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Colombia, entre el coronavirus y la tormenta perfecta para una gran crisis

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El mundo se encuentra inmerso en una batalla contra una pandemia global que ya ha provocado casi 200.000 infectados y unos 8.000 fallecidos. Aparte de la tragedia humana que implica esta enfermedad y el dolor de los afectados, la economía también se resentirá por la crisis y afectará a todos; estamos ad portas de una recesión global y aún es pronto para medir el impacto que tendrá la misma en nuestras vidas. Ahora, con la decisión del presidente Iván Duque de imponer la cuarentena al país durante quince días, la economía se paralizará totalmente en Colombia. ¿De que vivirán los millones de informarles del país que necesitan de la calle para obtener sus ingresos?

Se comprobó que el único antídoto efectivo para frenar el contagio del COVID-19 (coronavirus) es el aislamiento social y público, evitando cualquier contacto con el exterior, y la cuarentena de poblaciones enteras, tal como se están haciendo en España, Italia y la misma China, pero el precio a pagar es bien caro: la parálisis casi total de la economía. El impacto económico de haber puesto en cuarentena a China, cuyos Producto Interior Bruto equivale casi a un tercio del mundial, tendrá consecuencias negativas para todos los mercados, incluidos los de América Latina y Europa. Se está frenando el coronavirus, obviamente, pero a un precio realmente altísimo que nos impactará a todos negativamente. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), considera que el COVID-19 constituye la «mayor amenaza a la economía global desde la crisis financiera de 2008» y estima que podría crecer a su ritmo más bajo desde 2009 debido al brote.

La revista española Política Exterior, al analizar la profundidad de la crisis, en un artículo de Eugenio Bregolat, asegura: «El impacto económico de la epidemia tiene efectos en cascada: se reduce el consumo en China y su importación; cae la producción china y su exportación, dislocando múltiples cadenas de producción globales; se reduce drásticamente el turismo chino (más de 150 millones de turistas en 2019), que además es el que más gasta, y el transporte aéreo internacional se contrae. Economías asiáticas muy conectadas con la china son las que sufren más. Japón está en peligro de entrar en recesión. Corea del Sur ha adoptado un plan de emergencia para hacer frente a la situación. Singapur anticipa una caída del 30% del turismo y prepara un programa de estímulo fiscal».

Ese efecto cascada de la crisis también está afectando a Colombia y el ejecutivo debería haber adelantando ya, como le han pedido algunos sectores y analistas económicos, un plan de choque con medidas urgentes, eficaces y realistas para hacer frente a la crisis que está en ciernes. Las primeras señales de que estamos muy cerca de una crisis global ya están aquí y afectan, directamente, a la economía colombiana. Por ejemplo, la caída en el precio del petróleo, cuyo barril ha caído hasta los 27 dólares norteamericanos, tiene mucho que ver con la contracción de la demanda por parte de China y otras grandes economías del mundo afectadas por la pandemia, como Italia, España, Corea del Sur y Japón.

Cierre de fronteras, descenso del turismo y hundimiento del Peso

Pero hay más señales, como el cierre de las fronteras  terrestres, aéreas y fluviales y las medidas tomadas contra los extranjeros que vengan de visita a Colombia, que provocarán una caída en la debilitada industria del turismo, ya de por sí bien exigua, con cuatro millones anuales de visitantes al año. La industria hotelera y el sector servicios, ambos muy relacionados con el turismo, se resentirán, y mención aparte merece el daño causado a la costa del Caribe con la prohibición de visita a los cruzeros que hasta hace unos días llegaban hasta Cartagena y Santa Marta, ciudades que se verán seriamente afectadas por la llegada de estos turistas y la entrada de divisas en sus matrechas finanzas. Entendemos estas medidas, claro está, si contribuyen a paliar el contagio de COVID-19 en el país, pero quizá deberían ir acompañadas de algunas ayudas al sector turísitico, que puede sufrir una grave crisis que incluso lleve a cerrar a numerosas empresas.

En lo que respecta a la pérdida de valor del peso colombiano frente al dólar, que ha pasado de las 2800 unidades en que lo recibió el presidente Iván Duque, a las casi 4200 actuales, hay que reseñar que esta caída tiene que mucho que ver con las debilidades propias de la economía colombiana que, al igual que le ocurre a otras latinoamericanas, está muy ligada a los commodities, es decir, a las materias primas como el petróleo. En cuanto los precios del petróleo bajan, y la tendencia actual es creciente y seguramente se consolidará en estas semanas de la pandemia, el peso colombiano cae automáticamente, entrando en un círculo vicioso del que es imposible sustraerse.

Sin la necesaria industrialización del país y la diversificación de la economía, escapando de la maldición del petróleo que ahora es mayor por la pandemia global que sufrimos, la economía colombiana siempre estará sujeta a esos vaivenes que, en el corto plazo, generan inflación, pérdida de poder adquisitivo, la consiguiente devaluación de la moneda nacional y la subida en los precios de los productos que importamos, que, por cierto, son muchos y básicos. Los optimistas, que en este gobierno, por cierto, abundan, aseguran que un peso alto con respecto al dólar aumentan las exportaciones pero es un argumento absolutamente falaz, tal como quedó demostrado en el año 2019, cuando las exportaciones bajaron un 5,7% según los datos del DANE. Quizá el mejor camino para la economía colombiana y poder escapar de esta dinámica infernal sería la dolarización.

El gobierno Duque debe de afrontar la actual situación con un paquete de medidas concretas, visibles y que lleguén a los sectores más golpeados por la crisis, como hoteles, negocios relacionados con el turismo, bares y restaurantes. Pero también a los millones de personas que viven en la informalidad. En general, se deben de tomar medidas de estímulo fiscal y apoyo económico directo, sin intermediarios que se roben los fondos, para todo el sector de servicios que, con toda seguridad, se verá ahogado económicamente en las próximas semanas. España, por ejemplo, ha aprobado un paquete para que las personas afectadas tengan una moratoria en el pago de sus préstamos de sus casas y negocios, la exoneración en el pago a los servicios sociales y un paquete de ayuda a las familias que garantizará el acceso a los servicios básico, tales como agua, luz  y gas, pero también las telecomunicaciones. ¿Reaccionará Duque ante una crisis de tamaña magnitud? Veremos qué pasa, la crisis asoma y todavía no golpea con fuerza.

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