Como los tiburones hambrientos y deseosos de morder cacho, Pablo Casado ha olido el rastro de la sangre. O mejor dicho: ha percibido el hedor de esa especie de peste medieval que es el coronavirus y que se extiende de forma imparable por todo el planeta. Ya tardaba el líder del PP en mojar políticamente en la enfermedad para sacar unos “votillos” de los que anda escaso tras los últimos descalabros electorales. Hoy mismo ha convocado a la prensa para criticar la gestión del Gobierno de coalición y para afearle a Pedro Sánchez que no haya dado la cara desde que se detectó el primer infectado en nuestro país. Casado afirma que si no ha abierto la veda antes ha sido por “responsabilidad” y “lealtad institucional”, algo de lo que carece absolutamente el PP. Cómo será la falta de sentido de Estado de “los genoveses” que han sido capaces de tener España paralizada y sin Gobierno, durante años, por razones estratégicas (principalmente que Vox no le diera el sorpasso) y por intereses particulares de partido. Para Casado, su propio bien personal es siempre anterior al bien de España, por mucho que se le llene la boca de patriotismo.

Con todo, debería tener mucho cuidado el líder conservador en tratar de rentabilizar políticamente una catástrofe humanitaria como la del virus de Wuhan, sobre todo porque la historia nos dice que cada vez que el PP ha gestionado una crisis de emergencia nacional ha salido mal parado. No hace falta recordar aquí la gestión de Mariano Rajoy en el asunto de los “hilillos” del Prestige, cuya nefasta dirección política nunca fue del todo depurada en los tribunales ordinarios; ni tampoco aquella sórdida actuación del Gobierno popular en el accidente del Yak 42, responsable de que los cadáveres de los militares fallecidos fuesen mezclados, unos con otros, en los ataúdes que finalmente fueron entregados a los familiares de las víctimas. Por no hablar de las mentiras tras los atentados del 11M, los bulos del titadine, el montaje de la Orquesta Mondragón y la manipulación fría y descarnada para que los brutales asesinatos del fundamentalismo islámico no afectaran a las elecciones generales que estaban a las puertas.

No, Casado no es el más indicado, como máximo representante de ese partido hoy en la oposición y en horas bajas, para dar lecciones de “responsabilidad” y control de la situación al Gobierno de Sánchez. Sin embargo, él se atreve con todo, todo puede ser material inflamable y explosivo para volar por los aires el Ejecutivo de coalición (a fin de cuentas eso es lo único que le interesa) y si ayer lo que más preocupaba a los españoles era la mesa de negociación con Torra, o la reunión del ministro José Luis Ábalos con la venezolana Delcy Rodríguez, hoy el mortal bichejo verde ha pasado a la primera página de su agenda diaria de actos sociales. Así es Casado, un hombre que improvisa su “estrategia de la crispación” sobre la marcha, mayormente cuando se levanta por las mañanas.

En las últimas horas, el mandatario popular le ha pedido al presidente socialista un “plan de choque económico” con bajada de impuestos para parar el impacto del coronavirus en la economía, un “paquete de medidas extraordinarias y urgentes” después de “semanas de espera” ante un presidente que, según él, “sigue sin dar la cara”. Por supuesto, ha aprovechado para insuflar el miedo en la sociedad ante lo que supondría una supuesta reforma laboral progresista (la defensa de las élites y la patronal vaya siempre por delante) y ha criticado la falta de explicaciones en la crisis del Covid-19, que ya afecta a cerca de un millar de personas en nuestro país. Ahora bien, ¿cómo puede Casado decir que no se están dando explicaciones oportunas a los ciudadanos cuando cada día, puntualmente, Fernando Simón, director del Centro de Emergencias Sanitarias, actualiza ante los periodistas de todos los medios el listado de contagios y medidas a adoptar? ¿Cómo puede el líder del PP cuestionar cínicamente el plan de actuación del Gobierno ante el coronavirus, una gestión que está siendo modélica tanto en información rápida y veraz como en capacidad de reacción y control de la epidemia? Casi al mismo tiempo del ataque del “leal y responsable” Casado, Sánchez ha anunciado la puesta en marcha de ese programa económico de medidas urgentes contra el coronavirus para paliar los efectos desastrosos sobre la economía.

Todos los países del mundo están sufriendo los estragos de un germen voraz que ha demostrado una capacidad de mutación y contagio fuera de lo normal. Pero, hoy por hoy, todos los expertos sanitarios coinciden en que nuestro sistema público de Sanidad (ese que Rajoy dejó gravemente maltrecho con sus terribles recortes) está haciendo todo lo que hay que hacer y que más tarde o más temprano nuestro país terminará pasando de la fase de contención a la de aniquilación del virus. Las crisis de salud pública deben ser gestionadas por los médicos expertos que saben de lo que hablan, y no por los políticos oportunistas que se dejan llevar por el hambre electoral. Tal es el caso de Casado, un hombre cegado por el virus de la ambición que es casi tan letal como el dichoso microbio de Wuhan.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre