La geografía gastronómica española tiene un Norte de excelencia. Al Sur, la buena mesa adopta variantes ayudada por la calidez de sus gentes y la calidad de la huerta, frutos de mar y carnes. Y si nos adentramos en Andalucía en cualquier punto hay un tesoro que explorar. Hoy el viaje de quien quiere comer bien, con el aval del oficio, veteranía y a precios más que razonables tiene como destino Dos Hermanas (Sevilla).

Sevilla creció las últimas décadas en todos los sentidos. La depresión de la Expo Universal de 1992, al igual que la sufrida cuando concluyó la Expo Iberoamericana de 1929, sirvió de acicate para renacer rememorando los mejores tiempos de Al Ándalus. El siglo XXI hizo que, en materia de oferta gastronómica, haya consolidado la renovación e innovación de la oferta.

A Sevilla, con 700.000 habitantes censados, la circunda una corona metropolitana que aglutinan casi 500.000 almas. La población flotante se calcula es unas 150.000 personas. Sus ciudades-dormitorio se reparten por la comarca del Aljarafe, Alcalá de Guadaira, Los Alcores y -Guadalquivir arriba- la campiña de Rinconada y Alcalá del Río. Dos Hermanas es la más poblada de todas, con casi 150.000 habitantes, y señas de identidad intactas. Estar pegada a la capital de La Giralda no mermó su orgullo, el mismo que reivindica territorio hasta el mismísimo Heliópolis, donde las viviendas se inscriben en Registros de la Propiedad de Dos Hermanas.

Su incombustible y querido alcalde, Francisco Toscano, es de los pocos socialistas que ha renovado mayorías absolutas por lo que hace, no por lo que cacarea la mayoría de sus colegas políticos. Llenó el pueblo de igualdad, rotondas, servicios y armónico espíritu vecinal.

El pueblo que alojó un castro romano (Orippo) y el campamento de Fernando III antes de conquistar Sevilla a los herederos del Califato tiene en el siglo XXI extensos polígonos industriales y lugareños constantes. Los nazarenos (gentilicio de Dos Hermanas) son tenaces y cercanos. Sus hijos más conocidos son el dúo Los del Río, el humorista bético Manu Sánchez o la escritora decimonónica Fernán Caballero (Cecilia Böhl de Faber). El evento más universal es la romería de Valme, donde la devoción nazarena palpita con una multitud que viene de cualquier parte a honrar la patrona.

Una de las joyas gastronómica nazarena que ya merece estrellas Michelín es Los Baltazares (Cristóbal Colón, 31) pero a la lista de lugares donde disfrutar almuerzos y cenas es interminable (algunas pistas: Ukelele, Pedro Abrasador, Jaula, Anema e Core…). ‘Casa Frasco’, no obstante, merece relato de sus atributos. La visita del cronista lo justifica por sus bondades.

 

HISTORIA FAMILIAR

Situado cerca de la Avenida 28 de Febrero, que articula en parte la localidad, ‘Casa Frasco’ está en c/ Sierra Elvira 2, Teléfono 657988671. El negocio está presente Facebook donde publican novedades y noticias. Su portal en la red tiene contenido (www.restaurantecasafrasco.com). Cuando llegamos a Casa Frasco el camino hasta su entrada y barra se hace agradable: huele a leña de encina, con la que asan la carne.

Ese olor sugiere y e invita a saciar la sed. Nos cuentan que ‘Casa Frasco’ tiene nombre masculino, el apodo andaluz de Francisco, pero las entretelas de la cocina y el servicio nació del intelecto y tenacidad femenina. Un clan familiar fundó el negocio en 1969 que congregó clientela con los años. El relevo generacional de la familia hizo realidad una reforma necesaria.

Cuando accedemos al restaurante nos quedamos tranquilos pues la caña bien tirada proviene de un barril de Estrella de Galicia, cerveza que arrasa en una Sevilla antes monopolizada por Cruzcampo. Más encantados nos sentimos cuando constatamos las buenas vibraciones del local. Se dota de tres amplios comedores, espacio para recreo infantil infantiles, cubiertas vegetales verticales en paredes, cocina a la vista del comensal y un servicio impecable. Solventa cualquier incidencia con profesionalidad y sonrisas.

El ambiente positivo que vemos de los comensales lo trasmite una decoración que relaja. No hay cristos, ni vírgenes, ni toreros, ni fotos rancias, ni iconos

La reforma integral del tradicional ‘Casa Frasco’ tuvo lugar el pasado 2017. Los patios inmensos donde antaño los padres de menores estaban encantados mientras sus hijos juegan y corretean, ahora son espacios funcionales decorados al estilo germano-escandinavo. Las madres siguen encantadas. Sus pequeños podrán jugar a su albedrío dejándolas disfrutar de tan buenos momentos frente a la comida que no debe elaborar en casa.

El ambiente positivo que vemos de los comensales en parte lo trasmite una decoración que relaja. No hay cristos, ni vírgenes, ni toreros, ni fotos rancias, ni iconos. ‘Casa Frasco’ marida esa veteranía que aloja desde su fundación hasta un siglo XXI donde el gourmet sale feliz tras conocer una joya buscaba y encontró.

 

CARTA Y BODEGA DE NOTA

En el ambiente flota que la carne estará en su punto pues la leña de encina hace lo propio. Ya la olíamos al entrar. Ese regusto campestre lo experimentamos en ’Casa Frasco’. La carta de entrantes es completa: tartares de pescado, chacinas, jamón bien cortado, tostas, quesos, ensaladas, tataki-sushi, verduras braseadas, salmorejos y una deliciosa torta aljarafeña con compota de manzana, foie y queso brie que encanta al más insensible.

Los frutos del mar (merluza, corvina, chipirones, rodaballo, mero, fritos, dorada y marisco) están a la altura de acompañar el fuerte del restaurante, sus carnes. Recomendable: bacalao gratinado con pesto de anacardos. Se eleva el listón hasta nivel hasta los elaborados portugueses, donde este pescado es plato nacional y tiene 365 recetas justo la de los días del año

Vayamos a las estrellas de ‘casa Frasco’ y lo que pide con más ahínco el personal. La caldereta de venado es sencillamente genial. Aromatizada al estilo tradicional. La sirven en ración abundante. Presa, pluma, entrecot, hamburguesa de buey, chuletón, solomillo, churrasco y novillo argentino completan la oferta para el cerdo ibérico, cordero, pollo y vacuno patrio. La brasa de carbón de encina sustancia el puntito de la carne. Las patatas de guarnición están casi tan buenas como las viandas, bien cortada con piel y fritas en su justa medida ¡Excelentes!. El guiso de cola de toro, carrillada de ternera y menudo (versión sevillana de los callos) completan el universo carnívoro de ‘Casa Frasco’. Nunca olviden degustar las lagrimitas de pollo, bandera de un Restaurante que también pone tapas en mesa, como debe ser.

Los arroces es otro de los puntales de ’Casa Frasco’. Arroz meloso (con carrillada y setas), marinero, negro -al nazareno modo-, rissoto de boletus o fragottini (toque cosmopolita de Frasco) nos recuerdan que la patria del arroz no vive en el Levante español. Los arroces precisan encargo en mesa, mínimo de comensales y paciencia merecen la pena. Además, ofertan versión vegetariana que quienes evitan las viandas en la ingesta agradece.

Tras el almuerzo o cena en ‘Casa Frasco’ el postre parece difícil tenga hueco en el estómago. Pero, a la vista de sus elaborados caseros, la codicia del comensal se hace presente y contagia hasta al menos goloso. Las torrijas son literalmente de pecado. Un dúo de helado y chocolate con frutos rojos es la primera credencial. Los ojos del chocolatero de turno persiguen tartas y otras delicias de las que mejor no dar más pistas para dejar que la magia que todo comensal espera se adueñe del cuerpo y alma.

La carta de vinos, tras un aperitivo de buen vermut, fino-manzanilla o cerveza vemos se sintetiza entre las denominaciones de origen españolas. Lo mejor es el precio por botella que, repetimos, es tan razonable que invita a repetir. En ‘casa Frasco’ la bebida no es sablazo, es parte de la comida.

La casa suele invitar a un chupito tras el almuerzo o cena. Entonces es cuando nos damos cuenta que estamos en un lugar especial donde, se insiste, el buen ambiente redondea una comida inolvidable. Los tres espaciosos comedores del restaurante se llenan con celebraciones.

Será, pues, cuestión de poner a Dos Hermanas en nuestros destinos gastronómicos. Encontramos mucho más que el orgullo nazareno. Lo que degustamos en ‘Casa Frasco’ no es azar. Vimos vanguardia, innovación, excelentes presentaciones de platos y un triplete cantidad-calidad-precio más que sobrado. La experiencia, si optan por visitar ‘Casa Frasco’, será disfrutada por cualquiera que quiera comer bien, en un lugar agradable y a precios, repetimos, muy por debajo de la excelencia que verificamos.

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