Está claro que Súarez Illana tiene patente de corso en el PP. El hijo del otro Suárez (Suárez el grande) se saltó la disciplina de partido durante el debate en el Congreso de los Diputados del pasado día 11, en el que votó en contra de la retirada de las medallas al policía torturador del franquismo Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño. Recuérdese que el vástago del Ulises de la Transición optó por apretar el botón del “no” porque, a su juicio, la iniciativa presentada por el PSOE y Unidas Podemos buscaba “hacer saltar la Constitución” y “destruir la convivencia entre españoles”. En realidad, nadie en el partido entendió que Suárez Illana estuviera en contra de retirar las condecoraciones al mayor carnicero de Franco. Sin embargo, ayer mismo la dirección del Grupo Popular en el Congreso dejaba sin sanción el acto de rebeldía del díscolo diputado, que también ejerce de secretario cuarto de la Mesa de la Cámara, por lo que su deserción debería ser más castigada, si cabe, ya que a mayor rango más pena y más multa.

Cuentan fuentes parlamentarias bien informadas que ha sido la portavoz del Grupo Popular, Cayetana Álvarez de Toledo, la que ha absuelto a Illana y ha impuesto su criterio para que el diputado no sea finalmente sancionado. Cayetana siempre ha defendido la libertad de voto para asuntos de “conciencia” como el aborto, la eutanasia, el matrimonio homosexual y la gestación subrogada. Sin duda, a ella se le debe que al final no haya habido multa de ningún tipo para el polémico disidente. Incluso le habrá puesto una medalla, nunca mejor dicho.

En un partido como el PP que es ante todo, y por encima de todo, disciplina, que alguien se permita el lujo de romper precisamente la disciplina no deja de tener su ironía y su aquel y dice mucho de la crisis de identidad por la que atraviesan los populares. Es como ir contra las esencias fundacionales, reaccionarias, totalitarias. ¿Qué será lo próximo, convertir el Partido Popular en un ente asambleario? ¿Llevar cada decisión que se tome en Génova 13 a un Vistalegre de la derechona, a la manera de Podemos, solo que con champán caro en lugar de calimocho y birras? ¿Permitir que cada uno dé su opinión y vote las cosas según le venga en gana? Es una auténtica vergüenza para un grupo político que pretende quitarse de encima el estigma de “derechita cobarde” que le ha colgado Vox.

Si el PP empieza a dar libertad o libertinaje, corre el riesgo de que sus diputados crean erróneamente que todo el monte es orégano, que la política es jauja, y terminen razonando por su cuenta, siendo autónomos, soberanos, libres. Ese es el primer paso antes de dejarse seducir por la peligrosa democracia. No, con Vox apretando fuerte por detrás y marcando el paso hacia el nuevo franquismo, veleidades y caprichos como los que se le permiten al Hijísimo, por mucho que sea el heredero de Suárez, suponen un arriesgado coqueteo con la pluralidad, con el pensamiento crítico, con la razón. Es el final del PP.

Pablo Casado debería estar preocupado por el asunto. Lo del insumiso Suárez Illana es mucho más grave que el giro ultra del partido; más importante que el informe que el PP ha hecho circular por Bruselas para que la coalición de supremacistas holandeses y arios finlandeses recorten las ayudas a la reconstrucción de España; mucho más serio y trascendente que las encuestas que apuntan a que el PP casadista no termina de despegar pese a la que le está cayendo a Pedro Sánchez con la pandemia. Si don Manuel Fraga Iribarme levantara la cabeza, le daría un parraque, se llevaría un buen disgusto y tomaría, sin dudarlo, cartas en el asunto. El gran patriarca de la derecha del 78 carraspearía enojado con aquella jerga incomprensible que le entraba cada vez que le tocaba oponerse a un avance importante hacia la modernización de España. De vivir todavía, Fraga adoptaría su habitual rictus severo y le preguntaría solemnemente a Casado: “¿Pero qué demonios es este sindiós donde cada diputado va a lo suyo?” El ministro del bañador diez tallas más grandes que se sumergió en el Palomares nuclear jamás hubiera consentido estrellitas ni estrellazas como Illana, como tampoco consintió tutelas ni tutías. 

Si las huestes del PP empiezan a desmandarse y a votar indisciplinadamente, al libre albedrío, el partido corre serio peligro de implosión, de convertirse en un movimiento asambleario donde cada cual vota lo que le rota. Un partido de derechas de jerarquía castrense y pensamiento único en el que se supone que las filas deben estar siempre prietas debe andarse con cuidado con eso de romper la disciplina del voto.

Sorprenden los vientos de libertad que parecen correr en la bancada popular. Este es un PP blando, marianista y maricomplejines otra vez en comparación con aquel de la mano dura aznarista en el que los diputados votaban en comandita, todos a una, cagados, y sudaban la gota gorda y les temblaba la mano cuando llegaba la hora de apretar el botón rojo o verde y Aznar levantaba el dedo tirano y acusador. Pobre de aquel que se desmarcaba de la postura oficial en temas fetiche como el aborto, el matrimonio gay o el Plan Hidrológico Nacional. A Suárez Illana lo han dejado irse de rositas. Este PP ya no es lo que era.

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1 Comentario

  1. Esta señora que tan espabilada parece que se deje de indultar a nadie y que hable un poco del robo que hizo su gobierno a mas de 1500.000 españoles dueños del banco Popular.O no interesan mas las 300.000 FAMILIAS robadas por su gobierno?

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