Por fin comprende la expresión que tantas veces había escuchado en su niñez: con los nervios rotos. Los nervios -el sistema eléctrico del cuerpo- pierden sus conexiones. Le cuesta mantenerse en pie, incluso hablar. Un muñeco que ni siquiera puede ponerse nervioso, pues no tiene nervios.

Apenas podía pensar. Ha llegado a casa y se ha tumbado en la cama. Le ha supuesto un esfuerzo -enorme esfuerzo- levantarse para cenar. Ahora ya está mejor, podría decirse que incluso está bien, pero ha rozado sus límites y podría haberse caído al suelo, quedado callado o mudo para siempre. Es extraño, piensa, lo poco que lee cuesta coronar montañas que para cualquiera serían puros imposibles, y lo muchísimo que debe esforzarme para lograr pequeñas cosas que para los demás no requieren -o así lo cree él- sufrimiento alguno.

Todo lo que tiene son sus nervios, su “nervio”. Si lo pierde sólo será un trozo de carne esperando la podredumbre. Le habría gustado contarse a sí mismo que ha tenido miedo; pero ni siquiera eso sentía. Nada se siente cuando los nervios están rotos.

Tiene que cuidar de sí mismo, evitar que jamás vuelva a sucederle nada parecido. Se mira en el espejo. Qué extraño. Su aspecto no es tan malo como esperaba. Sonríe. Sonríe bajito. Sonríe despacito. El motor está gastado pero la carrocería -su sonrisa se hace más amplia- aún conserva sus líneas y brillos.

(artilato, más relato que artículo, dictado por Javier Puebla y mecanografiado por Ángel Arteaga Balaguer)

Apúntate a nuestra newsletter

Artículo anteriorLa ironía
Artículo siguienteEl muro imposible
Javier Puebla ha sido galardonado con diversos premios, tanto en prosa –Nadal, por Sonríe Delgado, y Berenguer, por La inutilidad de un beso– como en poesía: El gigante y el enano: V Certamen Vicente Presa. En 2010 recibió el premio Cultura Viva por el conjunto de su obra. Es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito un cuento al día durante un año: El año del cazador; 365 relatos que encierran una novela dentro. En 2005 fundó el taller 3Estaciones y la editorial Haz Mlagros. Cineasta, escritor, columnista y viajero: ejerció funciones diplomáticas en Dakar durante cuatro años, y allí escribió Pequeñas Historias Africanas, Belkís y Blanco y negra. Gusta de afirmar en las entrevistas que nació para contar historias, y quizá por eso algunos de sus artículos parecen relatos o cuentos.

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre