aprender

Una de las características principales de la inteligencia artificial es la adquisición de un conjunto de datos y procesarlos: generar información, reprocesarlos y generar conocimiento, aprender de este conocimiento y resolver problemas.

La forma de aprender de las máquinas, digámoslo así, a través de la inteligencia artificial es aprender para resolver problemas. La inteligencia humana igual que la artificial actúa en base a la información que proporciona el análisis de los datos recopilados. Pero para resolver los problemas (humanos), aun que tuviéramos todos los datos no mejoraríamos la predicción que ya habíamos intuido. O el coste de procesarlos será tan alto que el beneficio marginal dará igual.

Si partimos de la pregunta de aprender ¿para qué?, donde el “para” parece apuntar a algo distinto del placer de aprender por sí mismo las cuestiones y las cosas que a uno le interesan, llegaremos a la conclusión que aprender para nada es el aspecto fundamental del aprendizaje humano.

El presupuesto que subyace a la idea del aprendizaje es que a nadie le interesa nada de lo que aprende o investiga; más aún, se busca que a nadie le interese. Por eso, como el contenido mismo no interesa, la tarea del pedagogo –psicólogo es motivar o (por utilizar otra expresión horrorosa) incentivar para que el joven compita con sus compañeros en el aprendizaje de lo que no le importa pero que el Estado le obliga a conocer si quiere ser un empleado útil.

En perfecta coherencia con este planteamiento se presenta, en un lugar privilegiado, la figura del profesor –tutor, en la que el profesor deja de ser el maestro que provoca la pasión y la curiosidad por las cosas y por las técnicas y enseña a usarlas con rigor, para ser degradado a la condición de una especie de padre espiritual bajo la forma de ángel de la guarda-comisario, encargado de fiscalizar la vida entera del joven y su entorno, ahogándolo por asfixia.

Lo importante es que sea cualquier cosa que se enseñe quede privado de interés, de pasión, de entendimiento y subordinado a otra cosa que está fuera, que es cumplir ese camino individual y ese camino también en el nivel de los pueblos (naciones). Por fortuna, esto nunca se ha conseguido del todo. Nunca les sale bien. Nunca es perfecto.

En la medida en que no seamos capaces de responder a la pregunta «¿para qué?», en la medida en que no sepamos para que sirve algo de lo que estamos haciendo, cuanto menos lo sepamos, más aumentan las probabilidades de que no estemos previamente condenados al servicio. A lo mejor, no se sabe muy bien para qué se aprende a escribir. Si no se sabe muy bien para qué se aprende a escribir estamos en una situación en que tal vez eso pueda servir para un descubrimiento y para que suceda algo. Otro tanto podría decirse de leer o bailar o lo que sea.

Las máquinas con inteligencia artificial, debido a lo que se denomina “olvido catastrófico”, aprenden como los humanos para nada. Los algoritmos de inteligencia artificial olvidan lo que aprenden. Después de aprender la nueva tarea, han olvidado la anterior. El “olvido catastrófico” es lo que ocurre con los humanos y la historia.

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