Si la obsesión del PP es resucitar a ETA como sea, en Bildu parecen añorar con nostalgia los tiempos de los GAL. Afortunadamente, todo eso ya pasó, quedó atrás en las negras páginas de la historia, pero los extremos no solo se tocan, sino que se retroalimentan en sus estrategias políticas de confrontación para resucitar viejos fantasmas. Durante décadas, la extrema derecha española y la izquierda abertzale vasca rentabilizaron el terrorismo: unos sacaron votos de las bombas y el tiro en la nuca; otros amortizaron las mazmorras de Intxaurrondo y los crímenes de Estado. Hoy el terrorismo y la guerra sucia son lacras superadas, pero paradójicamente siguen siendo temas recurrentes en el Congreso de los Diputados, asuntos de debate tan calientes como lo eran en 1981. Los radicales españolistas y vascos nos obligan a volver una y otra vez a los peores años del plomo, como si estuviesen deseando que la tragedia volviera a repetirse.

No cabe duda de que las derechas (PP/Vox) y Bildu siguen viendo negocio en el terrorismo del pasado y si traen esa guerra al presente es porque piensan que políticamente vende. Hoy mismo, en la sesión de control al Gobierno, la diputada de Bildu Bel Pozueta ha recuperado un capítulo de aquellos años tristísimos y ha apuntado a Felipe González, a quien “la CIA ha puesto nombre y apellidos como el Señor X de los GAL”, según ha asegurado dirigiéndose a Carmen Calvo.

Las palabras de Pozueta no eran más que un cebo para que la vicepresidenta primera entrara al trapo. Sin embargo Calvo, astuta, veterana e inteligente, ha evitado la confrontación en ese tema. A fin de cuentas el Gobierno no está para contestar a noticias de hace más de treinta años que periódicos de la caverna como La Razón resucitan en forma de exclusiva cutre para contribuir a la operación de acoso y derribo contra Pedro Sánchez. Según la noticia del diario ultraconservador, la CIA ha desclasificado varios documentos, entre ellos uno que data del año 1984 y que supuestamente afirma que González organizó los GAL. Noticias frescas las que da La Razón, como si toda España no supiese ya lo que ocurrió en aquellos años de atentados y cadáveres enterrados en cal viva; como si no se hubiesen escrito montañas de libros y cientos de reportajes al respecto; como si el juicio contra el terrorismo de Estado nunca se hubiese celebrado y la sentencia contra los muñidores de los Grupos Antiterroristas de Liberación siguiera todavía pendiente.

La Razón nos viene ahora con un supuesto documento de la CIA que no deja de ser un corta y pega de artículos de prensa de la época que los espías yanquis de entonces remitían a Washington. Todo ese papelamen amarillento lo recupera Bildu para señalar a González o al Señor X, como si los españoles no supieran a estas alturas de la vida toda la verdad sobre lo que ocurrió. Hasta el propio Melchor Miralles, el periodista de investigación que destapó el caso en la noche de los tiempos, tiene que salir en televisión para recordarnos que esto es la “ratificación” de algo “indiscutible”: que los GAL fueron “una organización terrorista organizada y financiada por el Gobierno presidido por Felipe González”.

Las exclusivas de hoy huelen a pescado rancio, tanto como el Régimen del 78 que se desmorona sin remedio y las ideas pasadas de moda de la extrema derecha de nuevo cuño. ¿Qué será lo siguiente, vendernos a cinco columnas y como una bomba periodística que el PSOE se financió con Filesa, Malesa y Time-Export? ¿Publicar como el mayor escándalo del momento que Luis Roldán era un señor malvado que se llevaba crudos los fondos reservados de la Guardia Civil? ¿Destapar que el felipismo fue un régimen carcomido de corrupción? Vivimos tiempos de periodismo mediocre, de política mediocre, de democracia mediocre. Los pseudoperiodistas de la escuela digital cuelan bulos y noticias recauchutadas a todas horas, mientras los políticos les ponen el altavoz en Twitter. El batiburrillo periodístico y el revisionismo histórico de ambos bandos propagan una niebla de confusión por toda la sociedad. Aquí cualquiera saca un reportaje rancio y caducado de hace lustros, lo mueve bien en las redes sociales y lo sirve en el Parlamento como si se tratara del exclusivón del siglo. Lo último de lo que nos enteramos, en el colmo del surrealismo patrio, es que los diputados de Bildu leen La Razón y no solo eso, sino que recortan sus informaciones para llevarlas al Congreso como pruebas de cargo contra el Gobierno de coalición. Esta vez los batasunos han adelantado por la derecha a Pablo Casado, que estará rabiando en su sillón al ver cómo los indepes vascos de la competencia le han levantado un tema letal en su golpe de Estado permanente contra Pedro Sánchez. Después de que la jueza del 8M haya dado carpetazo a la causa general contra el feminismo y a los dosieres de todo a cien de Pérez de los Cobos, el hombre fuerte del PP anda como loco buscando corruptelas socialistas por debajo de las piedras.

De momento, Calvo no le ha dedicado ni un solo minuto al asunto de Felipe González, que es cosa juzgada y archivada, y se ha limitado a contestar a Pozueta que el Gobierno continuará desarrollando la ley de memoria histórica para reparar a las víctimas del franquismo y a sus familiares y retirar las condecoraciones a quienes “no las pueden ni las deben tener”, como Billy El Niño. Eso es política de la buena, política de verdad que mejora la sociedad y la democracia. Lo demás no deja de ser humo, una mezcla de periodismo enlatado sensacionalista y demagogia populista.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre