PSOE, Ciudadanos y Podemos han presentaran esta mañana, ante la Fiscalía Anticorrupción, el expediente correspondiente al Campus de la Justicia de Madrid. Un proyecto megalómano que terminó en un gran fiasco de Esperanza Aguirre al frente de la Comunidad de Madrid.

El Gobierno de la expresidenta, Esperanza Aguirre, despilfarró 105 millones de euros en la que iba a ser la ciudad de la justicia más grande del mundo, según sus propias declaraciones, cuando se instaló la primera piedra, en la que, por cierto, se invirtió la friolera de 1 millón de euros. Era el año 2007. Aguirre pretendía reagrupar todas las sedes judiciales, menos las nacionales como Tribunal Supremo, Constitucional y Audiencia Nacional, en un único espacio en el nuevo barrio de Valdebebas, entre el Aeropuerto de Barajas e IFEMA. Sería una imitación a la Brasilia administrativa, pero judicial. Edificios ultramodernistas y diseñados por los mejores arquitectos del mundo.

Para gestionar la inmensa obra se creo la sociedad Campus de la Justicia. Se la dotó económicamente de 130 millones de euros y 1 años después el proyecto se cerro definitivamente. Su patrimonio asciende a 25.082.339 y un solo edificio que a estas alturas nadie sabe para qué sirve, y a qué destinarlo.

Los 105 millones gastados inútilmente en este faraónico proyecto han ido a parar a un saco roto sin fondo ni provecho. Al parecer el dinero se ha gastado en auditorías y más auditorias, abogados, gestorías que cobraban por minuto de trabajo, y también en resarcir a arquitectos que proyectaron edificios pero que al final no se construyeron, entre ellos, el británico Norman Foster al que ha habido que abonar 10.6 millones del total de 13 que reclamó por proyectar dos edificios judiciales de los doce proyectados. A Foster se le ha pagado esa cantidad pese a que el Campus no encuentra el contrato que en su día firmó Aguirre con él.

Otro de los muchos gastos inútiles que ha soportado el Campus es el relativo a las nóminas de los empleados. Una veintena. Tras el parón del proyecto, la plantilla se fue reduciendo, pero el Campus siguió pagando nóminas, con los trabajadores cruzados de brazos, hasta mediados de 2012.

El único edificio que se mantiene en pie, y de seguir abandonado, por poco tiempo, es lo que iba a ser el nuevo Instituto Anatómico Forense. Un edificio con forma de Donuts, visto desde el aire, y que ya ha tenido que ser desconejado en varias ocasiones. Su volumen (14.000 metros cuadrados) triplica con creces el del actual ubicado en la Ciudad Universitaria y una capacidad para 195 nichos, capaz de asumir tanta cantidad de víctimas como la de los atentados del 11-M.

El relanzamiento de las obras hubiera supuesto un presupuesto cercano a los 500 millones de euros, pero en 2008, en plena crisis, la Comunidad de Madrid, decidió cerrarlo definitivamente.

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