Portada Constitución Española 1978.

Siento como ser humano mucha tristeza por mi país, por mi nación por mi pueblo y veo a muchas personas que conforman nuestra querida España también tristes, desilusionadas y sin esperanza. Me da mucha rabia porque el español es muy buena gente, abierto, talentoso, acogedor, cuidador, respetuoso, alegre, optimista y solidario con su prójimo.

Nos falta ponernos en valor, reconocer nuestros logros históricos y actuales, falta unidad en tirar de la unidad del pueblo para que nos creamos que España ocupa un lugar muy importante en el reconocimiento mundial, que nosotros mismos no sabemos ver.

¿Por qué no encontramos lo que nos une? ¡Dejemos de quemar banderas y constituciones! y ¡Demos luz a la unidad universal!

La clase política está promoviendo justo lo contrario desde las instituciones del Estado y esto ocurre porque se han instalado en el problema y no en la solución. Se dedican a quejarse, a increpar y juzgar al otro como si no fuera un igual, como si por tener otra ideología, no tenga derecho a ser respetado.

Están promocionando la división entre el pueblo español y yo me pregunto: ¿porqué? Desde la observación objetiva veo en la clase política en general, saliéndome del cuadro, rostros desencajados de ira, miradas cargadas de odio hacia el contrincante, dedos que señalan la culpa del otro, cuerpos tensos preparados para asestar el golpe, oigo palabras feas, agresoras y vacías que maltratan la integridad de cada uno, observo que usan sucesos de la vida privada de cada uno como arma para causar heridas que jamás sanarán.

Echo de menos, gestos de empática sonrisa, miradas para entablar el diálogo, manos que se extiendan hacia la concordia, cuerpos comprometidos en la unidad en la diversidad humana, palabras colmadas de Paz en su sentido más extenso para encontrar la solución entre todos, que la vida privada de cada uno y sus circunstancias vitales tan solo sirvan como experiencia para aprender, sanar y abrir caminos hacia el consenso.

Mi artículo no pretende ser ninguna enseñanza, sino «un recordar» evidencias a aquellos que se den por aludidos y que han perdido su centro como personas humanas racionales dedicadas al servicio público.

Se lo dedico a nuestros representantes políticos, gobernantes y jueces en los que depositamos nuestra confianza cada cuatro años en las urnas, les recuerdo su compromiso adquirido que es «el deseo de la nación Española» que recoge el preámbulo de la Constitución y cito textual: «Establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran, en uso de su soberanía«.

Mi buen amigo, Esteban Ibarra me contaba en mi programa radiofónico «Todos en Libertad» que el alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván, refrendaba mi teoría del preámbulo de la Constitución Española como suficiente para el «buen gobierno» ¡qué pena que no tenga carácter de norma ni fuerza jurídica!

El preámbulo casi nos cabría en un tuit (he contado 146 palabras) y nos debería bastar para autogobernarnos a todos los españoles, porque cuando nos referimos a la soberanía nacional, ésta reside en el pueblo, recogido en el art. 1.2 de la C.E y en el preámbulo ya lo argumenta así: «Consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular»

El preámbulo también tenía sus detractores que no querían reparar en su redacción, por ahí he encontrado cómo era el párrafo inicial, miren: ‘El pueblo español, después de un largo período sin régimen constitucional, de negación de las libertades públicas y de desconocimiento de las nacionalidades y regiones que configuran la unidad de España, proclama, en uso de su soberanía, la voluntad de: …’.

Y así hubiera rezado el final: «Por consiguiente, los representantes del pueblo español, ateniéndose al principio de reconciliación nacional, reunidos en Cortes, aprueban la siguiente Constitución: …»

El español es soberano en su España, en su familia, en su barrio, en su municipio, en su provincia, en su comunidad, en su nación ,en su país, en su patria, definitivamente en su ámbito territorial, así en el cuarto párrafo se resuelve así: «Proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones«.

Preámbulo de la Constitución Española de 1978.

¡Esto, se le ha olvidado a los que pretenden gobernarnos!, claro que alguno he oído por ahí que le había venido bien estar en la cárcel porque había tenido tiempo para leer la Constitución por primera vez. Deberían mirarse en los padres de la norma suprema del ordenamiento jurídico español que lo hicieron posible desde el consenso y en circunstancias políticas arduo complicadas.

Gabriel Cisneros Laborda, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón y José Pedro Pérez-Llorca Rodrigo  por Unión de Centro Democrático (UCD), partido que gobernaba en la etapa de la Legislatura Constituyente. Por la izquierda, Gregorio Peces-Barba Martínez Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Jordi Solé Tura Partido Comunista de España (PCE). Manuel Fraga Iribarne, Alianza Popular (AP), en la derecha y Miquel Roca i Junyent, en representación de la Minoría Catalana (CDC, UDC, PSC-R, EDC y ERC).

¡Fíjense! que el preámbulo garantiza «la convivencia democrática dentro de la Constitución de las leyes conforme a un orden económico y social justo«. Desde su entrada en vigor el 29 de diciembre de 1978 en sus diez títulos más el preliminar, la Carta Magna desarrolla este orden respecto a los valores que define: justicia (art. 24.1), libertad (art.10.1), igualdad (art.14 y 9.2) y el pluralismo político (art.6 y 7).

El olvidado preámbulo pretende «promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos un digna calidad de vida«. ¿Creen de veras que mintiéndonos con que van a bajar los impuestos promueven la «calidad de vida»? ¿Pretenden lograr progreso en la cultura y la economía con sus sueldos millonarios, sus prebendas y privilegios desde sus sillas parlamentarias? ¿Van a seguir recogiendo nuestras cosechas y quedándoselas con sus corruptelas?

¡Venga ya! ¡A costa de nosotros, honrados trabajadores!

Vamos a por el penúltimo párrafo: «Establecer una sociedad democrática avanzada«. Les lanzo otra pregunta. ¿Dónde y en qué lugar de sus programas electorales dedican medidas para proteger a nuestros científicos, literatos, artistas, investigadores, técnicos, ingenieros? Ellos son nuestras semillas de sabiduría. Esos que se tienen que ir del país porque no hay apoyo en I+D+I desde el Estado. ¿Qué están haciendo para retener talento?. Para avanzar se necesita tener un claro objetivo hacia el cual caminar todos juntos, remando en la misma dirección y apoyando a los que dedican sus vidas encerrados en laboratorios, pagando programas de su propio patrimonio o esperando años para cobrar un beca ya consumida.

Y por fin mi preferido: «Colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra».

Primero el verbo «COLABORAR» Del lat. collaborāre, me remito a la RAE. Trabajar con otra u otras personas en la realización de una obra. Contribuir (concurrir con una cantidad). Contribuir (ayudar con otros al logro de algún fin) COOPERACION: del lat. tardío cooperatio, -ōnis. Acción y efecto de cooperar y cooperación reforzada, en el derecho comunitario europeo, posibilidad de que varios Estados miembros adopten un régimen de integración más intenso en algunos ámbitos. COOPERAR. Del lat. tardío cooperāri. Obrar juntamente con otro u otros para la consecución de un fin común. Obrar favorablemente a los intereses o propósitos de alguien.

Relaciones pacíficas, colaborando y cooperando desde la paz, concebido como estado natural del ser humano. Desde la paz se construye, no se destruye. Desde la eficacia. es decir, académicamente definido, la capacidad de lograr el efecto que se desea o se espera, trascendiendo fronteras, y englobando a todos los pueblos del planeta. Además garantizando nuestros derechos y deberes universales cuando nos movemos fuera de nuestra patria por esa cooperación internacional.

El 6 de diciembre se cumplen 41 años de la aprobación de la Constitución española en referéndum con unos pilares básicos que garantizan los derechos fundamentales y las libertades públicas, la división de poderes y la soberanía popular. Una transición política «de diez», admirada en todo el mundo, superando una guerra civil, una dictadura, con una moderna Monarquía parlamentaria como forma política del Estado español (art.1.3) y una organización territorial instaurada en el Estado de las Autonomías.

Una Carta Magna con carácter de súper ley, codificada, extensa, rígida (pues ha de ser modificada, acabada y desarrollada en posteriores leyes y reglamentos como recoge en su Título X), democrática, popular, consensuada, garantista del orden público, normativa y ante toda refrendada por el pueblo español.

Los padres de la Constitución en el reencuentro de Gredos, en su declaración del 7 de octubre de 2003, en el Parador Nacional donde fraguaron el texto, sus principios y valores, tan solo desearon e insistieron que se respetaran las reglas del juego democrático y constitucional en las posibles reformas posteriores con el mismo espíritu de consenso y sentido de Estado con el que ellos lo construyeron nuestra magnánima Constitución española.

¡Tomen nota señores representantes políticos del Estado español! y el que no aporte, ¡qué se aparte!.

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