Judith decapitando a Holofernes por Artemisia Gentileschi. 1612

Abusada sexualmente a los 18 años en Roma por el pintor Agostino Tassi, su maestro además. Temprano joven talento de la pintura, primogénita del pintor toscano de origen florentino, Orazio Lomi, luego Gentileschi. Influenciados por el grande Caravaggio, amigo personal de Orazio. Tanto padre como hija, gozaron de reconocimiento en vida. Orazio, estuvo en Paris por dos años junto con Artemisia, bajo protección de la Reina consorte y reconocida mecenas del arte, María de Médici. Pero, el destino los llevaría a Londres, donde Orazio luego sería parte de la historia del hombre más importante de Inglaterra luego del Rey, el ministro George Villiers, primer Duque de Buckingham. Luego de la desaparición violenta de este, recibió la protección de La Corona británica, llegando a ser el favorito de la reina consorte Henriette Marie.

Artemisia Gentileschi nació en Roma, Estados Pontificios a finales del siglo XVI, en 1593, y a pesar de la remota fecha, su obra y su legado son de gran actualidad. Es considerada como una de las más importantes pintoras de la historia. Su talento es indudable, su técnica es impoluta y su semejanza a la obra de Caravaggio es evidente. La artista barroca sin duda más valuable es Gentileschi. Sus obras además de esto, siempre intentando reivindicar el papel de la mujer en una evidente sociedad patriarcal. Patriarcal y sexista, tanto así que al haber sido abusada sexualmente, su veredicto no fue creíble en primera instancia. Para demostrar la veracidad de este hecho que afectó su juventud, pues sólo tenía 18 años, tuvo que someterse a un molesto examen ginecológico ordenado por el tribunal de la época, para hacer evidente su acusación.

La primera obra de Artemisia de tan solo 17 años es sublime. “Susana y los viejos”, que como previendo lo que le sucedería en tan solo unos meses, interpretó a la bella joven Susana, que significa Azucena. Una joven y delicada mujer que fue deseada por dos ancianos perversos que habían sido nombrados jueces. Susana era esposa de Joaquín, un importante hombre, todo esto en el exilio judío en Babilonia. A pesar de esto, los pervertidos ancianos acecharon a la joven y cuando tuvieron la oportunidad de hacer su cometido, la cercaron y le hostigaron a tener relaciones con ellos, sin embargo ella no accedió a esto por temor a su Dios. En venganza, los ancianos la denunciaron por adulterio aludiendo a que la habían visto debajo de un árbol teniendo relaciones con un joven.

El pago de esta transgresión era la muerte por apedreamiento. Acusada por los ancianos jueces y ya con destino a ser lapidada, un precoz profeta Daniel, interviene por acto divino, luego que la mujer había suplicado por un milagro. El desenlace es que el joven profeta hebreo, pide interrogar a los ancianos por aparte y al escuchar de cada boca una respuesta diferente, Susana es absuelta y en cambio los ancianos son condenados a muerte.

Esta primera obra de Artemisia, a diferencia de las demás obras hechas por hombres, muestra a una mujer que rehuye y se rehusa a la propuesta e intención de los viejos jueces. Por lo que es hasta el día de hoy la obra más cercana a la realidad, a pesar que grandes pintores de la época ilustraron la historia de Susana. En 1611, fue violada por su maestro y sería un año después que su padre pondría la denuncia. Su violador, no era la primera vez que cometía este acto, a pesar de estar casado, intento proponer matrimonio a Artemisia, como si casándose resarciera el delito. La vieja tradición era tal cual, casarse con la víctima para devolverle el honor. Sin embargo era ilegal pues ya estaba casado. Agostino Tossi, protegido del Papa Inocencio X, había robado obras y dinero a Orazio, quizá por esto fue que tuvo más peso la denuncia, por el hecho de deshonrar al padre más que por deshonrar a la joven.

Tassi era todo un criminal. Tenía planes para asesinar a su propia esposa y además había abusado de otras mujeres. El juicio que duró meses, interpuesto ante el Tribunal Criminal del Gobernador de Roma por Orazio, además de la molesta prueba ginecológica que le propició a Artemisia, también la torturó, afectando sus manos temporalmente, para descubrir si esta si estaba diciendo la verdad. Algo totalmente absurdo siglos más tarde, pero la carencia de derechos a la mujer y vacíos de poder, dejaba a Artemisia en una posición bastante parecida a la de Susana hacia cientos de años.

La otra grandiosa obra de Gentileschi, es la de “Judith decapitando a Holofernes”. Una obra más madura que la de “Susana y los viejos” y a la vez más decidida en tanto a la interpretación de una mujer fuerte, guerrera y de una modernidad que llamaba a gritos a la liberación de muchas mujeres acalladas en la historia y sometidas a una categórica perversidad masculina. Esta obra la hizo un año después a su violación. La violencia y la severidad de la obra de Judith decapitando al malvado general babilonio Holofernes, demuestra una gran herencia del rudo Caravaggio. Aquel genio incomprendido, creador del Barroco, creador de un arte lleno de realismo y de un visceralismo humano entrañable.

Artemisia, al igual que los contemporáneos pintores barrocos y como también lo habían hecho algunos renacentistas, se centra en esas historias del antiguo testamento, de los relatos propiamente hebreos. Y, a su vez, se centra en aquellas mujeres que dejaron un legado de supervivencia femenina en un mundo donde las riendas eran tiradas por hombres. Tanto así, su predecesora en el arte, a quien seguramente conoció, Sofonisba Anguissola, no le fue permitido pintar arte sacro, pues este era exclusivo para hombres y ni hablar de pintar desnudos, pues era una atrocidad que una mujer se adentrara en el registro y observación de la anatomía humana y en especial de la masculina.

Tanto la obra de Susana como la de Judith, se inmergen en una realidad de la época, recrear hechos históricos de la biblia, en estos casos de la época babilonica y de cómo también las mujeres fueron protagonistas de situaciones como la de Judith, una hermosa mujer viuda que ante la amenaza de que su pueblo sea destruido, sin meditarlo dos veces, arremete contra la vida de un general del mismo Nabucodonosor. Judith, con su empleada, cortan la cabeza del hombre previamente embriagado por ellas, demostrando una fuerza femenina, diferente a la del hombre, pues por medio de su belleza y estrategia, hizo que el mismo cayera en la trampa.

Agostino Tassi debió exiliarse de Roma, pues fue encontrado culpable de los crímenes. La pena fue laxa y además Orazio, decidió organizar un matrimonio por conveniencia con un pintor no muy reconocido florentino, Pierantonio Stattesi, para devolver el honor quitado a Artemisia. Por fortuna de la joven pareja y en especial de la artista, el destino pareció cambiar, cuando en su traslado a Florencia, la cuna renacentista, Artemisia fue aceptada en La Academia del Dibujo en 1616, la misma que alojó a Miguel Ángel. Siendo así, la primera mujer en hacer parte de una respetada institución como está.

En esta maravillosa ciudad y en esta importante época, logró la protección del gran duque de Toscana Cosme II de Médici y de su madre la gran duquesa Cristina de Lorena. Estos le encargaron varios trabajos, muy bien remunerados. También, fue contratada por el sobrino de Miguel Ángel Buonarroti, quien estaba en ese entonces convirtiendo la casa del genio en museo. Encomendó a la artista romana de tan solo 22 años, un fresco de una joven desnuda con una brújula en sus manos y cabellos dorados, inspiración al talento natural. Este fresco llamado “alegoría de la inclinación” se encuentra en la galería de pinturas de la casa del escultor del David.

En Florencia también conoció a Galileo, con quien entabló una amistad, desconocida, pero que demuestra la visión del genio, amante del arte y persona abierta al diálogo, sin importar el género y condición. Mantuvieron correspondencia durante años. La estancia en la gran Florencia, fue quizás la época más memorable para Artemisia y reconocido su arte tuvo fin por los malos manejos financieros de su esposo y también porque ella se involucró con otro hombre. Francesco Maria di Niccolò Maringhi, un noble florentino con quien tendría una aventura sensual y muy apasionada. Sin embargo, tuvo hijos pero solo viviría Prudentia, en honor a la madre que había fallecido cuando Artemisia era una niña aún.

En Roma, hizo parte de nuevo de una academia, la Accademia dei Desiosi, fundada en 1625 por el Cardenal de Saboya y llegó a ser amiga personal del mecenas Cassiano dal Pozzo. Llegó a ser tan reconocida, a pesar de que no tuvo la fama de los grandes artistas hombres, que el Rey Carlos I, le hizo un llamado para que fuera a su corte a cumplir con algunos encargos. Asimismo, la Reina Henriette Marie le contrató para decorar el techo de su Casa delle Delizie en Greenwich. Estuvo en Londres desde el año 1638 hasta alrededor de 1641, allí se reencontró con su padre, su mentor, su maestro, Orazio, quien creyó en el talento de su hija siempre. Trabajo junto a él hasta su muerte un año después de su llegada, así que la hija tuvo que terminar el trabajo del padre y finalmente retornaría a Nápoles.

Entre las obras de Gentileschi, se encuentran también, Ester y Asuero, otra importante historia hebrea en donde otra hermosa mujer israelita debe vérselas con un perverso hombre, Aman, que desearía acabar con el pueblo judío. Yael y Bethsabe otras israelitas célebres retratadas por la artista. Cleopatra y Venus también, así como Santa Catalina de Alejandría, María Magdalena y la Virgen. Sin embargo, sus obras preferidas fueron la de Judith y Susana, de las cuales incluso hizo varias versiones a lo largo de su vida. Es muy probable que las figuras femeninas que la pintora romana elaboró, tenían características autorretraticas y psicológicas. La obra de Judith, puede ser representada como una Artemisa que asesinaba a su violador, Agostino Tassi.

Finalmente, Artemisia en Nápoles, donde fue amiga del importante pintor napolitano Massimo Stanzione, con quien también colaboró artísticamente y de José de Ribera. Vivió con Prudentia y su otra hija y alguno que otro nuevo romance. Tuvo el favor de Antonio Ruffo, importante mecenas célebre en Sicilia. Fue celebrada su obra por Felipe IV de España, gran mecenas y amante del arte y mantuvo buena relación con el Duque de Alcalá. El fin de la artista barroca llegaría en 1653, poco antes que una plaga mortal azotará a la ciudad y acabará con todos los artistas de su generación. Una artista olvidada, sus obras fueron atribuidas a su padre u otros hombres. Pero, una artista que revive dentro del fulgor feminista y vuelve para quedarse y ser recordada. Su valentía y heroísmo dentro de sí, reflejaron en su arte una nueva cosmovisión femenina ad portas de la modernidad.

Resumen: Artemisia Gentileschi, la mayor exponente femenina del barroco, fue reconocida en vida, sin embargo su muerte hizo que la historia la olvidara. Hoy es una imagen del feminismo, al haber sido descubierta de nuevo por investigadores que buscaban devolver el nombre al otrora reconocido arte de la artista Romana del siglo XVII.

Estribillo: “Tanto la obra de Susana como la de Judith, se inmergen en una realidad de la época, recrear hechos históricos de la biblia, en estos casos de la época babilonica y de cómo también las mujeres fueron protagonistas de situaciones como la de Judith, una hermosa mujer viuda que ante la amenaza de que su pueblo sea destruido, sin meditarlo dos veces, arremete contra la vida de un general del mismo Nabucodonosor”.

Palabras clave: Artemisia Gentileschi, Italia, Barroco, Caravaggio, Arte, Historia, Miguel Ángel, Roma, Florencia, Toscana, Sicilia, Nápoles,Inglaterra, Susana, Judith, Holofernes, Médici, Henriette Marie.

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