Después de casi cuatro años de debates, votaciones, discursos encontrados y entre una gran controversia, esta noche el Reino Unido abandona la Unión Europea. En el referéndum de junio de 2016, la opción de abandonar la UE ganó por un escaso margen de 3 puntos porcentuales a la alternativa de quedarse y la población sigue dividida.

La retirada británica de la UE reaviva los debates sobre la independencia escocesa y la reunificación irlandesa, que dejan abierto el legado de Johnson. Mantener la unidad territorial del país será el mayor desafío del primer ministro.

Se trata de la primera vez que un estado miembro abandona la Unión Europea y a pesar del malestar que provoca esta ruptura en un alto porcentaje de la población inglesa Boris Johnson pretende convertir la jornada de hoy en una celebración y, según ha avanzado un portavoz de Downing Street, esta noche ofrecerá un discurso, una hora antes de que se materialice la salida del Reino Unido, para dar la bienvenida al «amanecer de una nueva era».

Además, los edificios oficiales del centro de Londres se teñirán rojo, blanco y azul, los colores de la bandera británica, y también en el palacio de Westminster, sede de las dos cámaras parlamentarias, que se decorará con banderas para celebrar una ocasión que Downing Street califica como «histórica».

Boris Johnson ha convocado al gabinete de Gobierno, en última reunión antes de la ruptura, en Sunderland, ciudad al norte de Inglaterra en la que el Brexit se impuso con holgura en el referéndum de junio de 2016.

Se trata de un fin de ciclo para algunos y del comienzo de un capítulo para otros, comienzo del fin para el Reino Unido y la Unión Europea tal como los conocemos.

El final de una relación de 47 años dentro de la Comunidad y más tarde en la Unión Europea no es suficiente para borrar siglos de historia. Con un acuerdo conciliatorio y de interés mutuo, el Canal continuará siendo un puente entre dos lados de la misma civilización.

A pesar del Brexit, Londres necesita aliados para mantener su influencia en el Mediterráneo o el Medio Oriente aunque Europa necesita el dinamismo de su mercado financiero. Londres necesita que la Unión cimente su vocación transatlántica, pero Europa necesita esta vocación para no asentarse excesivamente en Mitteleuropa que una parte de Alemania todavía ve como su jardín trasero.

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