad” del estado español, habían hecho que las exportaciones desde España crecieran de manera exponencial. Esto tuvo dos consecuencias. La una es que enriqueció considerablemente a unos pocos (como con la burbuja del ladrillo del 2008) y la otra que la producción se iba a la exportación, desabasteciendo el mercado interior y provocando un alza en los precios de bienes de primera necesidad imposibles de asumir por los trabajadores. Los principales productores de la riqueza sin embargo, no veían reflejada la ganancia en sus míseros salarios. En ese año, 1918, se produjo la pandemia mundial de la gripe que dejó en nuestro país más de 200.000 muertos y 8.000.000 de afectados.

(Otra casualidad es que la primera detección del virus fue en USA aunque los americanos insisten en que su inicio está en China y le pusieron como nombre “Gripe Española”.

Volviendo a la situación española, la precariedad salarial llevó a un aumento considerable de la afiliación sindical, en especial a la CNT que desde su fundación en 1910 con 30.000 afiliados había llegado hasta los 750.000 en 1918. Ese aumento de la conciencia proletaria, llevó también al notable incremento de la conflictividad laboral. La situación de crisis mundial, hizo que España se mirara el ombligo nacionalista. Aún estaba fresco la pérdida de las últimas colonias en 1898. Los militares, en lugar de asumir su fracaso, andaban enredando en política montando, con la connivencia del rey, las llamadas Juntas de Defensa que con la excusa de reclamar aumentos de salario (¿no le ven ustedes el parecido con ese sindicato satélite de los de la COZ de la policía?), y de protestar por el injusto y rápido ascenso de sus compañeros en África que maquillaban su historial como héroes de guerra, por cualquier escaramuza en la que participaban desde el bar de oficiales, se dedicaban a la represión, hasta el punto de que los españoles acabaron viendo como normal la suspensión de las libertades constitucionales y los decretos del Estado de excepción. Con el subterfugio de acabar con el pistolerismo que ellos atribuían a los trabajadores anarquistas y que la historia se ha encargado de adjudicar a matones contratados por los empresarios, empleaban sus armas, como si fuera una guerra, contra los trabajadores. Así reprimieron la huelga del 17, a base de tiros y palos que provocaron decenas de heridos y muertos. Unos años antes de esta situación de pandemia de gripe, habían surgido las primeras voces nacionalistas en Cataluña que también habían sido reprimidas con dureza por el ejército como el asalto por 300 oficiales a la revista satírica Cu-Cut el 25 de noviembre de 1905.

Todos estos lodos trajeron los barros de la dictadura de Primo de Rivera en 1923 y el golpe de estado del 36. La caspa española, la burguesía catalana (y española), un ejército infectado de cobardes misóginos, acérrimos católicos y de un nacionalismo enfermizo que sin embargo no habían sido capaces de usar en su oficio ni en Cuba, ni en Filipinas, ni más tarde en Marruecos, no podían consentir lo que vinieron a llamar el libertinaje femenino, ni la barbarie proletaria.

En el gobierno de concentración nacional presidido por Manuel García Prieto, se trabajaba más por el golpe militar que impusiera por bemoles la España única y católica, que volviera a meter a la mujer en la decencia y que acallara por la fuerza las voces de los nacionalistas catalanes y vascos que por aquellos días comenzaban su andadura, que por el bien de la ciudadanía.

Parece que lo que nos sucede en esta coyuntura del siglo XXI, sea un remake de hace ahora un siglo. Nacionalistas misóginos, las clases pudientes, la iglesia y una parte de las Fuerzas de Seguridad del Estado se alinean con reivindicaciones de unidad, contra el feminismo, contra los nacionalistas catalanes y vascos y sobre todo, contra los pobres.

Hoy, como entonces, la derecha más rancia, la que no quiere perder privilegios ni poder, acude a subterfugios que se establecen en el estado democrático como garantías de libertad, y los utiliza para subvertir el propio sistema.

Tras el anuncio de pacto para «derogar de manera íntegra la Reforma Laboral del año 2012 impulsada por el Partido Popular» firmado por PSOE, Unidas Podemos y EH Bildu, han vuelto a la carga con el consabido rosario de “Todo es ETA”, llegando a la miseria de asignar muertos a una coalición de partidos (EH Bildu, en la que se integran formaciones como Eusko Alkartasuna, la escisión protagonizada por Carlos Garaicoetxea, del PNV o la Aralat de Patxi Zabaleta que siempre han denostado el terrorismo y la lucha armada). En realidad la vuelta a “todo es ETA” no es nada más que el intento de integrar todo el odio nacionalista español, desviando la atención, para poder evitar lo que no quieren: que se derogue la Reforma Laboral de 2012 que cambió las tornas en las relaciones empresario-trabajador, convirtiendo al proletario prácticamente en esclavo del empresario.

La CEOE se indigna tras el pacto y anuncia que abandona la mesa del diálogo entre patronal, sindicatos y gobierno. Una mesa de diálogo que solo es una figura imaginaria y en la que únicamente están por interés publicitario. ¿En qué mesa de diálogo se pactó la Reforma Laboral del 2012? ¿Con qué sindicato u organización en defensa de los trabajadores pactaron el despido libre, la introducción de la precariedad laboral y salarial, el encadenamiento sucesivo e infinito de contratos parciales que evitan que se tengan que pagar fines de semana o vacaciones o que se pueda utilizar el subterfugio de una ETT para pagar la mitad de salario que al que trabaja en plantilla?

Tenía un profesor de Economía de la Empresa que había vivido muchos años en Francia que nos decía que en España no hay empresarios, sino «tratantes de ganado» reconvertidos. Y el tiempo le ha dado la razón. Aquí solo hay sinvergüenzas que le dan cera al pelo del caballo desnutrido y enfermo para intentar venderlo como si fuera un potrillo “purasangre”.  Solo hay que recordar lo que ha pasado con los respiradores enviados a Bolivia (170 equipos vendidos a tres veces su valor por dos empresas españolas) y las famosas comisiones por concesión de obra pública que han acabado en los tribunales con medio Partido Popular.

Todo esto no sería posible sin la connivencia de un partido socialista que desde el Congreso de Suresnes en 1974 emprendió una navegación oscilante hacia el hijoputismo liberal. Ahí está su gran líder espiritual Felipe González que desde su cómoda residencia en la costa y su cuenta corriente abrigada por una de esas eléctricas que nos llevan distrayendo con el recibo de la luz varios lustros, se permite el lujo de llamar a filas a los consejeros del Grupo PRISA para que se dejen de medias tintas y hablen claro: el objetivo es urgente y necesario, el PSOE debe romper con PODEMOS antes de que comiencen poniendo impuestos a la gente de bien (patrimonio por encima del millón de euros) y acaben descubriendo que el Señor X del GAL es el Señor X.

Porque no podemos olvidar que el PSOE de Sanchez Castejón es el responsable de haber nombrado ministra a Calviño, una funcionaria del cuerpo de técnicos comerciales y economistas que ha mamado de las políticas del hijoputismo de los Goldman Sachs y de los hombres de negro que arruinaron al sur de Europa para salvar a Alemania (e hija de aquel nefasto DG de RTVE que inventó la utilización del poder de la tele para uso partidista de quién gobierna y del, si no haces lo que digo, te ceso). Como tampoco podemos obviar que quién tiene que dirigir a las Fuerzas de Seguridad es un tipo conservador, en la órbita del PP, que ha llevado a España a seis condenas por no respetar los Derechos Humanos (de las 9 condenas a España por no investigar torturas, en 6 el instructor era Grande-Marlaska). Un juez en excedencia muy amigo de la policía a la que siempre daba la razón a pesar de las pruebas en contra.

El PSOE se esfuerza en parecer socialista con medidas como la subida del salario mínimo y la renta mínima vital. Medidas que parten de Unidad Podemos y que el PSOE ha recortado. (Aquí debo hacer la observación de que, además, ahora la tendencia desde la Unión es a la inversión pública, el aumento del déficit y a la salvaguarda de los pobres para evitar un estallido social).   El PSOE, también se empeña en no “enfadar” a los que llevan moviendo las tramoyas desde hace 80 años. No se puede nadar y guardar la ropa a la vez. Y el paripé puede que no acabe con sus votantes que se comportan más como hooligans de equipos deportivos que como seres humanos que sopesan pros y contras y piensan en las consecuencias de su voto ciego. Su comportamiento está dando alas a los fascistas. Si creen que dorando la píldora al capo y a los tramoyistas ocultos, la prensa canalla (todos los medios de prensa en papel, radio y TV) van a parar en su estrategia de asalto y derribo del gobierno de España, constituido en contra del parecer de los grandes bancos, de la CEOE y de José María Rebuznar y su asamblea de docencia fascista, están apañados.

La actitud del PSOE que hasta ha dejado los informativos de RTVE en manos de Enric Hernández, uno de esos periodistas de la canallesca que es de la misma calaña que el vislumbre izquierdista director de informativos de la Sexta (gran amigo de Florentino), es un peligro para todos. O se creen que, si llegan al poder político los de la bandera del odio, les va a salvar. ¿No se acuerdan ya del 36?

Salud, feminismo, república y más escuelas públicas y laicas.

Apúntate a nuestra newsletter

Artículo anterior¿Despotismo ilustrado en España y ante Cataluña?
Artículo siguienteDerrames cerebrales en jóvenes: el nuevo síntoma asociado al COVID-19
Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre