Foto: Agustín Millán.

La presidenta (e.f.) del Consejo Económico y Social (CES) y secretaria de Políticas Sociales, Empleo y Seguridad Social de UGT, Mari Carmen Barrera, ha reclamado “la necesidad de desarrollar en todos los ámbitos europeos la democracia participativa, en la que desempeñen un papel fundamental los interlocutores sociales y los representantes de la sociedad civil organizada”, durante la presentación de la jornada, “El semestre europeo: la participación de la sociedad civil organizada española”.

“Es la hora de un mayor grado de integración europea”

Mari Carmen Barrera ha afirmado que “la profundización de esta democracia participativa requiere de avances institucionales, de decisiones políticas. Pero también hace falta que los propios agentes sociales tomen iniciativas, hagan uso de su autonomía organizativa, de su capacidad de negociación entre sí, con los gobiernos nacionales y con las instituciones europeas”.

En este sentido, la presidenta (e.f.) del CES ha considerado imprescindible “adoptar iniciativas desde la sociedad civil organizada para reforzar su presencia en la gobernanza de la Unión Europea (UE). Es la hora de un mayor grado de integración europea. Es la hora de más y mejor Europa”.

Una política fiscal común para estabilizar las economías europeas

La Presidenta en funciones del CES ha recordado que desde el organismo “se realizan numerosos análisis, con intensidad y regularidad, incorporando los temas europeos a sus análisis sobre la situación socioeconómica y laboral de España”.

Y en esos estudios, el CES constata “las dificultades de articular una política fiscal expansiva a escala de la Unión Económica y Monetaria, como herramienta de estabilización macroeconómica”. En este sentido, el organismo considera que “una toma de decisiones descentralizada en materia de política fiscal en la eurozona y basada en la disciplina presupuestaria impide articular políticas de estabilización macroeconómicas a escala nacional”.

Por ello, Mari Carmen Barrera ha considerado que “es el momento de corregir las deficiencias institucionales que limitan la capacidad de la UE de actuar como organización supranacional y fortalecer una democracia participativa que nos lleve a más integración y más Europa”.

Informe macroeconómica de España 2019

Durante la jornada se hizo un balance de la evolución económica durante los últimos años, en el que España ha vivido un ciclo económico completo, registrando periodos de crecimiento y recesión de una intensidad muy superior a la de los países de nuestro entorno. Tras más de cinco años de recesión, la variación del PIB recuperó el signo positivo en 2014, iniciando una fase expansiva que se mantiene hasta la actualidad. Así, la economía ha crecido de forma robusta durante cinco años, manteniendo, en un contexto de ralentización internacional, una tasa de variación del PIB del 2,6% en 2018, superior a la media comunitaria, y un ritmo de creación de empleo equivalente a tiempo completo del 2,5%.

La evolución de la economía española en los últimos años refleja, no sólo una elevada resiliencia y fuerte dinámica de recuperación de la crisis, sino también cambios estructurales importantes, que han reforzado su potencial de crecimiento a medio plazo al establecer un patrón de crecimiento más equilibrado y sostenible.

Este crecimiento no se sustenta en fenómenos insostenibles (crecimiento excesivo del crédito, sobredimensionamiento del sector inmobiliario, déficit excesivo de balanza de pagos por cuenta corriente y necesidad de financiación frente al exterior) sino que cuenta con fundamentos más sólidos, que explican que el crecimiento esté siendo rápido, duradero y compatible con un cuadro macroeconómico equilibrado.

En ausencia de shocks externos, señala el “Programa Nacional de Reformas”, que se debatió ayer, sumado a “una evolución más desfavorable de lo previsto en el ámbito internacional, la todavía elevada tasa de paro, el mantenimiento de saldo positivo en la balanza de pagos por cuenta corriente y la falta de tensiones inflacionistas y salariales” permiten esperar que se mantenga la fase expansiva de la economía en los próximos años, aproximándose gradualmente a una tasa de crecimiento potencial de en torno al 1,8%.

El escenario macroeconómico que plantean este Programa Nacional de Reformas es causa de fase de madurez del ciclo expansivo iniciado en 2014 y en un entorno internacional de ralentización del crecimiento, en particular en la zona euro.

Prevé que España siga registrando tasas de crecimiento y de creación de empleo superiores a las esperadas para el conjunto de la zona euro, pero más moderadas que en años anteriores, con un crecimiento del PIB para 2019 del 2,2%, y del 1,9% en 2020, 1,8% en 2021 y 1,8% en 2022. El crecimiento del empleo se mantendrá ligeramente por debajo del incremento del PIB, con tasas de variación del empleo equivalente a tiempo completo del 2,1% en 2019, que irán moderándose hasta el 1,6% en 2022. La tasa de paro continuará su trayectoria descendente, y caerá por debajo del 14% en el año 2019 y por debajo del 10% en 2022. En cuanto a la posición en el ciclo, las distintas estimaciones apuntan a que el output gap se cerrará durante el bienio 2018-2019.

El crecimiento económico registrado desde 2014 ha permitido avanzar en la corrección de algunos desequilibrios importantes: la tasa de desempleo se ha reducido en más de doce puntos desde el máximo del 26,9% en el primer trimestre de 2013; el saldo por cuenta corriente tiene signo positivo desde entonces, incluso con tasas de crecimiento de la demanda interna elevadas; se ha reducido la posición deudora neta de la economía española frente al resto del mundo; y se ha redimensionado el sector de la construcción residencial y no residencial.

El esfuerzo reformista, hasta ahora enfocado en la recuperación de las principales magnitudes macroeconómicas tras la crisis, debe además poner el foco en dos grandes objetivos: hacer frente a los grandes retos de futuro de nuestro país, cruciales para asegurar su prosperidad a largo plazo; y reforzar la cohesión e inclusión social, fundamentales para que el éxito macroeconómico sea socialmente estable y políticamente perdurable. Además de lograr mantener una senda de crecimiento económico, es preciso aprovechar la actual coyuntura económica favorable para sentar las bases de un crecimiento inclusivo y sostenible a medio plazo desde el punto de vista medioambiental y social.

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