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Cada 9 meses hay que actualizar el programa vacunal

Javier López Astilleros
Javier López Astilleros
Guionista audiovisual y analista político
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análisis

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Verasme quedar más sano que una manzana

A la caza del disidente

Vistamos de amarillo al discrepante

Viernes 17 de diciembre: “hoy la radio lamenta la pérdida de un gran tipo, de un superclase de los superclases que he conocido: Juan Antonio Jurado, compañero de Canal Sur. La voz más hermosa de la radio española. Hombre joven que ha visto su vida truncada por la COVID. Estaba vacunado”: Estas son las palabras de un periodista de una conocida emisora de radio. Ni una sola crítica, ni una sola suspicacia ante un fiasco más transparente que una casa de vidrio.  

Muchos profesionales y científicos han fiado su prestigio, su carrera, a una manipulación que es política. Sin embargo, un simple ejercicio de honestidad es suficiente para arrasar con esta tormenta de citoquinas destructora de los derechos naturales en que se ha convertido la política.

Los censores se multiplican, pero disfrazan su discurso de responsabilidad, cuando todas las pruebas apuntan a una tiranía ejercida por mediocres. Por eso, los hipócritas se revuelven ante el alegato “antivacunas” de la Polla Récords en Vitoria hace unos días.  El cantante lucía una estrella amarilla. Luego, a la señal, dos mujeres de la asociación Bizitza subieron al escenario para flagelar al monstruo del pasaporte sanitario. Ramiro González señor diputado general de Álava, se escandalizó: ¡Era un concierto subvencionado!

Qué extraño y obediente país, ciegamente plegado a las consignas políticas. Hay un punto de crueldad en todo esto: ¿Quién imagina que los colegios de médicos, algunos políticos y ciertos popes económicos están sospechosamente equivocados? No puede ser, y, sin embargo, es muy probable.

Solo la ficción tiene visos de transformarse en una realidad lisérgica, y por eso Pfizer ya forma parte de la CEOE. Desde esta perspectiva, es lógico que la patronal pida una “vacunación” universal, gratuita y obligatoria. Los estrategas del miedo conocen de sobras que la seguridad y el reconocimiento social están por encima de la razón, por eso dejamos para la posteridad la respuesta a unas cuantas preguntas:  

¿Qué sucedió en las residencias? ¿Por qué no hubo autopsias? ¿Por qué en España, justo ahora, hay un aumento alarmante de la mortalidad no atribuida a la COVID según la Monitorización de la Mortalidad diaria (Momo)? ¿Por qué no publican abiertamente los componentes exactos de todas las marcas? ¿Existen ingredientes no declarados? Puesto que son unas inoculaciones tan universales, es de interés general conocer sus elementos uno por uno, someterlas al escrutinio público y a un debate científico abierto ¿Qué burla es esta? ¿Por qué entre sus efectos secundarios están la inflamación de los tejidos que rodean el corazón? ¿Por qué confiamos en farmacéuticas que han sido condenadas en firme por sobornar a sanitarios y políticos en todo el mundo? ¿Por qué no publican los contratos con la UE? ¿Por qué vacunan a los niños cuando no enferman gravemente? ¿Por qué se confina a población sana? ¿Por qué se consideran enfermos a personas que no presentan síntomas? ¿Por qué se utilizan las pcr cuando no son pruebas diseñadas para diagnosticar una enfermedad? ¿Qué sucede con los falsos positivos? ¿Por qué se da un pasaporte verde a inoculados que pueden contagiar y ser contagiados? Ahora, los pasaportes caducan a los 9 meses ¿Hasta cuándo? ¿Por qué marginan a los no inyectados? ¿De qué sirve la Constitución y los tratados internacionales? ¿Por qué coaccionan a los trabajadores para que se inyecten? ¿Por qué son obligatorias las mascarillas quirúrgicas cuando no detienen un virus nanométrico? En definitiva, ¿Por qué ciertas autoridades políticas, representantes de la soberanía nacional que reside en el pueblo, inducen al odio y al apartheid por motivos sanitarios sin que nada pase? Que a nadie extrañe: han aumentado un 250% los suicidios por la pandemia.

Hay una epidemia de reputación pública. Así es: es una cuestión de crédito, porque la reputación se basa en lo que los demás piensen de entidades o personas. El crédito siempre es externo, condicional y dependiente. Desde una perspectiva histórica así ha sido siempre: la limpieza de sangre, la ortodoxia, la raza, etnia, la nación, están basadas en la impresión que se causa a los demás y la percepción que se tiene de sí mismo. Toda identificación debe de ser aprobada por la totalidad so pena de acabar señalado.

Son tan abrasivos los dictados que hemos quedado petrificados por el rayo. Los ministros europeos no aprueban medidas sanitarias, sino decisiones políticas dictadas por la abeja reina Pfizer, quien ya anuncia los confinamientos hasta 2024. Es tan obvia la estafa y la hemos interiorizado de tal manera, que no sorprende la compra por Pfizer de Arena Pharmaceuticals, empresa dedicada a la inflamación e inmunología: los mismos efectos más bien primarios causados por las inoculaciones que el VAERS estadounidense (Sistemas para Reportar Reacciones Adversas a las Vacunas) recoge.  

Las vidas y las muertes no valen nada cuando es el sentido común el que se rompe en jirones por el coso público.

Solo queda observar cómo reaccionará la gente cuando se conozca parte de la realidad. Tal vez una revuelta general es ofrecer gratis la cabeza del oso al cazador, porque resulta que el plantígrado está geolocalizado en todo momento y algunos medios auto denominados democráticos ocultan y humillan el pensamiento crítico. En su lugar, se rinde culto al pánico y al miedo consentido, un veneno servido por ciertos gobiernos de todo color político. Imagínense entregar los derechos fundamentales a auténticos incompetentes cuyo único mérito es la adicción a su secta e interés particular.

Es la razón la degollada en el altar de Mordor por un chantaje inaudito; la pérdida de trabajo y la exclusión de la sociedad a través de la censura más descarada ¿Quiénes son los responsables de los vetos en España y cuáles son sus mecanismos?

El hombre es un esclavo para sí y fabrica sus propios instrumentos de tortura. Educar en el miedo tiene peores consecuencias que la COVID, porque una generación acostumbrada al distanciamiento social, a las suspicacias, al odio cerval contra los discrepantes,  es una sociedad aniquilada en su soledad e histeria.

Bien es cierto que esta disolución de las estructuras también expresa lo peor de las personas: manipulables, frágiles y asustadizos. Ricos y pobres, poderosos y humildes quedan sometidos a un mismo horizonte de incertidumbre. Solo una sociedad esclava y sumisa es capaz de aceptar restricciones a la movilidad tan brutales hasta el punto de entregar los derechos naturales con una docilidad perturbadora.

Todas las evidencias apuntan a que los confinamientos, el aislamiento en las residencias, el abandono de la atención sanitaria, la soledad, la marginación, todas y cada una de estas enfermedades son la auténtica plaga. Algunos responsables político-sanitarios y mediáticos son los causantes de esta debacle, y en algún momento tendrán que explicarse ¿Cómo recomponerse ante el daño causado?

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