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Arribistas de EsssspÁña, ¡pÁña!

Jesús Ausín
Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.
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El tren, acababa de llegar al pueblo. Esta vez, no sólo lo habían vuelto a agrandar, añadiendo dos vagones más, sino que, además de darle nueva mano de pintura con paisajes naturales llenos de árboles, pájaros y grandes lagos de los que saltaban felices peces, hasta el mezquinista era nuevo.

El tren estaba lleno de viandas. Frutas exóticas, manjares traídos de tierras lejanas, pescados selectos que se conservaban en grandes acuarios hasta que eran cocinados, bueyes jóvenes de raza Wagyu alimentados con cerveza negra y pienso selecto, y un enorme cargamento de diamantes, lingotes de oro y perlas naturales.

Dentro del tren, viajaba un grupo de elitistas señores barrigudos de raza blanca que degustaban todos esos manjares sin ganas y con desmesura. De lo que realmente disfrutaban era del vagón de vinos Vega Sicilia, Marqués de Murrieta, Pinot Noir, Cabernet Sauvignon o Chardonnay Russian River Valley,… y del vagón de señoritas de cintura de avispa, grandes pechos y pelo rubio a las que denigraban. Cuanto más sufrimiento infringido a las señoritas, más disfrute para los gordos barrigudos.

El tren esquilmaba todo a su paso. Para que funcionara, necesitaba cantidades ingentes de madera que quemaba una locomotora antigua. Con cada llegada a cada pueblo, moría media hectárea de árboles. Igualmente para el servicio del tren y el funcionamiento de la inmensa caldera de vapor, necesitaban ingentes cantidades de agua. El tren era prioritario. Por tanto, el agua, primero para el disfrute de los prebostes del tren y si quedaba algo, para las gentes humildes que vivían de los despojos del tren. El trigo, la cebada y el centeno que se recogía en aquellas latitudes, era puesto a disposición del convoy. Ninguno de los campesinos podía disfrutar de los frutos de su trabajo, porque estaban endeudados con señoritingos que vivían en los lujosos vagones principales que, a cambio de su trabajo, les daban las sobras, les permitían tener aparatos eléctricos en sus casas y muchos canales de televisión. La promesa de que, con trabajo y esfuerzo podrían algún día ocupar un camarote de lujo en el tren y el sorteo con cada paso del convoy de un lingote de 10 gramos de oro, eran también piezas fundamentales para sostener el estatus quo.

Cada vez que notaban cierto malestar entre los numerosos habitantes de los lugares por los que pasaba el tren y se detenía para arrasar con todo lo que hubiera alrededor, el convoy hacía una parada técnica y era totalmente repintado, de arriba abajo, con motivos que mitigaran el malestar de los expoliados. Añadían también un nuevo vagón en el que se subían unos pocos nuevos privilegiados que, de momento, sólo podían observar y servir a los de los vagones de clase superior. Por el mismo procedimiento, algún que otro sirviente, pasaba al estatus de poderoso. Siempre, gente sin escrúpulos que sabía cómo ganarse la confianza de los notables ya fuera a base de conseguir mediante chanchullos necesidades poco habituales, ya a través de la sisa con las que acababan comprando la voluntad de algunos de los elitistas barrigudos.

Cuantos más vagones, más necesidad de agua, madera y viandas. Y por tanto más destrucción del entorno por el que pasaba la vía.

Que esta vez, el mezquinista y jefe del tren, fuera nuevo y que todo su exterior estuviera serigrafiado con grandes paisajes verdes en el que habitaban fieras exóticas, con grandes lagos repletos de peces saltarines y soles que propiciaban preciosos amaneceres y cálidos ocasos, no era casual. No hacía mucho que había habido un intento de asalto al tren y otro de descarrilamiento. El paisaje natural era desértico y los humanos que trabajaban con el sudor de su frente para que el tren funcionara como un reloj suizo, cada vez se alimentaban peor, tenían menos tiempo libre y eran más esclavos. Eso había juntado a más de tres mil de ellos en una de las paradas que habían intentado asaltar el tren. La respuesta fue una represalia violenta y añadir un vagón más con algunos de ellos (los más destacados) que pasaron directamente a ser poderosos, y así impedir que el motín se repitiera. Los que intentaron que el tren descarrilara, fueron detenidos y atados al techo de los vagones, expuestos al sol, al aire y a la lluvia para escarmiento de todos los que los vieran al paso del tren.

El nuevo mezquinista había llegado con promesas de ir desmontando el tren poco a poco y de repartir sus riquezas entre los más desfavorecidos. Para ello, había contando con los rebeldes recientemente ascendidos. Pero, unas semanas después, el tren no sólo no daba muestras de desmantelamiento, sino que era más y más agresivo con el entorno por el que trascurría la vía, y exigía más y más esfuerzo a los campesinos de ese entorno. Incluso empezó a disparar contra todos aquellos que se acercaban al tren sin permiso.

*****

Arribistas de EsssspÁña, ¡pÁña!

En el momento de ponerme sobre el teclado del ordenador para escribir este artículo, faltan pocas horas para que Francia abra los colegios electorales que decidirán quién es la(el) próxima(o) presidenta(e) de la República, si la fascista Le Pen o el mandamás del hijoputismo Macron que no es otra cosa que un engañabobos ultra que dice gobernar bajo las reglas democráticas pero que en realidad gobierna igual que los fascistas, haciendo más ricos a los ricos y empobreciendo y puteando más y más a los pobres y desfavorecidos. Leo en mi TL de Twitter a mi amigo Javi que ha hecho con la familia una escapada a París y que dice lo siguiente: «El París actual contrasta entre los ricos, con sus cochazos, en sus restaurantes caros y sus lujos y la población extremadamente depauperada que apenas sobrevive en los extrarradios. Si yo viviera aquí, mañana no votaría. Macron es un asco neoliberal y Le Pen es una fascista».

Llevamos mucho tiempo en la encrucijada absurda de votar el mal menor para que la extrema derecha no acceda a los gobiernos europeos. En el caso de España, ese partido que ni es socialista, ni obrero, ni tampoco español (entendido en el sentido amplio y no en el sentido franquista de España, que de eso, desgraciadamente tiene de sobra) lleva jugando con el miedo a que gobierne ese partido sentenciado varias veces por corrupción desde que en el 82 tuvimos la desgracia de confiar en ese espécimen liberado del franquismo que usurpó la secretaría general en aquel Congreso de los alrededores de París de 1974 en el que asaltaron el PSOE de la resistencia al franquismo, del exilio y de la república, para convertirlo en una formación de derechas, que apostó desde el primer momento por un franquismo 2.0 y el sistema del hijoputismo basado en el capitalismo especulativo, la mutilación de casi todos los derechos laborales, la desamortización de los servicios públicos y la privatización de grandes empresas estatales primero y la conversión de los servicios esenciales como la sanidad o la educación en un negocio para los amiguetes.

Votamos a quiénes decían que trabajaban para los descamisados, a quiénes decían que eran de los nuestros y sólo conseguimos que nos metieran en la OTAN, que aprobaran leyes para desmantelar los derechos y la estabilidad laboral (las ETTs) y para que empeoraran considerablemente las condiciones para acceder a una pensión (más años cotizados, más años para el baremo, más dificultad en su consecución). Por el camino quedaron despachos pagados con dinero público para hermanos que vendían favores, FILESA, fondos reservados camino de Suiza y guerra sucia contra opositores y nacionalistas no españoles. En ese camino comenzaron el cambio social cerrando colegios públicos para dar concierto a colegios religiosos más convenientes para la consolidación del régimen (como el caso del Colegio San Miguel en el Barrio de Hortaleza de Madrid que tuvo que cerrar por el concierto en el colegio religioso de la acera de enfrente en la calle Virgen del Carmen), renovaron el concierto con el Vaticano, y comenzaron a coquetear con los conciertos de la sanidad privada. Como excusa que les pueda servir de aval, está la concesión de pensiones no contributivas que hicieron costear a las autonomías, la declaración de la sanidad como derecho universal (que ha quedado en papel mojado), la ley de divorcio y la del aborto que por cierto, ya tenían casi todos los países del entorno europeo.

Tras años de sufrimiento fascista de gobiernos de un demente megalómano que siempre ha tenido un ansia enfermiza de notoriedad y de pasar a la posteridad, hasta el punto de hacer casar a su hija en el monasterio que sirve de osario a los Borbones, volvimos a caer en la trampa. Zapatero prometió sacarnos de una guerra en la que nos había metido el mentiroso ególatra cantamañanas, y lo cumplió. Fue lo único. Luego todas sus políticas continuaron con la deforestación de las leyes laborales, nuevas reformas laborales que aprobó que se echara a un trabajador reduciendo considerablemente los costes (de 45 días a 33) y una nueva reforma de pensiones que volvió a endurecer las condiciones para llegar al merecido descanso tras toda una vida de trabajo. Y lo peor, la crisis del ladrillo, la estafa de las preferentes y una pobreza generalizada que negó hasta el último día de su mandato.

Ahora, tras otros largos años de gobiernos infectos que acabaron con cualquier forma de protesta en la calle, que generalizó la violencia policial en forma de cargas ante la más mínima concentración de personas que protesten contra este sistema, trabajadores huelguistas incluidos, llegó el gobierno más progresista de la historia del mundo mundial, presidido por un fraude que ascendió al cielo de la Secretaría General a base de un complot de mentiras que evitaron que ese partido que ni es socialista, ni obrero, ni español, tomara el mismo camino que el PASOK griego con aquellas encuestas que le daban la puntilla hacia la desaparición. La prensa canalla, las cloacas de estado y una cantidad de jóvenes insurrectos que en cuanto les enseñaron la silla, se negaron a ser movidos de ella, acabaron con el sueño del sorpaso y con él de la mutación del sistema de estado hacia una democracia verdadera. Y ese gobierno más progresista de la historia que llegó con cuatro promesas fundamentales: derogar las reformas laborales, la ley mordaza, la ley Wert y las de pensiones y con la promesa de una reforma de impuestos que acabara con la exención fiscal de ricos y empresaurios. Y no sólo no han derogado nada, cómo los impuestos indirectos a través del IVA siguen siendo la principal fuente de sustentación de los gastos del estado, sino que observamos como las cloacas del estado han funcionado a pleno rendimiento, espiando a políticos nacionalistas, a personas de la cultura contrarias a este régimen franquista 2.0, o inventando junto con la prensa canalla, rumores, fakes news sobre su socio de gobierno y sobre su ex-vicepresidente Pablo Iglesias. Con este gobierno progresista hemos seguido perdiendo derechos laborales, y hemos tenido que ver cómo la sanidad pública ha sido desintegrada en Madrid y otras Comunidades, con la excusa de una pandemia, sin que el gobierno haya hecho absolutamente nada para evitarlo, incluso tenemos que aguantar que trepas convertidas en ministras, de la escuela del arribista ex falangista, el reverendo Bono, nos anuncien que las cuantías de las pensiones tienen que bajar porque “es insostenible que los pensionistas tengan más ingresos que sus hijos trabajadores o cómo Pedro I el guapo, alias “Prety Sanchez” en otro ataque de megalomanía nos ha vuelto a meter en una guerra, igual que su predecesor el insufrible ególatra, en un país tan lejano al nuestro y con una excusa tan burda como la libertad y la democracia, en la que somos el chico de los recados del imperio que ha provocado esta guerra en su lucha contra China.

¿Para qué sirve votar a estos individuos que se dicen de izquierdas, para qué sirve votar a hijoputistas como Macron, si al final resulta que todos han asumido las políticas de restricción de derechos, de acabar con el llamado Estado de bienestar, de la represión política y de un nuevo sistema feudal de esclavitud y dependencia? ¿Para qué sirve votar a estos sinvergüenzas que se dicen demócratas y de izquierda, si luego su ministra de Economía, hija del inventor de la manipulación televisiva en la época de Golfález, podría ser claramente ministra a propuesta de ese partido sentenciado varias veces por corrupción, o de los vagos del moco verde? ¿Para qué sirve botar a estos fakes de la izquierda si su ministro del Interior, ese cuyas actuaciones han servido a la Unión Europea para condenar a España por no investigar la violación de los DDHH hasta en once ocasiones tiene un ramalazo fascistoide que más bien parece el ministro de la gobernación de los del moco verde? ¿Para qué sirve votar a estos pufos del socialismo si la ministra de Defensa, también ex-juez, parece que sea discípula de Carrero Blanco?

No sólo no encuentro ninguna ventaja en tener que elegir entre Le Pen o Macron, entre Sanchez o Feijó más el vago. Más bien al revés. Votar a esta gentuza que dice ser demócrata mientras gobierna como las dictaduras, lo único que hace es paralizar al pueblo y que este siga aguantando sin salir a la calle a quemar el mundo.

Salud, república y más escuelas.

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2 Comentarios

  1. Donde dice:
    Para qué sirve botar a estos fakes de la izquierda si su ministro del Interior, ese cuyas
    Evidentemente debe decir :
    Para qué sirve votar a estos fakes de la izquierda si su ministro del Interior, ese cuyas

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