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Estimado Señor Gafo,

No nos conocemos personalmente, aunque el pasado domingo 26 de mayo sí nos cruzamos durante unos segundos. Le reconocí enseguida al verle llegar en su coche, que aparcó pegado a la entrada de su consulado. Y casi seguro que Usted también sabía quién era yo. Le estuve esperando tres horas, tal como su equipo probablemente ya le había informado a lo largo de la mañana. Al verle, me reincorporé de la barandilla de la escalera a la cual estaba apoyada y dibujé una sonrisa con la intención de saludarle. Pero fue Usted más ágil subiendo las escaleras por delante en pocos segundos, pasando a escaso medio metro mío sin ni tan siquiera mirarme a la cara. Su objetivo: refugiarse rápidamente dentro de su fortín. Pensé que habría preferido saludar primero a su propio equipo dentro, pues llegó a la hora de cerrar, a las 14h, como hacían los jefes antiguamente. Y pensé que luego, ya  finalmente, me autorizaría a entrar para dejarme hacer algo de mi trabajo de periodista, ni que fuera una escasa media hora. Me equivoqué en todo, claramente.

Como bien sabe, porque su correo consular genérico estaba en copia, la semana pasada solicité por escrito al gabinete de prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación para el cual Usted trabaja poder asistir a observar la cita con las urnas en su consulado. Es algo que los periodistas hacemos habitualmente. Pedimos acreditación, nos desplazamos hasta donde haga falta, observamos, preguntamos, analizamos y luego lo contamos. No tiene mucho más secreto. Me interesaba especialmente conocer mejor el trabajo de su equipo con relación al voto exterior. Cómo se prepara una valija diplomática, qué elementos se tienen en cuenta, si observan y tratan Ustedes la evolución de la participación de su consulado a lo largo del tiempo para ir siguiendo las variaciones y analizarlas, qué tipo de consultas les llegan, qué tipo de incidencias se encuentran, si teniendo en cuenta la primera experiencia con el voto electrónico en Suiza creen que podría funcionar en España… No eran muchas preguntas y las llevaba preparadas.

Sin embargo, cuando llegué a las 11h su equipo me informó que yo no estaba “en la lista de autorizados, como este señor representante del PP” que también se había presentado in situ, me  detallaron, y que por lo tanto no me podía quedar. Desde prensa me habían limitado el tiempo a la mañana, precisando que no podría quedarme más tarde del cierre ni ver presencialmente cómo hacen recuento ni las actas, y que las preguntas a los votantes debería hacerlas fuera. Unas condiciones que respeté, como no podía ser de otra manera. “Tendrá usted que esperar a que decida el cónsul si se puede quedar y si podemos hablar con Usted o no. Si quiere esperar fuera, llegará en un par de horas como mucho. Si me deja fotocopiar su DNI, le anotamos el móvil también y así se lo comunicamos para poderle dar una respuesta si lo considera oportuno”. Así lo hicimos. Dejé de insistir a su equipo y pensé que hablarían con Usted y se harían las comprobaciones con el MAEC. Salí fuera para poder hablar mientras tanto con alguno de los votantes que aparecían en cuentagotas. Como sabe, Suiza fue el 4º país con más peticiones de voto exterior para las elecciones del 26 de mayo, unas 9.000. Por esto estaba ahí.

La verdad es que yo ya sabía quién era Usted desde el minuto 1, Sr. Gafo, los periodistas siempre nos documentamos antes. Sabía de su tuit de julio de 2013, por ejemplo. Aquél de “Catalanes de mierda. No se merecen nada”, seguro que lo recuerda. Muchas catalanas y catalanes también. No le negaré que ese episodio me molestó. Leí que también el Ministro García-Margallo se indignó con su manifestación pública y la tachó de intolerable. Fue por eso que lo fulminó a las pocas horas. Por aquél entonces, Usted, más que militar, licenciado en derecho y diplomático, era adjunto al alto comisionado de la Marca España, dedicada la promoción exterior nada menos. Yo lo sabía todo. Pero con la mano en el corazón, le prometo que no se lo tenía en cuenta, pensé que tras sus disculpas lo podíamos aparcar. El domingo me disponía a hacerle las pocas preguntas de la manera más profesional que sé, exactamente igual que las he hecho en el pasado a cualquier otro cónsul. Tras 3 horas de espera, cuando lo vi llegar derrapando pensé “bueno, ha sido largo pero ya está aquí”.

Pero en lugar suyo envió al pobre funcionario que ya me había atendido por la mañana, y luego encima al canciller, con un mensaje claro. “No le atenderá, no puede responder preguntas, nadie podemos”. De nada sirvió que empezara a buscar el mail de confirmación de su propio Ministerio. “Son las directrices, no podemos hablar con nadie, tenemos unas normas que seguir. Lo siento. Es que aunque me enseñe la autorización del mismo MAEC por escrito, es igual. Tampoco le atenderá”, apostilló su canciller. El funcionario miraba al suelo y el canciller, algo molesto, a mi coche familiar y a mis hijos pequeños, que seguían jugando en el parque colindante esperándome con su padre.

Usted fue director de protocolo de la Presidencia del Gobierno de 2004 a 2008. Se puede imaginar lo poco protocolario que es dejar a la espera a un periodista durante toda una mañana, plantándole luego pese a haber hecho todos los pasos previos correctamente. Tampoco es Usted un novato en el cargo de cónsul: ya había sido embajador del Líbano hasta 2012, y luego de su destitución, el MAEC lo tuvo fuera de la luz pública un año antes de devolverlo a primera línea como cónsul general de España en Melbourne, Australia. Un buen premio al que siguió el de su nuevo nombramiento como cónsul de Zürich hace pocos meses. Sabe, he estado en otros consulados y he hablado con otros cónsules colegas suyos anteriormente. Y la verdad, debo decirle que siempre me he encontrado con gente educada, siempre me han tratado bien. Le diría más: muy cerca de su consulado, en Stuttgart, su homólogo, con una carrera diplomática impecable, me convenció con su trato a la vez exquisito y prudente, una excelente combinación. Lo que no quiso responder con palabras, lo hizo con un silencio y con una sonrisa, una opción muy diplomática de la que podría Usted aprender si lo que le molestan son las preguntas de una periodista.

Me ha decepcionado Usted, como profesional y como persona. Porque ni los catalanes ni los periodistas nos merecemos este trato ni este desprecio. Las ciudadanos y ciudadanos entendemos que el suyo es un trabajo de representación de todo un país y de vocación de servicio público. Por esto se le paga un sueldo del erario público. Puedo entender que prefiriera esconderse detrás de dos funcionarios, siempre es más cómodo. El valor, como todo en la vida, depende de cada persona. Como la dignidad, la cortesía y el savoir-faire, cualidades que deberían ser requisitos sine qua non para podo representante de la diplomacia en general.

Pero por encima de todo, el derecho a la información es un derecho fundamental en cualquier democracia. Le ha hecho un flaco favor al MAEC y a su estrategia para mejorar la imagen de España en Europa principalmente y por el mundo. Actitudes como la suya hacia la prensa (procuro pensar que no tiene nada que ver con que me pueda considerar Usted una “catalana de mierda”), e incluso hacia mi condición de ciudadana, no sólo no ayudan a que la sociedad conozca y entienda mejor a qué se dedican sus representantes, sino que la falta de transparencia y la arbitrariedad añaden suspicacias y dudas hacia el trabajo probablemente bien hecho en muchos otros consulados que ninguna culpa tienen de su manera de liderar y de reaccionar. Si no hay nada que esconder en cómo trabaja y actúa su consulado, no ha escogido usted la mejor manera para demostrarlo.

La vida es una secuencia de aprendizajes. En mi caso, procuro que me sirvan para cada nueva experiencia. Sería constructivo que también fuera así en su caso, si es que su vocación es la de seguir formando parte del cuerpo diplomático para representar a su país.

Reciba un cordial saludo de quien ya ni espera ni desea ninguna respuesta suya.

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Periodista especializada en relaciones y comunicación internacional. Actualmente vive en el Bodensee, en la frontera germanosuiza. En los últimos 15 años ha trabajado de asesora de comunicación corporativa para organizaciones públicas y privadas tanto a nivel europeo como español y catalán.

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