Andrea Orcel (izquierda), Ana Botín (Centro) y José Ántonio Álvarez (Derecha)

Desde que se conoció el nombramiento de Andrea Orcel como Consejero Delegado del Santander se especuló mucho sobre las razones reales de su nombramiento.

Orcel no era un ejecutivo cualquiera, sino uno de los grandes banqueros de inversión del mundo, uno de los mejores y mejor pagados, con una amplia trayectoria en diversos bancos, con un desempeño sobresaliente en Merrill Lynch y, posteriormente, como CEO de banca de inversión y número dos del gigante suizo UBS. Su éxito como banquero de inversión ha sido total. Su reputación es la de un hombre agresivo, pero muy serio, cumplidor de sus compromisos.

Ha conseguido una gran fortuna a nivel personal, por lo que su aterrizaje en el Banco Santander, una entidad de gran dimensión, pero un banco comercial que no iba a poder compensarle económicamente como UBS, dejaba dudas sobre la naturaleza y los fines de sus funciones en el banco cántabro.

En la sede de Boadilla del Monte, los directivos, según hemos podido saber en Diario16, especulaban que el nombramiento de un número uno a nivel mundial no conocedor de la banca comercial, pero sí experto en operaciones corporativas por complicadas que sean, se debía a la presión de los grandes accionistas institucionales hartos del estilo de gestión de los Botín.

Efectivamente, los grandes fondos se quejan en privado, y así se lo han trasladado a las autoridades europeas y americanas, del peso de la familia Botín en el banco, en el que ya no poseen una participación de control y que, a pesar de ello, siguen gestionando la entidad como un «cortijo» privado.

Ana Botín habría aceptado el nombramiento de Orcel, conservando la presidencia, pero preocupada ante los diferentes frentes abiertos, especialmente por la evolución del proceso de abandono del Reino Unido de la Unión Europea, del Brexit, tal como veníamos publicando desde mayo del año 2017 en este medio.

En la comunidad financiera se ha especulado mucho sobre esto y sobre el papel que asumiría Orcel, uno de los ejecutivos mejor pagados del mundo, a cambio de abandonar UBS.

El pasado 15 de enero, por sorpresa, el Santander anunció que renunciaba al nombramiento de Andrea Orcel, al no considerar ético abonar 50 millones de euros de los que Orcel era acreedor y que UBS no pagaría en el caso que Andrea fichase por un competidor.

Los motivos para renunciar al fichaje de Orcel expuestos por el Santander son delirantes, por mucho que haya sido acogido por sus medios afines o propios, absolutamente acríticos por las incoherencias manifiestas.

No es cierto que antes del anuncio público del fichaje del ejecutivo italiano el Santander no hubiese analizado y negociado minuciosamente las condiciones económicas de la incorporación de Orcel, como ocurre en cualquier en cualquier incorporación de un alto ejecutivo a cualquier empresa, y que, además, lo hubiese hecho con autorización de UBS.

Esto es evidente: el fichaje de Andrea Orcel suponía, obviamente, su salida sin marcha atrás de UBS, la pérdida de los derechos acumulados —cláusula habitual, según ha podido conocer este medio, en los contratos de alta dirección—, la remoción en su cargo de José Antonio Álvarez y de Rodrigo Echenique. La marcha atrás del Santander es algo sin precedente. Nadie incorpora a un primer ejecutivo sin concretar sus condiciones económicas; no es posible anunciar un nombramiento de este nivel sin haberlo pactado con el Banco Central Europeo.

Además, la apelación a los códigos éticos del Santander resulta patética. El Santander pagó a Ángel Corcóstegui 109 millones de euros de indemnización en 2002 por su prejubilacion con cuatro años de servicios y ha pagado prejubilaciones que han ascendido los 70 millones de euros cuando han querido deshacerse de ejecutivos incómodos –Amusátegui y Luzón, entre otros muchos. Es una apelación deleznable.

Entonces, ¿por qué se frustró el fichaje de Orcel?

Dada la sensación en las últimas semanas que el periodo de «gardening leave» exigido por UBS —un periodo en el cual Andrea Orcel no podía trabajar para un competidor— se alargaba en exceso, fuentes financieras hablan de aparente falta de presión de la presidenta para que el periodo se acelerase. Ana Patricia Botín, quizás consciente de los auténticos motivos de la llegada del nuevo Consejero Delegado, prefirió el escándalo transitorio de la renuncia a la segura toma de control del poder del Banco Santander por Orcel, un hombre que conoce mucho mejor los mercados que la Presidenta Botín, tiene más reconocida reputación y más credibilidad para los inversores, es decir, lo que verdaderamente necesitan el Santander y sus accionistas pero que, sin duda, era una muy mala noticia para el futuro de Ana Patricia Botín.

Pensar que fue Andrea Orcel el que forzó la situación, una vez que ya había abandonado el UBS, daría lugar a especulaciones sobre las perspectivas del Santander, lo cual es peor y más preocupante.

4 Comentarios

  1. Buenos días Don Manuel Domínguez Moreno
    no se ha mojado mucho y ya se que un periodista do puede especular con una información así que lo are yo TORQUEMADA por usted desde que me entere de este fichaje un banquero de inversión en un banco comercial me recordó al hijo de la gran puta del CUCARACHO que nos colaron en el popular pero seguro que este nuevo CEO no tenía las mismas intenciones más bien lo habían fichado para liderar una fusión o venta del moribundo santander otra cosa no puede ser pero seguro que sea dado cuenta que la situación del santander es peor de lo que le habían contado y ha dado marcha atrás ya dice el refrán que rectificar es de sabios

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