Es inexplicable e intolerable lo que ha sucedido esta semana con la entrevista realizada por los compañeros de RTVE a Arnaldo Otegi. La reacción de la derecha y de una parte de los sectores que, aunque se autodenominen de izquierdas, cada vez están más cerca de los grupos más conservadores de nuestra sociedad. La polémica generada provocó que una compañera periodista me llamara por teléfono para solicitar el contacto de una persona no adecuada para abordar este tema en televisión por su idiosincrasia personal con los protagonistas y con los hechos. Por eso me decidí a hacer este artículo.

El problema está en que la gran mayoría de los que tanto se han opuesto a la presencia del político vasco en la televisión no han vivido en la Euskadi que sufría el terror de ETA. Yo sí lo he vivido, sí lo he sufrido y, por tanto, estoy en una posición que legitima lo que voy a escribir a continuación. ¿Dónde estaba Pablo Casado en aquellos años? ¿Y Albert Rivera? Desde luego, en Euskadi no.

Durante diez años tuve que vivir protegido por escoltas del ministro del Interior, escoltas que aún me llaman por teléfono o con los que, de vez en cuando, me tomo un café. Durante el tiempo en que viví en Euskadi hubo gente muy importante que confió en mí para intentar buscar una solución al conflicto que ya llevaba varias décadas estigmatizando al pueblo vasco y que, desgraciadamente, había dejado demasiada sangre derramada y segado cientos de vidas. El terrorismo de ETA jamás debió existir y es una de las muchas consecuencias de olvidarse de que el diálogo y el respeto a las esencias del ser humano son los pilares para poder alcanzar soluciones.

Yo he entrevistado a Arnaldo Otegi y, por más que haya quien aún le quiera estigmatizar por los errores que pudiera cometer, tanto los del pasado como los del presente, su figura fue muy importante para poder alcanzar la paz. Los errores del líder abertzale los cometieron también otros políticos que pensaron que el mantenimiento de la violencia en Euskadi les beneficiaba. En esa entrevista Otegi dijo que «la política no es instrumento para condenar sino para solucionar […] El diálogo no sólo debería ser conveniente, sino que es necesario».

En ambos «bandos», como decía, había gente que no quería que se diera ese diálogo y quienes luchamos por llevar la solución a un consenso entre las dos partes nos convertimos en los más peligrosos. Por eso ETA asesinó a Ernest Lluch, porque era un hombre que luchaba por encontrar un escenario en el que las armas dejaran de sonar para dejar paso a las palabras. Tanto Lluch como yo no éramos vascos, pero amábamos a Euskadi y queríamos alcanzar la paz con el diálogo y no con la violencia.

Otegi, además, cuando se refirió a su visión de la solución del conflicto vasco, y reconoció que la izquierda abertzale estaba más cerca de las tesis que Jesús Eguiguren planteó en Las bases para el arreglo que de lo que se podía pensar e, incluso, del propio Plan Ibarretxe, porque Eguiguren abordó sin ningún miedo y en base a su creencia de que el único arma para terminar con ETA era el diálogo— tesis que tanto él como yo defendimos y llevamos a efecto con nuestros actos—  temas como la territorialidad o los presos.

Por otro lado, Otegi me planteó en aquella entrevista que creía que la resolución del conflicto vasco, con voluntad política y de diálogo, estaba a la vuelta de la esquina, pero que era necesaria una clara voluntad de superación y asumir que nadie tenía toda la razón; celebrar un diálogo incondicional y sin exclusiones para llegar a un acuerdo. «La paz nunca ha estado tan cerca en Euskal Herria», afirmó el líder abertzale en aquellos años.

Saco esta entrevista de un pasado en el que ETA aún seguía matando, en el que yo continuaba protegido por los escoltas y en el que miles de personas vivían con una amenaza real de ser víctima del terrorismo etarra. Cuando salió publicada en ningún momento se produjo la reacción de estos días con la entrevista en RTVE. Cuando en 1976 se fundó Diario16, la promoción iba acompañada de una canción —prohibida por la censura de la época— que se ha convertido en un icono de nuestra música: «Libertad sin ira». Es cierto, la libertad jamás se puede lograr a través del odio y, por desgracia, muchos de los que no vivieron aquellos años en Euskadi, son los que, precisamente, siguen instigando la división y el odio. Eso es, cuanto menos, inconcebible y, por supuesto, intolerable. El precio de la libertad no puede ser pagado por un puñado de votos.

Muchos de los intolerantes e ignorantes de la realidad de la Euskadi del proceso de paz querrán interpretar mis palabras como un blanqueamiento de ETA. Les ahorro la interpretación porque la banda terrorista era el mal que había que erradicar y sólo se consiguió con el diálogo. No piensen en nombres concretos, fuimos los que estábamos allí, los que creíamos que las palabras eran las únicas armas que podrían acallar los disparos en la nuca.

Escribí donde tenía que escribir, trabajé donde tenía que trabajar por el pueblo español en general, por la democracia y la Constitución. Acepto el Estado de Derecho como es, al igual que defiendo que todavía quedan cosas por cambiar. Amo a España, no soy ningún renegado, pero en aquellos años el trabajo que había que hacer esa ese: terminar con el terrorismo de ETA a través del diálogo.

No tengo en mi alma ni un espacio ni para el odio ni el rencor. De nada me arrepiento ni culpa a nadie de nada, pero hay que decir las cosas mirando a la cara, hay que reconocer que desde el Estado se hicieron cosas, como la dispersión de los presos etarras, que jamás debieron llevarse a efecto porque, en realidad, fue una medida revanchista que iba en contra del propio ordenamiento jurídico en el que se indica que el encarcelamiento tiene como fin la reinserción, no el castigo o la tortura.

Ni, por supuesto, me puedo olvidar de las víctimas del terrorismo de ETA. Buscar el diálogo como base de la solución no iba en contra del homenaje que hay que hacer a los miles de personas inocentes asesinadas o amenazadas por la banda terrorista. Lo que sí es deplorable son todos aquellos que se han aprovechado de la memoria. Homenaje a las víctimas de una violencia sin sentido. Desprecio a quienes se han lucrado o medrado a costa de ellas. Hay muchas víctimas que han rechazado el terrorismo, pero también han perdonado. Hay muchos tipos de víctimas, ¿quién lleva la razón, los que perdonan o los que odian? Están más cerca los que perdonan, porque el odio no lleva más que a otras violencias.

Yo, un andaluz de Bollullos Par del Condado, en Euskadi, escribí varios libros sobre el conflicto vasco, prologué y colaboré con Jesús Eguiguren en algunas de sus obras que son fundamentales para entender el proceso de paz que finalizó con la retirada de la lucha armada de la banda terrorista. Junto a él creamos la «Colección Libertad» en la publicamos libros sobre el camino a seguir para alcanzar la paz en Euskadi sin violencia. Los últimos hombres sin patria (y sin libertad), La crisis vasca: entre la ruptura y el diálogo, de Jesús Eguiguren o mi ensayo La revolución de las conciencias son títulos publicados en esa colección que son indispensables para entender cómo el diálogo fue fundamental y no las imposiciones o las censuras como pretenden los líderes políticos actuales que parece que no pierden oportunidad para sacar a ETA de su nicho para intentar captar votos.

Además, escribí una novela, Sitting en el lago, que, durante una entrevista que me realizaron los compañeros de Onda Cero-Antena3, fue catalogada como la hoja de ruta del proceso de paz. ¿Alguien me va a decir o me va intentar dar lecciones sobre lo que supuso ETA? Nadie, ni mucho menos quienes no vivieron aquellos años ni tuvieron la amenaza constante sobre sus cabezas.

La polémica que se ha querido crear de manera artificial con la entrevista a Arnaldo Otegi por los partidos de derecha no es más que un intento de hacerse notar, de intentar callar a quien fue una de las personas clave, junto a Jesús Eguiguren y yo a su lado, para que en Euskadi hubiera paz. Ya está bien. En aquellos años duros se instaba a la izquierda abertzale a que dejaran las armas y defendieran sus demandas en el Parlamento. Ahora están en el Congreso y las instituciones haciendo lo que se les pedía y con ETA desarticulada. ¿Qué más quieren? Ya está bien de pretender utilizar el terrorismo como un elemento eterno cuando los asesinos han dejado la lucha armada y los partidos abertzales hacen política en los escaños de los distintos parlamentos.

Todo esto lo cuento en primera persona porque, de un modo u otro, un andaluz de Bollullos Par del Condado lo vivió, estuvo allí, sabe lo que realmente ocurrió y qué personas propiciaron el diálogo y quiénes intentaron evitarlo a toda costa, muchos de los cuales no habían pisado Euskadi en su vida.

Cree la revista en euskera Aldaketa a partir de una idea conjunta con Jesús Eguiguren; estuve en Elkarri y en Gesto por la Paz; impartí una conferencia en euskera en la Real Academia de la Lengua Vasca; recorrí los caseríos vascos junto a Jesús Eguiguren. Como fui partícipe de todo aquello, puedo escribir estas líneas. Nadie me lo tiene que contar porque estuve allí y luché por la libertad y la paz de un pueblo. Los que lo vivieron lo podrán decir: piezas fundamentales del proceso de paz en Euskadi fueron Jesús Eguiguren y yo con él, por supuesto, con mi trabajo incondicional a su lado, con la aportación de mi experiencia, junto a otros muchos y otras muchas que pensaron que la paz sólo era posible con el diálogo y no con la violencia que alimentaba a los violentos, a la acción-represión-acción que los terroristas utilizaban como base para sus atentados.

Presentación en el Hotel Ercilla de las obras “Colección Libertad “editada en el 2004/06 por la Editorial Cambio. Autores Jesús Eguiguren (Izq) y Manuel Domínguez Moreno (Der). («Sueños de Libertad» de Manuel Domínguez, «Los últimos españoles sin patria ni Libertad» (Jesús Eguiguren), «La revolución de las ciencias» (Manuel Domínguez))

Y también digo que con la misma intensidad que luché por la paz y la libertad en Euskadi, lucho hoy por la igualdad real, por el feminismo y por la erradicación del machismo en nuestra sociedad. En esta lucha no pararé ante nada ni nadie porque es un objetivo tan justo que legitima cualquier esfuerzo que haga. En las próximas semanas presentaré ante las autoridades una propuesta de sistema de protección para las mujeres maltratadas y amenazadas de muerte por sus maltratadores que no tienen ya otro fin en la vida que la del asesinato.  Al igual que luché contra el terrorismo de ETA y por la paz, lucharé ahora contra el terrorismo machista, un término que acuñé hace años.

Con esta misma fuerza me pongo del lado de las víctimas de las dictaduras privadas, al lado de los «náufragos que no tienen puerto», de todos los que, de un modo u otro, sufren las consecuencias del cómplice silencio de una sociedad insensibilizada ante la injusticia y que sólo se mueve por el egoísmo de quien, como Bertolt Brecht, veía pasar las desgracias ajenas sin inmutarse hasta que la desgracia le llegó a él.

No hay nada escrito porque todo está por escribir. Muchos de los que me conocen me han pedido con insistencia que hiciera una confesión sobre mi papel en Euskadi. Siempre me negué. Hasta hoy, en que los acontecimientos me obligaron a hacerlo. Nadie me va a dar lecciones sobre este tema ni me va a decir quién o quiénes fueron fundamentales para alcanzar la paz y la libertad. Yo lo sé y los que allí estuvimos sabemos perfectamente los que fueron fundamentales y los que se apuntaron a última hora para conseguir un reconocimiento vacío pero que engordó algunos egos. Arnaldo Otegi fue una de las piezas clave en el proceso de paz. Eso es un hecho, no una interpretación, como también lo es que sean los que no conocen la realidad de aquellos años son los que ahora salen a defender la intolerancia, la censura o la mordaza que quisimos anular con el diálogo.

Puedo hablar así porque estuve allí o tengo el conocimiento cierto de ello. Por eso puedo publicar y escribir en favor de los afectados por la diabólica operación contra el Banco Popular o sobre las puertas giratorias cometidas por los comportamientos poco éticos de algunos políticos, sobre las injusticias cometidas en el “procés” catalán o sobre la deriva peligrosa que está tomando la política española. Y nadie me va a callar.

Los que me conocen saben que voy a seguir siempre hasta el final en la lucha por o que es justo. Que cada cual aguante ahora mi libertad.

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2 Comentarios

  1. Ha sido un verdadero placer leerle este artículo, cuántas cosas hay que no sabemos y deberíamos saber,porque son justo y necesario que se sepan. Hoy tenemos una lucha distinta contra el terrorismo,vocablo que viene de terror,que esgrimen cada día con más impunidad los Estados,que su vez están más sometidos por el poder económico-financiero. Y la gente dormida…

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