El Marzo de 2020 pasó algo inesperado en la plataforma humanitaria global Labdoo. Un cambio estructural muy esperanzador que brevemente os contaré. Un cambio que estoy seguro de que está aquí para quedarse entre nosotros y cambiar el rumbo hacia un mundo mejor. Pero antes de que os explique este cambio ilusionante, dejadme que os cuente una noticia muy desafortunada, decepcionante y frustrante.

Apenas hace unos días, la Generalitat anunciaba una inversión de más de 99,7 millones de euros para comprar 300.000 ordenadores portátiles para el alumnado de 3º de la ESO hasta la postobligatoria [1]. Pero por si esto fuera poco, esta noticia venía precedida apenas hace unas semanas de otra divulgada por el Gobierno Español de la compra de 500.000 dispositivos con una inversión de 260 millones de euros [2].

Dicen que se hace para volver a encender la rueda que se había parado el Marzo de 2020 y reactivar los planes de educación digital. Poner en marcha la rueda, estoy de acuerdo. Pero hacia qué destino dirigimos la nave? De repente, hemos bajado todos a la caldera, incluso el timonel, para poner desesperadamente todo el carbón que nos queda con el objetivo de ponerlo a toda máquina de nuevo, pero sin tener nadie dirigiendo el timón. Estamos poniendo en marcha la rueda sin cambiar de rumbo, cometiendo los mismos errores que nos han llevado hasta aquí. La ponemos en marcha y seguimos yendo en dirección al abismo, a la autodestrucción tanto del planeta como de los valores humanos de cooperación, y nos alejan del modelo de aprendizaje tanto técnico como social que nos puede salvar de este abismo.

Primero de todo, si queremos ser tácticos, seámoslo. Gastarse 100 millones de euros en Cataluña (o 260 millones en España) para comprar ordenadores portátiles no es una inversión para volver a activar el país. Al contrario, por su coste de oportunidad tan elevado, es una desinversión a gran escala y contribuye aún más a potenciar las desigualdades sociales que la Covid-19 ha puesto al límite de la rotura. Esta cantidad de dinero es una fuga de capital flagrante pues va directamente a enriquecer las grandes empresas extranjeras productoras de los microprocesadores y componentes electrónicos que forman parte de los dispositivos. Precisamente estas son las empresas que se han enriquecido más como resultado de la pandemia, con un crecimiento récord del índice NASDAQ desde que comenzó el año del 19.76%, aunque el mundo se encuentra en la recesión más grave desde el crack de 1929. Los que trabajamos y vivimos del sector tecnológico, no necesitamos que nos ayuden con este tipo de inversión, que tiene como resultado la creación de un mundo aún menos justo y la (comprensible) revuelta del resto del mundo en contra del avance inminente de la tecnología tan necesaria para combatir los retos que nos esperan.

La compra de cientos de miles de ordenadores no sólo es una mala inversión para nuestro país, sino también una catástrofe para el planeta. Cada portátil genera emisiones equivalentes a 18,59 Kgs de CO2, el equivalente a cortar dos árboles, tirar al mar 59 botellas de plástico, o agotar 1.500 litros de las reservas de agua del planeta. Es decir, la estrategia de nuestros gobiernos contribuirá a incrementar aún más las diferencias económico-sociales entre los más ricos y los más pobres, y en este último grupo también figura el planeta tierra, que verá como le birlan de su ecosistema 1,6 millones de árboles ((500,000 + 300,000) x 2).

La paradoja y el que aún no entienden muchos políticos (al menos los que acaban tomando las decisiones) es que en el mundo se retiran cada año 300 millones de portátiles y tabletas que se dejan de usar, la mayoría en perfectas condiciones. Sólo en España, se estima que cada año se dejan de utilizar 3 millones de ordenadores. Este número es casi 4 veces mayor que el número de ordenadores que los Gobiernos Español y Catalán pretenden comprar, gastándose 360 ​​millones de Euros de los contribuyentes. Efectivamente, el caso de los ordenadores es el ejemplo de libro de texto perfecto del proceso de «creación destructiva», como ya descubrió el economista y filósofo Schumpeter hace muchas décadas. El proceso que dicta que un producto que funciona en perfecto estado es reemplazado del mercado debido a que aparece uno nuevo que es más potente o sencillamente más «cool». Este proceso es la gasolina que enciende la economía de la superproducción y es el motivo por el que ahora mismo el mundo tiene una oferta prácticamente infinita de ordenadores ubicados en empresas y usuarios particulares que no se utilizan, pero que están en perfecto estado y que, en las manos de un niño o niña, se convertirían en una «arma de educación masiva».

Pero claro la pregunta obvia que se harán (o deberían hacerse) los que mandan es: ¿cómo logramos hacer llegar a los millones de ordenadores en desuso a los niños y niñas más necesitados de Cataluña y España? La respuesta es muy sencilla y radica en la creación (si, de una vez y por todas) de la economía circular. Esto es lo que precisamente lleva haciendo el proyecto Labdoo.org (entre otras iniciativas parte de la economía social) durante los últimos 10 años, una plataforma que permite coordinar de manera transparente, colaborativa, y escalable la donación de portátiles y tabletas de personas que les dejan de utilizar a personas que los necesitan (estudiantes, refugiados, etc.). A día de hoy, la economía circular implementada por Labdoo ha permitido hacer llegar portátiles a más de 1800 escuelas en más de 135 países (entre ellos España), a más de medio millón de niños, y produciendo un ahorro de más de 380000 kg de emisiones de CO2 por el planeta. Lo más interesante seguramente es que esta plataforma ha conseguido hacer todo esto sin ninguna inversión de capital, pues Labdoo opera sin dinero, sólo a través de la colaboración global, demostrando con un mensaje claro y potente que la implementación de la economía circular no es cuestión de dinero, sino de voluntad y querer arremangarse para cambiar el rumbo de la nave.

El gobierno Catalán y Español quieren invertir 359,7 millones de euros en comprar 800.000 ordenadores. Desde Labdoo estimamos que esta misma cantidad de ordenadores podría ser obtenida con la inversión de tan sólo 10 millones de euros (generando un ahorro de 349,7 millones de euros para el país) a través de la implementación a gran escala de la economía circular. Pero es que aparte de ahorrarse 350 millones de euros creando la economía circular, de rebote:

  • Salvaríamos 1,6 millones de árboles.
  • Evitaríamos la fuga de 359,7 millones de euros, inversión que si no detenemos, irá a ensanchar las arcas de las empresas más ricas del planeta y el sector más beneficiado de la pandemia, lo que agravará aún más las ya muy acentuadas diferencias socioeconómicas que vive el planeta, hasta el punto de la rotura y la revuelta.
  • En cambio, la inversión en la economía circular permitiría crear nuevos puestos de trabajo técnicos, con gente formada en torno al reciclaje e instalación del software educativo en los dispositivos, reduciendo el gap socioeconómico del planeta.
  • A la vez, pondríamos los fundamentos para allanar no ya la curva de la COVID-19, sino la gran curva del cambio climático que nuestros hijos tendrán que combatir.

El Marzo de 2020 pasó algo muy esperanzador, una rendija de luz. Justo después de la declaración oficial de pandemia a cargo de la OMS, los contadores Labdoo que hacen un seguimiento en tiempo real del número de portátiles reciclados y entregados en todo el planeta se detuvieron completamente. Hasta ese momento y después de 10 años operando ininterrumpidamente, habíamos pensado que la rueda Labdoo no se detendría nunca, pues la plataforma no necesita dinero para operar, sólo buena voluntad y dispositivos dejados de usar (ambos recursos siendo prácticamente infinitos). Pero claro, esta vez todo era diferente, el mundo entero se había confinado, parando todos los vuelos internacionales y toda actividad local. Durante unos días no hubo ningún portátil Labdoo entregado a ningún niño en ningún lugar del planeta. Entonces algo sorprendente pasó. Al cabo de una semana de confinamiento mundial, los contadores Labdoo volvieron a activar: 1 ordenador entregado aquí, 10 allí, 100 más allá … dada la dramática necesidad de solucionar la emergente brecha digital como consecuencia de la pandemia, los varios hubs Labdoo encontraron maneras muy creativas para continuar operando, esta vez a nivel local, desde nuestros hogares, estratégicamente, de puerta a puerta, con mascarillas y permisos de movilidad de los ayuntamientos para poder mover y entregar los portátiles. El resultado fue un crecimiento exponencial de las entregas de portátiles reciclados en todo el mundo, y en especial en Cataluña donde durante semanas lideramos el volumen de entrega incluso por encima de los potentes hubs Labdoo alemanes.

El confinamiento nos ha traído un cambio estructural, conocedores ahora si en primera persona de la fragilidad de nuestra sociedad y la necesidad imperiosa de trabajar juntos para proteger el planeta, reciclar los desechos exponenciales que generamos, y de rebote dar puestos de trabajo y educación a millones de niños.

Realmente dejaremos escapar esta oportunidad única de re-encender la gran rueda, esta vez sí, con el rumbo corregido? O continuaremos siguiendo la misma derrota en dirección al abismo, al punto de no retorno, haciendo las mismas decisiones de siempre, y dejando que nuestros hijos tengan que combatir la curva del cambio climático? Esta curva, gigantesca y que se acerca rápidamente, hará que la del COVID-19 parezca una pequeña campana de Gauss, un estornudo.

Tenemos la oportunidad única de crear la economía circular y ser referentes ejemplares tanto aquí como en todo el mundo. No la dejemos escapar.

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