Ciudadanos no ha sabido qué decir ante la “oferta trampa” del PP para desbloquear la investidura a cambio de que Pedro Sánchez dé un paso a un lado y renuncie a ser presidente del Gobierno. El diputado de Ciudadanos y portavoz adjunto en el Congreso, Edmundo Bal, se ha limitado a asegurar que no ve posible esa opción porque considera que Sánchez quiere mantenerse en el poder “a toda costa” y, por tanto, no dará un paso atrás.

Sin embargo, el diputado de Ciudadanos no ha querido especular con la posición que adoptaría su partido ante un nuevo candidato presentado por el bloque de centro derecha (ya sea del PP o de Cs) ni ante la posibilidad de que otro político socialista intentase ser investido en sustitución de Sánchez. Es decir, ante ese escenario ficticio la formación naranja queda cortada, muda, fuera de juego, lo cual demuestra que detrás de su cruzada contra el “sanchismo” hay poco más que retórica españolista, unas cuantas caras bonitas y fuegos de artificio.

Esa falta de coordinación y sintonía en la estrategia de PP y Cs −los dos principales partidos de la derecha convencional hoy en la oposición− obedece sin duda a la lucha interna que ambos mantienen por la hegemonía del bloque conservador en España. Es evidente que tanto Pablo Casado como Albert Rivera funcionan por libre, desconfiando mutuamente, dándose la espalda y recelando el uno del otro, y cuando a Teodoro García Egea se le pasa por la cabeza una ocurrencia de última hora (como es que el candidato más votado por los españoles renuncie a ser presidente del Gobierno delegando en un aspirante popular con una birria de 66 escaños) no se la comenta a Inés Arrimadas para diseñar eso que en política se llama “diseñar una estrategia común”.

Quizá esa falta de reflejos políticos del partido de Albert Rivera se deba en realidad a que, llegado el lejano e hipotético caso de que Sánchez decidiera renunciar a la investidura en favor de otro candidato, los “naranjas” se quedarían de la noche a la mañana sin programa político, ya que Ciudadanos es un partido que vive por y para un solo objetivo: derribar al presidente del Gobierno en funciones a toda costa. El leitmotiv, la razón de ser de Cs, es precisamente el “sanchismo”, ese peligroso enemigo político que se han inventado los de Rivera en su cruzada nacional y que de no existir los dejaría sin argumentos, sin sentido, sin esperanza de vida. Ciudadanos vive de Sánchez como aquel matavampiros Van Helsing vivía de la existencia del Conde Drácula. Desaparecido el mal, en este caso el mefistofélico presidente del Gobierno en funciones, cabría preguntarse a qué se dedicaría la “banda de mariachis” de Rivera (como los calificó muy acertadamente el peneuvista Aitor Esteban desde la tribuna del Parlamento), y todo hacer pensar que los integrantes del proyecto cítrico de Albert quedarían sin rancheras, sin partituras y sin milongas que cantar y contar.

Ante esa falta de relato político no extraña que Bal haya tenido que improvisar un relato sobre la marcha: “Nosotros vamos a seguir diciendo que no a Pedro Sánchez, como le prometimos a los españoles que nos votaron”, insiste mientras reitera que el candidato socialista es “un peligro para España”. Además, Bal se pregunta: “¿Alguien se imagina a Pedro Sánchez dando un paso al lado? ¿Alguien se imagina esta situación cuando el plan de Pedro Sánchez es permanecer en el poder a toda costa?”. Y cierra su “complejo” y elaborado discurso solo apto para colegiales de la escuela Primaria recordando que corresponde al rey encargar la formación del Gobierno a un candidato, en este caso al líder socialista, que “ha fracasado en su acuerdo con Podemos”.

“¿Alguien se imagina de verdad a este PSOE, que es el partido de Sánchez, con un Sánchez que, por el bien de España y en un alarde de generosidad, da un paso al lado y deja pasar a otro candidato simplemente para formar Gobierno? Yo no lo veo, yo no lo creo”, vuelve a la carga Bal. Ante lo cual habría que plantearse: ¿Y si el líder socialista lo hiciera en un supuesto remoto casi imposible? ¿Y si el presidente en funciones, llegado el caso, decidiera ceder el bastón de mando a otro candidato socialista para desbloquear la situación? ¿De qué iba a vivir entonces Ciudadanos?

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