Parecía que no era posible, que no era capaz, que Lando Norris, su compañero, le iba a derrotar una vez más como en la primera carrera del extraño mundial al que estamos asistiendo.

La lluvia cambiante, la presión increíble que está teniendo que soportar. Por un lado  desde su equipo actual donde  ya saben que les abandonará al final de la temporada y que quizá, digamos solo quizás, tenderá a apoyar más a su compañero, a Lando Norris, al que permanecerá en McLaren. Pero además está la presión del futuro, le espera la Ferrari, una Ferrari de la que quizá tendrá que arrepentirse viendo la situación actual entre los monoplazas rojos y los naranjas.

Presión, en suma, mucha presión. La misma que tenía en Bahrein el año pasado al final del Mundial. Y fue tan alucinante lo que hizo allí, cómo se fundió con su coche y dejó de ser simplemente Carlos Sainz para convertirse en un cyborg, sentir hasta el último milímetro de la máquina, el roce de las ruedas sobre el asfalto y los pianos, y lograr lo imposible, lo que parecía imposible, convertirse en el sexto piloto en la clasificación final y en el primero de todos los que competían en cierta igualdad de condiciones. Espectacular.

Espectacular también ha sido en la lluvia Carlos Sainz en la clasificación del Gran Premio de Estiria 2020. Todos sus seguidores cabeceaban ya, este Lando Norris está fortísimo y lo va a derrotar. Pero a medida que pasaba el tiempo y parecían disminuir las posibilidades, Carlos Sainz se iba fundiendo más y más con su máquina, como en Bahrein 2019, y ya notaba la piel mojada del circuito como si le tocará con sus propios dedos.

Un poco más, aún puedo llegar un poco más lejos, aún puedo conseguir una vuelta mejor.

Carlos Sainz más grande que sí mismo. Disfrutando y luchando y hasta olvidando que era humano y mortal.

Tercero con un McLaren en una de las mejores sesiones de clasificación que se han visto en los últimos tiempos.

Es excepcional, muy excepcional, la persona que se hace más grande y realmente se crece ante la dificultad. Nuestro aplauso y asombro. Bravo Carlos Sainz.

Tigre tigre.

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