Fumando un cigarrillo, apoyado en la barandilla de mi balcón, veo la vida pasar mientras observo con atención a los vecinos de la manzana. A la joven del 6º B del 77 que desde que se percató de mi presencia casual en el balcón mientras ella miraba por la ventana y se secaba inocentemente con la toalla, recién salida de la ducha, ha aprendido que debe cerrar la persiana a cal y canto porque siempre hay ojos que la observan. Al vecino quincieañero del 93, cuyas hormonas bullen, que está todo el día detrás del estor traslúcido de su habitación observando a las vecinas, como la joven del 77 o las cuarentonas del 5ºC del 81 que se cambian de ropa con la ventana abierta. Al cabrón del 4º A del número 66, al que desde la cercanía de mi atalaya escucho darle voces a su mujer buscando la excusa más peregrina para humillarla, ya sea porque dice que se le ha quemado la cena, ya sea, loco de ira, acusándola de estar engañándole con el vecino de arriba. Todos sabemos que es un energúmeno, y algunos le hemos denunciado, pero ella siempre lo niega. En el patio, veo a los críos desbordar felicidad cuando juegan a policías y ladrones, al corro o al escondite. A los adolescentes que con su autismo tecnológico, se comunican a través de Instagram estando uno a medio metro del otro. A las madres y los todavía escasos padres que cuidan de sus retoños en los bancos que rodean el parque infantil, que conversan sobre esas nimiedades de la vida como el color del pelo de mi joven vecino Melitón teñido de azul cielo por una extraña promesa sobre su equipo de fútbol. A los rábidos de las botas militares y entrecejo bruno que intentan instruir a sus fieras en la hierba en la que luego juegan los críos al futbol, al pilla pilla o al balón prisionero, que acaban llenando de hedor sus casas cuando suben. Es el corro de bancos y taburetes del pueblo, modernizado en una comunidad de vecinos de veinte portales situados en un enorme rectángulo. El centro, donde se sitúa la piscina, el parque infantil, la hierba, los árboles, las flores, … Es la nueva plaza mayor.

Desde hace unas semanas, no soy el único que observa. En una de las acacias cercanas a mi balcón, una pareja de picazas ha comenzado a fabricar un nido. La hembra es la que teje los palos que formarán el nido, mientras que al macho, se le ve como teje entre la madera, unos lazos de color oro y plata que trae desde la asociación de vecinos, dónde hace unos días celebraron una fiesta de cumpleaños. Mis vecinos, han comenzado a contemplar con admiración al macho de la urraca. Desde sus balcones y sus ventanas observan y esperan con atención e inquietud, como en una película de suspense, cuando el macho se dirige hacia los banderines y las guirnaldas y se postra sobre el parterre con paciencia humana esperando que quede el campo libre, para cortar y volver con una de las tiras de papel de aluminio. Están obnubilados con el pájaro. No se han dado cuenta que mientras ella va y viene veinte veces y trae desde pequeños restos de brotes secos de los árboles hasta plumas pequeñas, él dedica la mayor parte del tiempo a esperar la ocasión para poder hacerse con un simple papel brillante colgado del dintel de la puerta del local dónde se reúnen los vecinos y subirla hasta el nido. Y por eso se creen que es más listo que la hembra, porque es capaz de cortar un trozo de aluminio, que hasta el aire es capaz de rasgar, y subirlo al árbol para que resplandezca. Y por eso, cuando sucede, aplauden como si fuera el emocionante triunfo épico de un acto heroico. Y por esto, no son capaces de ver quién es la que aporta el trabajo en la construcción del nido. Para ellos, eso no es meritorio. Total es algo banal. Coger un palo, subirlo al árbol, colocarlo en la rama, que se sujete, volver a bajar, volver a subir, entrelazar el último con el anterior para darle consistencia al nido y agarrarlo a la rama de forma que sea estable y seguro. Ni siquiera creen que esas acciones sean minucias porque no se han parado a ver. Solo tienen ojos para el resplandor del sol que, con el aire que mece las cintas de papel aluminio, va y viene como si tuviera vida propia.

Se han quedado tan ensimismados con el brillo que sale desde el nido, por las guirnaldas sutraídas, que no se han percatado que Don Urraco, ya no espera paciente a que no haya movimiento cerca del local asociativo sino que ha empezado a colarse por las ventanas y está llenado el nido de objetos brillantes: anillos, medallas, chapas de botella, alguna llave pequeña, … Algunos vecinos han empezado a comentar que les faltan algunas joyas. Dicen que hay un ladrón en la urbanización.

Desde mi ventana me descojono de la risa, porque no tienen ni idea de que el ladrón tiene dos patas, plumas y es tan descarado que, mientras Doña Urraca trabaja, él juega maliciosamente con un pequeño gato, al que picotea en el culo para que se enfade e intente atraparlo. Cuando el pobre gatito se acerca, él emprende el vuelo y se queda cerca esperando. Cuando el gato harto y cansado se da la vuelta, Don Urraco ataca de nuevo en el culo, y vuelta a la carrera.

Y mis vecinos, en la inopia admirando desde sus ventanas el brillo del reflejo del sol sobre los objetos del nido.


 

Brillantimo

El sol sale para todos, pero no todos tenemos sombra en la que cobijarnos.

¿Sabe usted que es este logo?                 

Fin de la pobreza, del hambre, derecho a la salud y al bienestar, a una educación de calidad, a la igualdad de género, al acceso al agua limpia y a los servicios de saneamiento, derecho a una energía limpia, sostenible y no contaminante, al trabajo decente y al crecimiento económico, a que la innovación y las infraestructuras sean el motor de la industria, reducción de las desigualdades, a vivir en ciudades y comunidades sostenibles, a reducir el consumo y a ser responsable en la producción de bienes y en su consumo, a establecer medidas que paren el cambio climático, a que nuestros mares sean vivos y libres de polución, a una naturaleza y ecosistema limpio y con futuro, a la paz, la justicia y a unas instituciones sólidas que defiendan los derechos y que velen por el cumplimiento de estos objetivos.

Esto que acaba usted de leer, querido lector no es el manifiesto comunista, ni el programa electoral de un partido de extrema izquierda. Estos, son objetivos que los líderes mundiales asociados a la ONU establecieron el 15 de septiembre de 2015 (cuatro años ya y el 98% de las personas sin enterarse) y para cuyo cumplimiento se establece como meta improrrogable el año 2030 y que hasta ahora, solo son papel mojado.

¿Había oído, leído o visto usted, querido lector, algo sobre esta campaña llamada “objetivos de desarrollo sostenible”?

Desgraciadamente vivimos en un mundo de obnubilados, ofuscados por la publicidad en el que casi cualquier tema es tratado como un producto que tenemos que comprar. Desde los bienes de consumo, a las ideas, desde la escuela, a la política. El culto al líder se ha convertido en un dogma de fe. Quién discrepa con él aunque sea mínimamente es un traidor a la causa. El que coincide con tus ideas es tu amigo hasta la muerte (o hasta que haya disensión) y el que te contradice es un cabrón hijo de perra. Si además ha sido de los tuyos, es elevado a la categoría de judas.

Todo es marketing. Un bonito escenario de cartón piedra sin nada detrás. Quién más brillante tiene el decorado, es el mejor. Quién no te hace pensar porque dice lo que quieres oír, es brillante y amable. Quién te recrimina y te insta a que reflexiones señalándote los charcos, para que si no los has visto, los esquives, es un amargado, un negativo y como líder tiene el futuro de un cubito de hielo a mediodía en el Aaiún. Y lo peor es que da igual que el líder hoy diga que a los tres de la mañana es de día y mañana que es de noche, porque le compramos el discurso como si nada. Mientras tú duermas tranquilo y tengas cama en la que dormir a esas horas, a ti la honestidad, la honradez, la dignidad y la conciencia te la traen al pairo.

El culto al líder ha llegado a ser tan importante que ya nadie monta partidos políticos como debiera ser, con sus reuniones, su establecimiento de estatutos, su discusión de ideas, sus propuestas para mejorar la sociedad, … No. Ahora se coge una persona, a ser posible famosa y si tiene labia, aunque hoy diga negro, mañana blanco y pasado colorado, mucho mejor y sobre esa persona se monta una candidatura a las elecciones. El ideario, el programa, etc., eso no es importante entre otras cosas porque nadie o casi nadie se lee los programas políticos, bi da valor a las propuestas y la mayor parte del electorado vota en función de simpatías y afinidades personales. Cada uno se preocupa por el “que hay de lo mío” y de lo demás se cree a salvo.

Fue un error aquel logo con la cara de Pablo Iglesias en las papeletas de voto y en la candidatura a las europeas. Aquello ha asociado a Pablo Iglesias con la idea del personalismo. Sin embargo uno de los peores errores cometido por Podemos fue el día que forzó a Carmena a presentarse a las elecciones municipales encabezando una candidatura que en realidad no era de Podemos, sino de innumerables fuerzas que veníamos luchando en Madrid contra el absolutismo, la sinvergonzonería y la corrupción del PP y que la formación convirtió en una cuestión de mercadeo político. Centrando la campaña no en las propuestas sino la lideresa.

Casi todos los partidos en la actualidad se caracterizan por el culto al líder. Nada más indecente que un Pedro Sánchez actuando de hijo pródigo. Un tipo cínico, miserable que es capaz de vender una burra vieja y coja como un semental pura sangre, aunque para ello tenga que justificar lo injustificable, como que la monarquía es la que mejor representa el espíritu de la república, intentar convencernos de que ha tratado de negociar un gobierno de progreso hasta el último minuto, a pesar de haberse reunido clandestinamente con la CEOE a principios de agosto para tranquilizar a los empresarios y asegurarles que íbamos a nuevas elecciones, a pesar de que RTVE sacara a concurso el decorado para la jornada electoral del 10 de noviembre a mediados de agosto y a pesar de haberse sentando con PODEMOS (según él para negociar) 8 horas en dos tandas de 4 en 140 días. El juego sucio, como la insistencia en la mentira de la violencia de los nacionalistas catalanes, es parte de su estrategia para conseguir votos.

En esta coyuntura de teatro, decorados lujosos de cartón piedra con guirnaldas de papel aluminio dónde destaca sobre todo el falso brillo, no podía faltar el chico que todas las madres querrían como yerno, porque nunca levanta la voz, dice lo que todo el mundo quiere escuchar, dependiendo del espectador a quién dirige sus declamaciones, tiene cara de niño bueno, va siempre vestido de forma popularmente correcta, bien peinado, a raya, y con el pelo de la largura de un español de bien. Y no esas rastas y coletas piojosas que llevaban sus ex-compañeros de partido. Así y aunque han tenido tiempo de sobra porque el nombre con el que van a concurrir a las elecciones lo registraron tres días después de las elecciones de mayo, han aparecido en el teatro político español con la forma moderna de hacer las cosas. Una candidatura sin principios morales, sin ideas preconcebidas, sin programa, sin estructura de partido, sin miembros fuera de Madrid capital y sin vergüenza, pero eso si, con un líder que goza del beneplácito de los medios de comunicación, de la patronal, del partido en el gobierno provisional y de esa clase pija, de la que ya hemos comentado en otros artículos que se creen progresistas porque donan sangre, tienen un niño apadrinado en el mal llamado Tercer Mundo, contribuyen con Cáritas España, con el banco de alimentos un día al año en un supermercado o manda un SMS de dos euros para alimentar a un niño que pasa hambre en África. Una clase que se auto denomina media, progresista, ecologista y feminista pero que no recicla, o lo hace mal, asiste a las manifestaciones contra el cambio climático en coche, protesta por no poder acceder al centro de la ciudad con su vehículo particular o por las tasas al gasoil, que apoya que lo importante no son las armas que matan inocentes sino los puestos de trabajo de las personas que las fabrican, y que aunque no se definen como racistas, creen firmemente que los inmigrantes vienen a robar y que mejor en Libia (aunque haya trata de mujeres) que aquí. Se creen feministas porque están a favor de que se puedan alquilar úteros y comprar vidas para que los ricos puedan jugar a ser padres, porque no necesitan un hombre que las mantenga y sin embargo se someten voluntariamente al mandato de su marido o creen que ser madres es una obligación de vida.

El programa electoral de este tipo sin escrúpulos, cuyos adláteres utilizaron los fondos que eran de Ahora Madrid para montar su propia formación política en Madrid, consiste en palabras huecas y objetivos etéreos que no impliquen compromiso. Luego cuando hay que actuar, como hicieron en Madrid cuando gobernaban con la Operación Chamartín o los Berrocales en Vallecas, o ahora votando junto con Ciudadanos, el PSOE y el PP (y los de la COZ) en contra de paralizar la privatización de los servicios públicos de orientación jurídica gratuita, en realidad se comportan como los de la flor de los 140 años, como un partido del sistema más que apuesta por banqueros, patronal y multinacionales a los que los trabajadores se la traen al fresco porque ya tienen su sillón.

Se parecen tanto al cínico vendehumos del PSOE que el otro día le preguntaban a la Rita Maestre, sobre la nueva formación y ella respondía: “No vamos a centrarnos en personalismos, vamos a centrarnos en hablar de las políticas que queremos llevar acabo”. Y el periodista le volvía a preguntar: “¿Sobre qué políticas?” y ella, tras la pausa de a quién le han pillado “off side” decía: “No sé. Todavía no tenemos programa electoral”. Pero si habían presentado públicamente la candidatura.

Todo se ha vuelto tan ruin y rastrero, tan extremadamente cínico que, a nivel nacional, hasta PODEMOS me parece el sueño de la izquierda. Y eso que salí escaldado.

Nuestra situación NO es culpa de unos políticos sinvergüenzas, cínicos y miserables. Es culpa nuestra que estamos atolondrados por el marketing (las cintas de Don Urraco que reflejan el sol) y ni prestamos atención a nuestro alrededor, ni lo que es peor, queremos saber lo que pasa. Todo el mundo dice querer tener servicios públicos que funcionen, sanidad y educación públicas y dotadas de suficientes recursos como para ser efectivas, queremos trabajar poco y ganar mucho, tener derechos, vacaciones e indemnización por despido. Pero tenemos tanta imbecilidad dentro, que actuamos conforme a las campañas publicitarias de los medios de manipulación y difusión del pensamiento único. Nos molestan las huelgas, nos molestan las reivindicaciones y hasta las manifestaciones si nos pillan en el atasco. Nos fijamos en chorradas como la campaña esa para que los diputados no cobren el sueldo por habernos llevado a unas nuevas elecciones, y sin embargo obviamos lo importante como las deudas de las formaciones políticas con los bancos que les impiden actuar en nuestro beneficio, las puertas giratorias, la pérdida de calidad de vida que se ha acentuado en los últimos 10 años, la pobreza de nuestros niños, que la jornada laboral se haya generalizado a los siete días de la semana, que los salarios sean más limosna que salario o que nadie puede ejercer sus derechos sin el miedo a ser despedido. Llevamos a nuestros hijos a la escuela privada que es sostenida con nuestros impuestos y creemos que la sanidad en USA esa mejor que la de aquí. Y aunque así fuera, no caemos en la cuenta de que el 80% de nosotros, no podríamos pagarla.

Es más fácil seguir al sol y agarrarse fuertemente a la colchoneta, mientras esta se acerca a la cascada, que intentar subirse sobre ella, ahogar al timonel que nos lleva directamente al precipicio, e intentar cambiar de rumbo, aunque sea hacia la orilla para evitar una muerte casi segura. Y somos tan estúpidos que a quién hace lo posible por hincarse sobre la colchoneta, le acabamos delatando para que no lo logre.

Me da todo tanto asco, tanta rabia y tanta impotencia que estoy pensando seriamente en ponerme las gafas de sol y disfrutar mientras dure.

Salud, feminismo, república y más escuelas públicas y laicas.

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Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.

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