El día 9 de junio de 2012, un día antes de que Mariano Rajoy saliera a toda prisa de España para ver el primer partido de la selección de fútbol en la Eurocopa, Luis de Guindos anunció que Europa había concedido un «crédito en condiciones muy favorables». En realidad, fue un rescate en toda regla, puesto que se implantó un memorando y los «hombres de negro» de la Troika visitaron España en más de una ocasión.

El Banco de España elevó el coste del rescate a la banca ascendió en 2019 a 65.725 millones de euros, del cual sólo se han recuperado 9.560 millones. Por ejemplo, en el año 2018, las entidades no devolvieron ni un solo euro. Los bancos tradicionales, siempre pretenden hacer ver que el rescate fue para las cajas de ahorro, sin embargo, las diferentes fusiones hicieron que muchas de ellas fueran adquiridas a precio de saldo (1 euro fue la cantidad estrella), por lo que heredaron la responsabilidad de la devolución de ese dinero que el pueblo español entregó sin ningún tipo de garantía de devolución.

De Guindos afirmó que ese dinero lo iban a devolver las entidades y que no tendría ningún coste para las arcas públicas. Sin embargo, según los datos, aún faltan por devolver más de 50.000 millones de euros. El Banco de España, el pasado mes de noviembre, afirmó que daba por perdidos más de 42.000 millones de euros.

Además del rescate bancario, la ola de desahucios que tuvo su momento álgido durante el gobierno de Mariano Rajoy y la venta de productos tóxicos o las cláusulas abusivas en diferentes productos provocó una grave crisis reputacional del sector financiero. Este es uno de los puntos que los principales directivos y la/los presidentes de las entidades inciden en las presentaciones de resultados en que participan.

La crisis del coronavirus da una oportunidad a la banca de reconciliarse con el pueblo español, con la ciudadanía que no dudó en ser generosa con el sector financiero, por imposición del gobierno del PP, y entregó ese dinero sin que existiera ninguna garantía de devolución. La gente confió en que los bancos españoles se recuperarían y cumplirían con el compromiso adquirido con el Gobierno de Rajoy.

Ahora los españoles y españolas, la ciudadanía en general, necesita del compromiso de la banca, pero en las mismas condiciones de confianza y garantías que en 2012. Miles de empresas están obligadas a cerrar, otras están despidiendo temporalmente a sus empleados y empleadas. Ha llegado el momento de que la banca devuelva el favor.

Las principales entidades están preparando líneas de créditos blandos para empresas y familias, con unas condiciones, a priori, muy favorables. Sin embargo, la decisión de los tipos de interés aplicados dependerá de cada una de las entidades. Sin embargo, en un momento de crisis global y tras la inyección de liquidez del BCE a las entidades financieras, la banca no puede aprovechar la situación para ganar dinero o para recuperar lo perdido en bolsa a costa de las consecuencias de la emergencia del coronavirus.

Además, los bancos no están en una situación de exigir que el Estado avale el 100% de estos préstamos, como están pidiendo muchas asociaciones empresariales. El Estado ya avaló el rescate de 2012 que los bancos no devolvieron y, por ende, ahora las entidades bancarias no pueden pretender exigir más sin haber devuelto lo que deben.

Ahí está la oportunidad: la concesión de esos préstamos blandos, con un interés basado en Euribor más un diferencial no superior a 0,50%, asumiendo las entidades el riesgo de impago porque el Estado ya hizo el esfuerzo. Abrir esas líneas de crédito blando para las empresas y familias sin intentar jugar con cartas marcadas, es decir, no asumir ningún riesgo. Evidentemente, los bancos no son ONG, pero la flexibilidad de los criterios a la hora de conceder financiación a quienes están sufriendo las consecuencias económicas de la crisis del coronavirus es la oportunidad de que el sector financiero para recuperar la reputación perdida durante la recesión de la gran crisis de 2008.

Los ciudadanos y ciudadanas están dando una lección de civismo y de disciplina social en sus confinamientos, el personal sanitario está siendo el ejemplo de dedicación a costa de arriesgar su vida por cuidar de todas y todos nosotros (de los banqueros y las banqueras también), las fuerzas de seguridad y las Fuerzas Armadas están ahí para garantizarnos que nada nos va a pasar. La banca no se puede quedar atrás, si no lo hiciera y buscara resarcir sus pérdidas con esta crisis estaríamos ante una nueva deslealtad hacia el Estado y el pueblo.

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