“Las quemaduras, la otitis o los golpes de calor son algunos de los problemas más frecuentes en la playa, pero no son los únicos”, asegura César Morcillo, jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital Sanitas CIMA. Y es que pasar mucho tiempo en la playa requiere de una serie de precauciones básicas para evitar riesgos innecesarios como, por ejemplo, hidratarse mucho.

Una buena hidratación en la playa es especialmente importante, ya que las temperaturas son elevadas y la exposición al sol más pronunciada. El agua se encarga de lubricar las articulaciones, nutrir al cerebro y la médula espinal y, por supuesto, mantener la temperatura ideal del cuerpo. Se calcula que un adulto puede perder alrededor de 1,5 litros de agua a la hora cuando está produciendo sudor, por lo que es imprescindible reponer ese líquido. Además de beber agua y evitar las bebidas azucaradas o carbonatadas, tomar frutas como melón o sandía, con un 95% de contenido hídrico, ayudarán a reponer los líquidos perdidos y evitar los golpes de calor.

También debemos protegernos de la sobreexposición solar. Hay que utilizar un fotoprotector adecuado al fototipo de la piel, cubrir la cabeza con un gorro y aplicarse crema solar con alguna frecuencia. No hacerlo puede causar desde el envejecimiento prematuro de la piel hasta afecciones cutáneas como cáncer de piel de varios tipos, entre ellos el más peligroso, el melanoma. Según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), se estima que 6.205 personas serán diagnosticadas con un melanoma cutáneo en España este 2019, la mayor parte causados por los efectos del sol.

Necesitamos además protegernos la vista para prevenir posibles afecciones oculares como conjuntivitis, queratitis o, incluso, cataratas. No podemos olvidar que en la playa, nuestros ojos están expuestos a altos niveles de radiación UV, por lo que, prescindir de una protección adecuada, puede derivar incluso en problemas más graves. Hasta un 20% de los casos de ceguera en todo el mundo se atribuyen a una exposición solar excesiva o inadecuada. Para reducir los riesgos, conviene utilizar gafas de sol con protección total frente a los rayos UV y que cuenten con el certificado de calidad de la Unión Europea para garantizar su efectividad.

Y al igual que los ojos, también debemos protegernos los oídos. El agua favorece la aparición de la llamada otitis externa, producida por el contacto de los oídos con hongos y bacterias. El 84% de las otitis que se producen en verano se contagian en playas y piscinas, ya que la combinación de agua y calor favorece su propagación. Para evitar esta infección, lo ideal es evitar la entrada de agua en el conducto auditivo y secar bien los oídos al salir del mar. En caso de detectar síntomas de otitis, es imprescindible consultar con el médico especialista para evitar que el problema pueda agravarse.

Por otro lado, si bien es verdad que la playa es el entorno perfecto para practicar deporte, el hacerlo sin tomar precauciones puede acarrearnos lesiones, tanto musculares como en huesos y articulaciones. Por ello se recomienda estirar y calentar antes de realizar la actividad física, no hacer ejercicio durante las horas centrales del día y adaptar el tipo de ejercicios a la condición física, a fin de practicar deporte de forma segura en este entorno.

Finalmente, las plagas de medusas son frecuentes en verano en las costas españolas, especialmente, en las playas donde el agua del mar está más caliente. En caso de sufrir una picadura de uno de estos animales, lo primero que se debe hacer es limpiar la zona de afectada con suero fisiológico y colocar hielo a través de un paño durante al menos 15 minutos. En el caso de que algún tentáculo o parte de la medusa haya quedado adherida a la piel, se deberá retirar con unas pinzas. Si es posible, se debe acudir al puesto de atención médica más cercano, donde podrán administrar al afectado un antihistamínico que modere la reacción alérgica y un analgésico para el dolor.

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