Por fortuna, no todo está perdido en la lucha contra el cambio climático. Frente a empresas multinacionales que utilizan sustancias tóxicas para fabricar sus artículos deportivos, existen otras más modestas pero respetuosas con el medio ambiente y los animales. Una de ellas es la firma Slowwalk, que fabrica un calzado mucho más sostenible.

Slowwalk es una empresa con sede en Elche (Alicante), especializada desde hace 60 años en la confección de calzado de primera calidad, que ahora ha sacado al mercado la línea eco-friendly para todos los amantes de la zapatilla vegana. Está elaborada a partir de la parte no comestible del maíz que combinado con poliuretano sintético se convierte en un tejido para zapatos o bolsos, con un bajo impacto medioambiental. Aunque, como señala su creador, Juan Caparrós, el maíz es un material «fácil en su desarrollo», pero a su vez «uno de los más rígidos y difíciles de trabajar».

Las zapatillas se elaboran artesanalmente y de forma manual, lo que permite reducir el consumo energético y, con ello, disminuir las emisiones de dióxido de carbono (CO2). “Y es más, cuando la vida del zapato llega a su fin, está diseñado de tal forma que se puede separar la suela del corte para que se pueda reciclar”, afirma la web.

La colección de invierno se llama ”Teemo Rinnova” y se compone de cinco modelos para mujer con estampados caleidoscópicos de inspiración boho, mandalas indios, cenefas de la Riviera Maya, tótems y plumas de los nativos americanos. Son exclusivos y de edición limitada. Según Caparrós, la idea de los estampados en una colección de invierno busca «no hacer lo que se ve en todas las tiendas».

Y esa singularidad les ha funcionado. De hecho, y como admite Caparrós, «tocará fabricar algunos más», ya que los cerca de 600 pares fabricados y algunos de los modelos ya se han agotado, a pesar de salir al mercado hace algunas semanas en la página web.

Ese éxito también se debe a la resistencia al agua del maíz tratado –a diferencia del cáñamo o el algodón–; a su suela de goma de látex natural reciclado obtenida a partir del caucho, que además de ser sostenible es confortable por su flexibilidad, capacidad amortiguadora de impactos y diseño anatómico; y a los cordones elásticos, capaces de ajustar la zapatilla al pie sin necesidad de anudarse.

Además, la firma ya prepara la nueva colección de verano con algodón 100% ecológico, a partir de una suela muy flexible, capaz de enrollarse sobre sí misma, y con el corte cosido a la suela “como si fuera una alpargata de toda la vida”, afirma Caparrós. También prepara unas sandalias veganas para mujer, con materiales reciclados y lonas, y una colección más actual con piso de sierra con bordados, estampaciones y tintados naturales «para llegar a un público más joven y que quiere ir más a la moda».

La zapatilla vegana ha obtenido el certificado de protección animal “Vegan Approved” de PETA y “Animal Free” y está pensada para “la gente vegana que quiere un zapato actual, cómodo y respetuoso con el medio ambiente y los animales, pero también para aquellos que no siguen este tipo de filosofía y les gustan nuestros modelos». Su nivel de compromiso medioambiental llega incluso hasta el envoltorio: el packaging es muy reducido, sin plástico, solo una caja de cartón 100% reciclable.

La colección llegará a las tiendas de diferentes países en los próximos meses, aunque su principal volumen de ventas se realizará por internet. Esto se debe a que el concepto de calzado vegano aún no está lo suficientemente implantado y muchos negocios prefieren no arriesgar, a diferencia de lo que ocurre en países como Alemania, Austria, Dinamarca o Noruega.

Sin embargo ese es el futuro que se ha marcado Slowwalk: conseguir un calzado cada vez más sostenible, hecho únicamente con materias primas renovables de origen vegetal, recicladas y orgánicas, que sean cómodas de trabajar, resistentes al agua y que permitan conseguir colores más neutros.

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