El mundo del siglo XXI, por desgracia, en vez de premiar a las personas comprometidas con alguno de los aspectos que conforman la justicia social o la defensa de los derechos humanos, o con todos, se las suele penalizar en su ámbito profesional, personal o, incluso, en su propia reputación. Sin embargo, muchas de estas personas anteponen sus convicciones, su ética y su dignidad, incluso aunque las perjudique en su vida. Por suerte para la sociedad, son muchas y una de ellas es Cristina del Valle quien lleva toda su vida anteponiendo su compromiso y su activismo a otros aspectos, incluso sabiendo que su entrega a la defensa del feminismo, de la igualdad, de la diversidad de los derechos humanos y de los pueblos oprimidos la han penalizado. Sin embargo, a la cantante de Amistades Peligrosas no la callarán ni ella guardará silencio ante las injusticias.

En estos días en que la lucha de las mujeres por conseguir la igualdad real está seriamente amenazada por una nueva andanada mediática del machismo patriarcal, Cristina del Valle ha sido nombrada «Quesera de Honor», una distinción concedida por el Ayuntamiento de Fuentesaúco (Zamora) en el marco del Festival del Queso de Castilla y León. El nombramiento se le ha concedido a la cantante de Amistades Peligrosas por su lucha por la igualdad real de la mujer en todos los ámbitos de la vida diaria y contra la violencia machista. La organización ha querido poner en valor este compromiso de Cristina del Valle por su importancia respecto a la lucha de la mujer rural por conseguir la igualdad real.

Este fenómeno de penalización del activismo social viene promovido desde las élites económicas, políticas y empresariales. Vivimos en una sociedad en que estos poderes ocultos han creado una estructura basada en el silencio a cambio de prebendas porque no denunciar las injusticias es el refrendo que estas élites pretenden obtener de todas las barbaridades que ejecutan día a día, unas veces por acción directa, otras por todo lo contrario, por la pasividad.

En eso tenemos muchos ejemplos pero los más sangrantes se producen en el silencio de algunos profesionales de los medios de comunicación que, quizá por miedo a editores que son conniventes con la injusticia o la sinrazón porque obtienen pingües beneficios de la aceptación de esas mordazas ocultas tras millonarios contratos o tras condonaciones de deuda, han callado ante el machismo de Bertín Osborne o ante el feminismo impostado de Ana Patricia Botín, hechos que se produjeron en entrevistas en las que las profesionales de la comunicación se encontraban cara a cara con el o la entrevistada. No hicieron nada y continuaron con sus preguntas.

Estas situaciones no habrían sido posibles con personas con el compromiso social de Cristina del Valle porque, repito, ni se calla ni la callan.

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