Condenar la violencia

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No basta con hacer hincapié en la lucha no violenta. No es suficiente. Al menos a mí no me lo parece.
Estos días en las redes sociales afloran mensajes que tratan de desahogar los sentimientos de desconcierto, de cansancio, de frustración de los soberanistas catalanes. Es cierto: la población soberanista de Cataluña está incómoda, está ciertamente perdida, le falta información y tienen una sensación extraña: entre cabreo, dudas, desconfianza y un cierto hartazgo.
Todo esto es cierto. Y también lo es que por parte del Gobierno de Cataluña está faltando una respuesta contundente ante los hechos que se han dado los últimos días. Porque se han dado actuaciones violentas por parte de algunos manifestantes. Y negarlo es escurrir un bulto que puede resultar muy peligroso en las próximas fechas.
Se ha querido señalar la actuación desmedida y desproporcionada de los Mossos al reprimir las contramanifestaciones antifascistas. Estoy muy de acuerdo en que algunos agentes han actuado saltándose los protocolos, utilizando armas fuera que no cumplen con el reglamento y aplicando una violencia desmedida contra personas que no merecían semejante actuación. Lógicamente, y como no puede ser de otro modo, el Consejero de interior, Miquel Buch deberá tomar medidas, investigar y sancionar a los agentes que han pasado la línea de sus competencias. Y mañana, como muy tarde, el Presidente Torra le ha exigido que comparezca para dar explicaciones a la ciudadanía. Correcto.
Pero sin embargo, no se habla de la actitud de esas personas que, con rostros tapados, han lanzado objetos a la policía: vallas, sillas, piedras. Quienes hemos visto utilizando contenedores de basura que, en algún caso, hemos podido comprobar cómo han arrollado a sus propios compañeros de acción. Esas imágenes han sido ciertas, no ha sido necesario que la “manipuladora prensa española” las haya sacado de otros países y de otros conflictos como sí había hecho anteriormente.
Y es llamativo cómo los que hemos denunciado en redes estas actitudes violentas, hemos sido increpados, insultados, e incluso difamados por personas que están aplaudiendo y considerando que ha llegado el momento de dar un paso adelante. Es un error. Un tremendo error que puede constarle caro al independentismo.
¿Por qué? Porque precisamente si ha podido mantenerse la tensión política hasta ahora, y se han podido cosechar simpatías, alianzas y apoyos, ha sido sencillamente por la defensa no violenta de la vía democrática para expresar una opinión. En el momento en que la violencia, por pequeña que sea, por pocos que la lleven a cabo, no encuentre una respuesta contundente por parte de las instituciones, esta partida estará perdida. Y con ello, se abre la puerta a un sinfín de posibilidades, todas peligrosas y dañinas para la Cataluña soberanista.
Hay una fecha: el 21 de Diciembre. Se cumple la conmemoración del primer año desde que se celebrasen unas elecciones irregulares, impuestas de manera ilegal desde Madrid y en las que el soberanismo volvió a ganar, a pesar de tener presos políticos, exiliados y una enorme cantidad de gente procesada por cuestiones que, un año después, en la mayoría de los casos han resultado no ser ciertas.
Pues bien, el 21 de diciembre se ha convocado por parte del gobierno de España una reunión del consejo de ministros en barcelona. Una idea que Sánchez tuvo desde que tomó el mano del Gobierno de España, y que, si bien pudiera interpretarse como una manera de tender puentes, en realidad, no faltan razones para entenderlo como una provocación.
Provocación porque Sánchez no está en realidad tendiendo puentes de ningún tipo. Porque no está cambiando nada, salvo su discurso. Pero a la hora de tomar las riendas, está plasmándose que la política de hechos consumados, de cerrazón y de no diálogo sigue marcando la pauta en Moncloa. Y esto es una traición a la democracia y a la apuesta por una convivencia pacífica con Cataluña y con cualquiera que quiera plantear una nueva manera de hacer las cosas en un Estado que está tocando fondo.
La provocación es muy evidente, sobre todo cuando una se estudia el código penal. Concretamente su artículo 503 que  lo dice bien claro: Incurrirán en la pena de prisión de dos a cuatro años: 2.º Los que coarten o por cualquier medio pongan obstáculos a la libertad del Gobierno reunido en Consejo o de los miembros de un Gobierno de Comunidad Autónoma, reunido en Consejo, salvo que los hechos sean constitutivos de otro delito más grave.
Parece evidente que intentar menoscabar, impedir o dificultar la reunión del Consejo de Ministros es algo que desde el gobierno saben que puede suceder. Es más, no sólo lo saben sino que les podría venir realmente bien que así fuera.
Y precisamente es llamativo que en Cataluña la gente haya decidido movilizarse ese día. ¿Qué se pretende con esto? No lo tengo claro, porque me cuesta creer que alguien quiera realmente poner sobre la mesa la posibilidad de que sucedan altercados que el Gobierno de Cataluña no pueda controlar y con esto se pueda dar la excusa que el Gobierno de España necesita para tomar medidas mucho más contundentes que hasta ahora.
Algunos hemos podido ver cómo han proliferado estos días los grupos que se quieren autoorganizar para movilizarse el 21 de Diciembre. Todos ellos promovidos por personas supuestamente anónimas, que han sido seguidas por tantísimas otras que no saben quién les convoca o quien les mueve. Es fácil: el caldo de cultivo es ideal para generar la sensación de que “es ahora o nunca”, y “hay que dejar el lirio en la mano y pasar a la acción”. Y es muy fácil ver cómo la gente ya no condena con contundencia lo que hace un año todos tenían claro: que la soberanía del pueblo catalán no justifica ningún tipo de violencia, que defiende sus ideales con la cara descubierta y que en ningún caso va a justificar ningún tipo de altercado. Ya no. Ahora los hay que consideran que seguir defendiendo estas cosas es de “flojos o traidores a la causa” y nadie quiere que le llamen traidor.

He leído en redes sociales a quien se hacía preguntas. ¿Sería muy alocado pensar que el Estado pudiera beneficiarse de altercados, incluso atentados contra su reunión de ministros en Barcelona? ¿Sería una locura pensar en acciones de falsa bandera que pudieran imputarse sin mucha dificultad a los independentistas para hacer saltar todo por los aires? ¿Sería lógico pensar que, una enorme movilización, que en algunos casos está siendo canalizada por grupos anónimos que se organizan dando a entender que no es necesario registrarse de ninguna manera, que cualquier puede ser uno más, y que, a pesar de llamar a la no violencia, no tienen manera de controlar qué o quién puede actuar en su nombre?

 

¿Es tan difícil ver todo esto? ¿Es tan complicado hacer una condena rotunda a cualquier tipo de actuación violenta?

 Quedan menos de dos semanas y la Cataluña soberanista se la juega. Lo que no tengo tan claro es si son conscientes de ello. Y no ser contundente, cuando de condenar la violencia se refiere, puede tener consecuencias irreversibles. Señalar a la vía eslovena sin explicar de manera clara a qué se refiere el Presidente en este sentido tampoco ayuda para dejar claro el posicionamiento del Gobierno de Cataluña. Han de entender que quizás entre los soberanistas sí tengan claro cuáles han sido los procesos de independencia de otros lugares; pero en España no. Y ante esta falta de información, bien valdría un discurso más pormenorizado de a lo que quiere referirse el Señor Torra con la vía eslovena. Yo, estoy segura de que quiere dar a entender que los referendos, la participación masiva y la defensa pacífica de la independencia es lo que quería hacer valer el Presidente. Pero como quiera que aquí se está manipulando su planteamiento, le pediría, humildemente, que fuera más profundo en su reflexión y en su condena a cualquier tipo de violencia.
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