En temas de buena mesa algunos nombres confunden y no todo es lo que parece. Por ejemplo, el restaurante que hoy centra la crónica nada tiene que ver con La Mancha, ni con el Quijote. Tiene origen en Galicia y está en Sevilla. En Los Remedios, barrio relativamente nuevo no lejos de su centro histórico. El restaurante es una joya gastronómica que bien conoce ya su clientela. En una de sus paredes leemos: ‘Ya lo dijo Miguel de Cervantes, para comer el mejor marisco, vete al Sancho Panza y sigues pa’lante’.

Nécoras, bogavantes, centollos, bueyes de mar, langostinos, percebes y mejillones llegan desde Vilagarcía de Arousa con un sinfín de pescados

Los Remedios es el barrio colindante, en la ribera del Guadalquivir, a la orilla trianera. Antaño fue terreno de aluvión. En la posguerra el ‘Virrey’ Queipo de Llano construyó un núcleo pionero cercano al puente de San Telmo. La especulación del desarrollismo de los sesenta hizo lo propio para que ese barrio lo visitaran docentes y estudiantes de arquitectura. Se documentaban in situ sobre lo que hay que evitar en temas urbanísticos.

No obstante, Los Remedios tiene activos. Iguala las vanguardias en Málaga que debe a su ex pedanía de Torremolinos. Vivieron en los sesenta militares norteamericanos. Construyeron aeródromos de San Pablo y Morón. También, piragüistas y remeros olímpicos europeos que huían -en invierno- del agua congelada o estudiantes de español de todo el mundo.

En Los Remedios se plantó primer restaurante chino sevillano, otro mexicano (Panchito), hamburgueserías-pizzerías pioneras (Sloppy, Sergeant Pepper, Jimmys), disco-pubs (Mojama, Don Gonzalo) y bares de copas (Canasta, Quesería, Colores, Faetón, Petrarca, Skipper, Strawberry Hill). No faltan ‘barras americanas’ (Buho Blanco, Alazán, Mesalin’s, Halima…) y clubs deportivos (Náutico, Mercantil y Labradores). Es el barrio adoptivo del inolvidable rockero Silvio, con merecida calle allí.

 

Disfrutar frutos del mar

Ahora que se cumplirán los 500 años de la primera vuelta al mundo que capitaneó Magallanes y consumó el guipuzcoano Sebastián Elcano no está de más resaltar que en la misma calle, en los bajos de su número 19 (teléfono 954277452), está el restaurante Sancho Panza. Es la misma vía donde atracó Elcano, que arranca de Plaza de Cuba. Desde ahí iniciamos singladura hacia la mejor gastronomía. La que fusiona, además, Andalucía y Galicia en pescados, mariscos y carnes al fogón de la excelencia.

Alfonso Bugarín, un gallego que dio nombre al más veterano Bar de Los Remedios -esquina de calles Asunción y Fernando IVº, aglutinó una saga de hosteleros que aclimataron su buen hacer. Su hijo Alfonso regenta el bar que fundó el patriarca. Mantiene intacta su bondad en cerveza bien tirada, tapas y menús que despiertan las mejores sensaciones del comensal.

Pero Paco Bugarín Moriña agrandó la apuesta paternal por el barrio donde echó raíces esta saga gallega naturalizada al sevillano modo. ‘Sancho Panza’ lo lidera este veterano profesional. Capta a la perfección la sensibilidad y gustos del sevillano cuando está en la barra o sentado en su comedor. Lo encontramos plagado de motivos o detalles marineros y de esa Galicia grande en manjares de toda clase que tanto gustan al sur español.

Si en 1977 se funda el ‘Sancho’, ya consta como clásico de las tapas sevillanas. Marida -con equilibrio- tradición y lo mejor de la costa atlántica andaluza y gallega. La institución que es ya este restaurante cuenta con clientela fiel curtida por los años y el oficio de la innovación en productos de mercado y las temporadas para la huerta y frutas.

La cerveza espumosa y fresca antecede una nutrida y cualitativa carta de vinos. Resaltamos el Ribeiro en botella verde y poso auténtico que viene directo de Galicia. De tan célebres tierras celtas viene también fresco el mejor marisco que puede elegir elige el cliente (nécoras, bogavantes, centollos, bueys de mar, langostinos, percebes, mejillones). Llegan desde Vilagarcía de Arousa con un sinfín de pescados.

Al horno, fritos o a la parrilla recomendamos una buena mariscada en el Sancho donde se mezcla lo mejor del mar excelentemente hervido o al natural y a precios que están por debajo de su calidad y cantidad con respecto a otros restaurantes con más fama.

Las carnes de Galicia tienen un aparte en este Restaurante. La ternera que sirven desata las mejores sensaciones y se sirve al punto que sugiere el comensal. Le acompaña una guarnición. No orillaos la generosa carta de caldos de las mejores denominaciones de origen españolas. Todo hace que degustar esta carne roja sea una fiesta para el estómago y el corazón del mejor gastrónomo o aficionado No dejemos de lado las manitas de cerdo, carrillada y otros guisos singulares que llegan hasta la buena mesa.

Los guiños del Sancho en su apuesta por el rabo de toro, guisos, arroz con bogavante, pescaíto frito u otras carnes de la mejor textura salen airosos del paladar del comensal. Las incidencias en cuanto a expectativas del cliente se atienden ipso facto, algo de agradecer en la restauración. En este negocio demasiadas veces prima la facturación que la vocación de servicio debida a quien paga la cuenta. El mismo que debe salir plenamente satisfecho.

Los postres con cremas, nata, chocolate, huevo en el comedor del Sancho maridan delicias y sabores para los más golosos. No obvian los clásicos gallegos que rematan una comida o cena inolvidable. La copa de la casa no tiene mucha tasa. Orujos artesanos, chupitos de toda clase y ese café o infusión que rebaja la ingesta es el mejor final que podemos imaginar en esta casa donde rápidamente hay empatía entre el comensal, el servicio y bajo la supervisión de Paco, ubicuo restaurador atento a todo.

 

Tapeo y más

Quienes no optan por almorzar o cenar en el ‘Sancho’, como cariñosamente conocen este templo de la buena mesa, tienen a huevo su extensa barra. Los atiborrados exteriores están así los fines de semanas al mediodía o tarde u los fines de semana. Las horas del desayuno también son concurridas en la barra.

El personal que frecuenta el establecimiento reparte todas las gentes posibles. Encontramos desde el currante al repartidor hasta el más remilgado letrado no lejos de tertulias de magistrados, médicos o profesionales de empresas ubicadas en esta parte de Sevilla. Las familias tienen como ritual frecuentar las mesas del Sancho para compartir momentos gratos e íntimos en almuerzos y cenas, así como en celebraciones.

Una de las claves del éxito de este Restaurante es la calidad y atención de la brigada de camareros, su inmediatez y la cantidad que sirven en las tapas y raciones. El personal del ‘Sancho’ está también atento a las demandas del público al que cuidan y miman desde que se pisa el local. Nada queda al azar en este Restaurante que merece ser ponderado.

El tapeo del Sancho fusiona las delicias de la Sevilla eterna con nota. Vayamos al grano: rabo de toro, taquitos de jamón, espinacas con garbanzos, guisos, ensaladillas, aliños, carnes y pescados del fogón, del horno o la freidora. Es complejo tomar aperitivos en barra y después almorzar o cenar pues las cantidades y la calidad hacen difícil elevar el listón y espacio estomacal pues la satisfacción está asegurada.

Sólo resta indicar de este Restaurante que una vez que se visita quedan ganas de seguir navegando por la carta y propuestas del mejor pescado y carnes que podamos imaginar. El mercado y otros comensales hacen que haya o no determinadas delicias cuando las ansía el cliente. Por eso, las preferencias de cada cual no deben dejarse para última hora. Avisados quedan.

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