Hasta ahora, he escrito de algunos casos sucedidos en Centros Especiales de Empleo (CEE), pero hoy voy a hablar de mi experiencia en un Centro Especial de Empleo, que las ONG del Tercer Sector prefieren llamarlos de “iniciativa social”. La gran mayoría de estos Centros son lugares segregacionales, en los que se aplica el “amiguismo”, represalias si no sigues con la cabeza baja las indicaciones que te dan… Si, los Cetros Especiales de Empleo, han olvidado el fin por el que se crearon, proporcionar a las Personas Con Discapacidad (PCD) ofreciéndoles un empleo productivo y remunerado, adecuado a sus características personales además de facilitar la integración laboral de las PCD al mercado laboral ordinario.

En el mes de marzo se debatió, ante el Comité de Derechos de las Personas Con Discapacidad, el empleo inclusivo que recoge el artículo 27 de la Convención de los Derechos de las Personas Con Discapacidad, y las entidades más representativas, han defendido que los Centros Especiales de Empleo sean considerados EMPRESAS INCLUSIVAS argumentando que son los que brindan puestos de trabajo a las PCD teniendo en cuenta las “características personales” y que el mercado laboral no está preparado para ofrecer un trabajo adecuado al trabajador con discapacidad. Ahora paso a narrar mi “aventura” en COCEMFE TOLEDO SERVICIOS MÚLTIPLES (CTS), demostrando que no son “tan especiales” ni INCLUSIVOS y, lo que prima en primer lugar es el factor económico por encima de factor social.

Yo tengo una discapacidad sobrevenida del 42%, se me reconoció en el año 2.017 con carácter retroactivo al 2016, siempre he trabajado en el mercado ordinario, así que, para mí el Sector de la Discapacidad, era totalmente nuevo, (aún ahora continúo aprendiendo). Cuando al año siguiente me llamaron para trabajar en un Centro Especial de Empleo que forma parte del grupo de COCEMFE, y su razón social es CTS sito en Toledo capital, me puse a dar palmas con las orejas de la alegría que me dio, dejé un trabajo que tenía en el que estaba sustituyendo porque que pensé que era una oportunidad que no debía dejar escapar, ¡ilusa de mí!.

Para acceder al trabajo teníamos que hacer un curso de formación con compromiso de contratación, subvencionando la Administración Pública a COCEMFE, donde los alumnos recibíamos una beca para asistir al mismo. El curso tenía una parte teórica y práctica de una duración y de 4 meses de duración, una vez finalizado el curso, había que realizar 15 días más de prácticas en el mismo Centro Especial de Empleo finalizó el curso y, tuve la “gran suerte” de ser una de las pocas personas contratadas, pues según ellos “era muy buena con las formas”.

Comencé mi nueva andadura profesional con mucha ilusión, y ganas de aprender, pero pasaban los días y las semanas y no avanzaba, tan sólo me ofrecían los mismos trabajos que estuve realizando en las prácticas pero otra compañera, que comenzó a trabajar dos meses antes que yo, sin tener la necesidad de hacer el curso de formación y que tampoco había trabajado en la electricidad o electrónica, pues su experiencia laboral la desarrolló en una peluquería, ella si avanzaba, a ella la formaba y ayudaba de la jefa de equipo para que sacara adelante el trabajo de las formas, y si perdía cables, cogía alguna pieza de otra orden porque no faltaba una  pieza de la orden que estaba trabajando y que necesitaba o devolviendo el cliente algún que otro trabajo porque estaba mal.

El trabajo que realizábamos lo anotábamos en la “hoja de proceso” (documento simple donde se encarga de recolectar las tareas y los posibles pasos que se deben realizar para completar un trabajo) señalando el trabajo que cada uno realizábamos, pero en muy pocas ocasiones yo lo rellenaba. Llegó un día que tuvimos que hacer 200 enchufes con prisa porque el cliente los reclamaba con rapidez y realicé diversos trabajos, pero un compañero no me dejó incluir mi código en dicha hoja de procesos y la jefa de equipo no dijo absolutamente nada, al día siguiente, la jefa de equipo ante una pregunta que le hice me hablo dando voces, imagino que porque estaba nerviosa, la jefa de equipo me asignó un trabajo pero no me facilitó la información para realizarlo, me puse a buscar dicha información pero el compañero que no me dejó poner mi código se río de mi ante el error que había cometido, me senté y continué trabajando.

Al día siguiente estaba trabajando a primera hora, y dijeron no recuerdo que cosa que me hizo saltar como un resorte y dirigirme a la compañera que es mando intermedio para preguntarle con rabia y llorando de la impotencia ¿Por qué no avanzo? No lo entiendo y le expliqué lo sucedido con la hoja de procesos, subimos las dos para hablar y exponer lo sucedido con la hoja de procesos y, en ese momento comenzó mi tortura: la jefa de equipo me puso a trabajar en un “pocito” empleado para mantener en estado líquido el estaño, sin gafas de protección y en un lugar sin ventilación adecuada debido a los efectos nocivos que puede producir la inhalación de este metal. Al estar tantas horas seguidas durante un mes me acentuó las lesiones que tengo en un ojo que mi hizo acudir a la mutua por el dolor que sentía y el escozor en el ojo, cuando me incorporé al día siguiente le pregunté a la jefa de equipo que trabajo hacer y me responde “a ver, ¿qué te duele hoy?”. En las vacaciones me mandaron a cubrir las vacaiones de un compañero de trabajo que realizaba las funciones de Conserje en el edificio de la cerámica de Toledo. Cuando regresé en septiembre, me indicaron que volviera a la sección de Formas, donde la jefa de equipo me asignaba trabajos que no me explicaba cómo realizarlos y, mis compañeros dejaron de hablarme por miedo a represalias. Tengo que decir, que desde que volví de las vacaciones, la mando intermedio, cambió su actitud hacia mí, me explicaba el trabajo que debía de realizar y, por lo menos, me hablaba.

A consecuencia de este trato denigrante, y sin saber qué hacer, pues me sentía perdida, confusa, con miedo, sola y, rabiosa por la situación que estaba viviendo, así que cuando no me renovaron el contrato decidí denunciar y como hacía pocos meses me había afiliado a CCOO decidí que ellos llevaran mi denuncia, gran error. Me había informado una persona que conoce bien la situación que vivimos las PCD contratadas en los CEE (no todos de los CEE actúan así, pero por desgracia es la gran mayoría) de que el contrato había sido fraudulento, no me habían facilitado las gafas de protección y había sufrido acoso laboral, pero el abogado del sindicato me dijo era muy poco dinero lo que sacaría, que por el acoso laboral no pensaba hacer nada pues es muy difícil de demostrar, incluso teniendo dos personas que estaban dispuestas a declarar en caso de ser necesario, que tan sólo pensaba reclamar el despido por ser improcedente al haberme indemnizado por 12 días en lugar de 33 días a consecuencia de cubrir las vacaciones de mi compañero y haber desempeñado otro trabajo diferente para el que había sido contratada.

El miércoles pasado fue el juicio, que no llegó a celebrarse porque mi abogado me recomendó llegar a un acuerdo con la empresa pues si vamos a juicio no lograría nada más que lo que me correspondía y, así hicimos, porque deseaba terminar ya con esta página y pasar la hoja.

Pero lo que no entiendo es como la empresa (para mi no es una ONG ni un organismo de “iniciativa social, entiendo que con su actuación es una empresa) COCEMFE-CTS me propone un acuerdo porque no quiere tener problemas con la Seguridad Social, por las subvenciones y tampoco comprendo como un sindicato como CCOO acepta algo así, es cierto, lo que me dijo mi abogado, “es mejor un buen trato antes que el enfrentamiento en los tribunales, pero no en situaciones así”.

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