El año 1.943 se estrenaron 47 películas españolas. Una de estas obras plantea una incursión en la vida cotidiana andaluza, se trata de La boda de Quinita Flores dirigida por Gonzalo Delgrás. La película está basada en una comedia de Serafín Álvarez Quintero y cuenta un juego amoroso sin más pretensiones que distraer. Por su estructura narrativa y aspectos formales es una obra de teléfonos blancos, aquellas comedias de las que Delgrás fue uno de sus creadores.

En la película hay elegancia y distinción en los personajes de la alta sociedad madrileña. La mansión de la familia de Quinita está decorada con exuberancia, el gusto rococó se aprecia en escaleras, espejos y las enormes lámparas de los techos. Quinita Flores se casa en el oratorio de su propio palacio todo «divino y primaveral», con reseña en los «ecos de sociedad». La novia apadrinada por el general Carranza y oficia la ceremonia su Ilustrísima el señor Obispo, el convite servido por el mejor restaurante. Durante la comida un sonado poeta, amigo de la familia, dedica a Quinita Flores un soneto que en algunos de sus versos dice: ¿Por qué Madrid se torna Andalucía?/ Por su azahar y por distintas cosas.

Sin embargo la vida de Quinita cambia, el novio no comparece el día de la boda y la joven para olvidar su fracaso recorre diversos lugares del mundo acompañada de su hermano. Venecia, París, Oriente, Egipto, Roma y Nueva York. Pero el recorrido no hace olvidar a Quinita su ridículo y para lograrlo se refugia entre los olivares de Andalucía, en Pedralejo. Un pueblo que es un espacio idílico, una especie de retiro espiritual donde las clases adineradas madrileñas acuden a tomar las aguas.

El film escoge Andalucía como espacio. Los personajes del pueblo y el servicio de la casa pasan a formar parte del mobiliario estético, en esto espacio y personajes son ofrecidos como parte del hospedaje a los visitantes de la capital. Las imágenes son tópicas, aunque tienen mucho de realidad una vez analizadas. Los criados son atentos y serviles con los visitantes, sólo tienen que pedir lo que quieran para ser atendidos. El lugar está dominado por el activo Fray Crispino, un personaje reaccionario que ve pecado por todos lados y hace lo posible para que la gente contraiga matrimonio en la ermita, delante del Cristo. Quinita y su hermano Manrique viajan juntos haciéndose pasar por matrimonio. En un momento de la obra, Quinita confiesa al fraile que no son matrimonio sino hermanos que viajan juntos para disimular.

A este lugar llega Eugenio Palacios amigo íntimo de Manrique. Eugenio tiene que casarse urgentemente por capricho de un tío, del que es heredero, el testamento del tío le obliga a casarse con prioridad y busca a una antigua novia. Del casamiento depende heredar la inmensa fortuna del marqués de Mares del Rey, pues el compromiso supone casarse antes de los treinta años que cumplirá en pocos días. Eugenio pierde la esperanza, porque se enamora de Quinita y la creía esposa de su amigo. Desesperado pretende irse del pueblo, pero su amigo le aclara la situación, una vez que Quinita y Eugenio saben que son libres, proclaman públicamente ante el Cristo su deseo de casarse. Esto provoca un escándalo en la familia y entre los puritanos del pueblo.

Aparte de las aguas medicinales de la provincia de Jaén, las coincidencias con la realidad están en el soporte socio-natural. Hay también en la obra un fondo de flamenco y la música de Azagra. Las relaciones sociales presentes en la obra son tópicas, pero encierran elementos reales, el criado y la criada muestran cierta relación cuando pasean por el jardín en una secuencia la presencia el fraile que está en todas partes.

– Carmela: Que nos van a ver.

– Pepe: ¿Pero quién?

– Fray Crispino: ¡Yo, por ejemplo!

– Carmela: ¡Vaya! ¿lo estas viendo Pepe?

– F. Crispino: No, el que lo estaba viendo era yo y se van a acabar estos juegos de escondite y de las cuatro esquinas, ¡a casarse, a casarse! No hay porqué andar al salto de mata, aquí estoy yo para echaros las bendiciones que para eso tengo muy buena maña.

– Pepe: Ya mismo, ¿lo estás oyendo Carmela?

– Carmela- Dice altanera mientras se retira: Están verdes las uvas todavía.

– F. Crispino: Pues si están verdes, más formalidad, o se lo digo todo a doña Lucía y vais a la calle los dos. ¿Te has enterado?

– Pepe: Si señor.

– F. Crispino: ¡Pues listos!

El film ofrece su visión sobre dos mundos. En primer lugar, está la utilización del espacio y de los personajes como partes de la ficción en segundo lugar, está presente la moral de la época. Las habladurías de las mujeres del lugar y la inferioridad con que muestran a los andaluces, sobre todo a las mujeres. En tercer lugar, el poder de la Iglesia que intercede y rige la vida social presente en el film. Por último, las olvidadas relaciones laborales. Los criados tienen que obedecer como era la norma, de lo contrario pueden quedarse sin trabajo como advierte don Crispino. Hay algunos elementos a tener en cuenta. Andalucía. Boda. Criados. Obediencia. Iglesia. Noviazgo. Engaño masculino. Misa. Tradiciones. Coplas. Herencia. Servidumbre.

La obra andaluza es una muestra del pensamiento de la época. Jorge Urrutia:

            «Se impone, pues, una visión clasista y amable de Andalucía que los ideólogos del régimen franquista encontraban ya codificada en el teatro de los hermanos Álvarez Quintero. Codificada, además, con una calidad verbal de indudable garra cómica».

Apariencia y realidad (III)

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Maestro de Primera Enseñanza. Licenciado en Filosofía y Letras (Historia del Arte) Doctor en Comunicación Audiovisual. Tesis: La Imagen de Andalucía en el Cine Español (1940-1960) Diplomado por la Universidad de Valladolid. Historia y Estética Cinematográfica. Colaborador varios años del Periódico Comarcal, "El Condado".

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