La democracia no sólo consiste en la capacidad de elegir libremente al gobierno cada 4 años. También lo es la fortaleza e independencia de sus instituciones. Esta es la razón de ser de que los funcionarios tengan plaza en propiedad: blindarles frente a la tentación injerencista de los gobiernos.

Por eso el asalto a las instituciones es tan grave. Porque es la independencia institucional la que garantiza el buen gobierno. Si los ‘check and balance’ desaparecen, el gobierno se convierte en totalitario. O dicho a lo cañí: ‘sin faja, hay barriga’.

La retirada de las ‘fajas’ por parte del gobierno Sánchez no augura nada bueno. El primer asalto ha sido a la Fiscalía. El Fiscal General del Estado es nombrado por el gobierno, pero la Fiscalía goza de la autonomía. Todos los gobiernos tienden a su control. Pero también tratan de guardar las formas y disimular.

Hasta Sánchez. El nombramiento de la hasta ahora ministra de Justicia, Dolores Delgado, como Fiscal General del Estado ha sido tan obsceno que ha dividido al ya politizado CGPJ por su “apariencia de vinculación con el gobierno”. Su presidente, Carlos Lesmes, trata de salvar los muebles con un comunicado ‘light’ en el que ni menciona su idoneidad ni sus méritos y capacidad. Se limita a decir que “cumple con los requisitos legales”. ¿Objetivo? Buscar el consenso.

No lo consiguió porque la indignidad de ‘Lola’ era demasiada. El mismo Iglesias la calificó de “indigna” como recordó uno de los vocales. Su paso por el ministerio de Justicia es una obscenidad que mancha la necesaria imagen de independencia de la Justicia, como destacaron dos vocales. Supera la votación, pero sin bendiciones y a regañadientes.

El segundo asalto es a la Abogacía del Estado. El abogado que se niega a obedecer el dictado gubernamental en el ‘proces’, Edmundo Bal, es relevado. Le sustituyó la ‘firmona’ Consuelo Castro, que ahora se perfila como Abogada del Estado en pago a los servicios prestados. También fue la “firmona” que avaló a Junqueras.

La Abogacía del Estado depende orgánicamente del gobierno, que a su vez representa al Estado. Pero no es la Abogacía del Gobierno. Matiz sutil que Sánchez no parece querer entender.

El tercer asalto es a la Guardia Civil. Marlaska releva a su anterior director general por defender la unidad de España en Cataluña. “How dare you?!”. Ahora coloca a una mujer al frente del Instituto Armado. Pero la noticia no es su sexo, sino su carnet. No sólo es socialista, sino que ha sido candidata del PSOE.

En pocas horas el gobierno politiza un cuerpo con 70.000 agentes, toma obscenamente el control de la Fiscalía y coloca al frente de la Abogacía del Estado a una “firmona”. En pocas horas hemos logrado debilitar nuestras instituciones y ser mucho menos democracia que antes. ¿Progresamos adecuadamente o necesitamos mejorar?

 


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