Es evidente que Bottas, Valtteri Bottas, ha sufrido una actualización de software que se nota claramente incluso en su propio hardware de robot humano. No solo es el peso o la barba o que tome tranquilamente un cafecito antes de subirse al coche en las jornadas de entrenamientos libres. Es algo más: es el brillo en la mirada, la sensación de que tras esos ojos – el año pasado casi bovinos- las cosas se mueven ahora a increíble velocidad.

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? ¿Sueña Valtteri Bottas con el título mundial de Fórmula 1 2019?

Probablemente sí, aunque y como es bastante natural nadie cree en verdad en él. Y sobre todo quien no cree en Valtteri y sus posibilidades es su compañero de equipo: Hamilton, Lewis Hamilton.

El software de Hamilton no parece haber sufrido ninguna modificación, es más, por el aspecto del hardware del jaguar británico, está clarísimo que se siente y piensa imbatible for ever and ever, y aún hay más: se considera con derecho a exigirle al equipo que le siga dando preferencia y obligue a Bottas a retornar al papel de guardarruedas o escudero.

Lo ha dicho con toda claridad delante de los micrófonos de la prensa del mundo entero: Que no espere el público ver otra vez lo que sucedió con Nico Rosberg. Ahora hay respeto -¿¿¿respeto???- y lo primero es el equipo. Y el equipo es él, es Hamilton primero y Bottas segundo; y punto.

Pero sin embargo… esa velocidad tras los ojos de Valtteri Bottas. Ese software mejorado a niveles aún más impresionantes que los que consigue traer a los circuitos Mercedes…

¿Podría ser? ¿Por qué no?

Podría ser que Bottas 2.0 esta temporada dé la campanada; podría ser que fuese capaz de desobedecer las órdenes de equipo. Podría ser todo, incluso podría ser que Bottas obligase a Hamilton a actualizarse a una versión mejor de sí mismo, a buscar en su interior a un Hamilton 3.0; porque Hamilton 2.0 -seamos justos- existe ya desde hace mucho tiempo.

Lo tiene complicado, muy complicado y difícil, Valteri Bottas, pero: como todos sabemos por nuestros ordenadores y teléfonos móviles, las evoluciones de software a veces, raras veces, logran auténticos portentos.

Botas 2.0 contra Leclerc 1.0. Eso sería maravilloso este año. Los dos pilotos designados como segundos luchando por conseguir el campeonato mundial. Seguro que nosotros no somos los únicos a quienes encantaría.

Propongo a todos los lectores de Las Almas y la F1 que cierren los ojos y lo deseen con el corazón; Wishful thinking, le llaman los británicos. Es magia y no ciencia, pero aseguran los psicólogos que el pensamiento positivo: desear algo muchísima gente a un mismo tiempo, puede llegar a obrar milagros capaces de hacer palidecer a cualquier software o hardware actualizado.

Tigre tigre.

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