La detección es una de las cuestiones fundamentales ante el COVID-19: llegar a tiempo es clave para poder rastrear a los contactos de la persona infectada, así como para poder evaluar a través de un diagnóstico que permita establecer un tratamiento adecuado. Actuar lo antes posible puede ser determinante para la salud de las personas. 

En este sentido, la rapidez a la hora de llevar a cabo la detección de la infección por el nuevo coronavirus, dista mucho dependiendo del territorio en el que nos encontremos. Así lo refleja el informe que acaba de publicar el Instituto de Salud Carlos III, en el que analiza y evalúa la atención ante la pandemia en los distintos territorios del estado español desde el 10 de mayo hasta el 30 de julio. 

En el informe se señala a Asturias como la región en la que la detección se hace de manera más rápida: al día siguiente de que el paciente comunique los síntomas, es atendido en la consulta médica y transcurren un total de 48 entre la primera llamada y la elaboración de la prueba. Precisamente este es el plazo que desde el ministerio de Sanidad se ha indicado como idóneo. 

El 25% de los casos que se registran en Asturias se detectan en menos de 24 horas. 

En el otro extremo se encuentra Aragón, Canarias, Castilla-La Mancha y La Rioja, donde hay casos que no se certifican hasta transcurridos 6 días desde el primer aviso. Este periodo es excesivamente largo, y ocasiona, por un lado un peligro de infección a otras personas, así como complicaciones en la salud que bien pueden evitarse estableciendo un tratamiento con antelación. 

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