“El mundo ya no será el mismo dentro de dos meses que el que conocimos hasta hace dos meses”. “Esta crisis, posiblemente sea la que nos lleve a la sociedad del siglo XXI”. Éstas y otras frases parecidas son las que vamos oyendo cada día en las Redes Sociales y los Medios de Comunicación; y son veraces. Las cosas, ciertamente no serán igual.

En primer lugar, no será igual nuestro trabajo. De golpe hemos aprendido que podemos trabajar desde casa, bien, sí, nosotros, pero también lo ha aprendido la empresa que nos contrata y que paga un importante alquiler por una sede que ahora, mira tú, no necesita. Hasta los maestros, en quince días, se han habituado a dar las clases por Instagram. Fruto de esa nueva situación es también el cuestionamiento de los desplazamientos, caros y antiecológicos.

En segundo lugar, esos modelos de negocio del turismo por el turismo, parece que desaparecerán. De golpe, en toda Europa; pero principalmente en las grandes ciudades como Londres y París, pero también Madrid y Barcelona, han reaparecido centenares de pisos y locales, hasta ahora dedicados al alquiler turístico, que se están ofreciendo, a precios mucho más razonables, para dedicarse al alquiler de larga duración. El mundo de la gentrificación, muy probablemente quedará tocado durante décadas. Porque el miedo, nos hace apetecer estar más con los nuestros.

En tercer lugar hemos visto, con nuestros propios ojos, reaparecer a los “policías de balcón”. Esos viejos conocidos, son los mismos que denunciaban a sus vecinos durante el franquismo. Y a lo peor y lo mejor, también, de una policía que no ha abandonado “toques” predemocráticos.

En cuarto lugar hemos visto un ejército al servicio de sus conciudadanos, la cacareada UME, que ha dado una respuesta cabal a una catástrofe como la que hemos vivido (gracias Zapatero, con lo que te criticaron). Pero también, a otro ejército que sólo hace que posar a lado y lado del ministro de turno. Si la UME son 3.000, y sólo dan el callo ellos, ¿que pasa con los otros 100.000?. Hemos de pensar, pues, que son peso muerto a la hora de reconstruirnos.

Los unos y los otros coincidirían en su mayor parte con los votantes de VOX, y junto a ellos, los que rajan del actual gobierno y sus apoyos, echándoles en cara los muertos que ellos mismos, con sus votos han propiciado. Y, reconozcámoslo, muchos de estos sembradores de cizaña los encontramos en el mundo periodístico, pequeños Goebbels que juegan a ser Dios con la complicidad y altavoz del franquismo social.

Hemos descubierto lo importantes que son los servicios públicos, pero sobretodo la sanidad. Hemos descubierto también que habíamos cerrado los ojos y aparcado nuestros viejos en residencias sin el mínimo control, que por su estructura hacinada, y en manos de los fondos buitre, los ha diezmado. Y de eso, somos responsables todos, aunque no votásemos a quienes nos adulaban los oídos con de que eran “liberales”.

Hemos aprendido, de momento, que ésto nos puede volver a pasar otra vez; y que todos los símbolos de ostentación, desde coches a restaurantes, hoteles, viajes y vuelos charter, no valen lo que pensábamos; los tenemos cerrados o aparcados. Y que nuestros dioses, especialmente los futbolísticos, tienen también los mismos pies de barro que nosotros.

Hemos redescubierto las tiendas de barrio y los mercados municipales; el llevar la compra a una vecina que necesita nuestra ayuda y a la que antes ni siquiera la saludábamos. Pero también hemos calado a ésos que no querían pagar, ni pagaban, impuestos en nombre del “mercado” están ya haciendo cola y moviéndose para que, con nuestros impuestos, les subvencionemos, siempre con la excusa de los puestos de trabajo.

Convertirlo en la oportunidad de nuestras vidas, es cosa nuestra. ¿Podremos?.

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