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Alfredo Goldschmidt: «En Colombia solo hay brotes de antisemitismo»

La máxima autoridad judía en Colombia relata la situación de su comunidad en el país sudamericano

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Nacido en Buenos Aires (Argentina) el gran rabino Alfredo Goldschmidt es hijo de padres judeoalemanes. Estudió psicología para hacerse rabino en los Estados Unidos, entre 1962 y 1968, y luego volvió a la Argentina para ser director de un colegio religioso (Colegio Integral Rabino Iosef Caro) durante siete años. Fue en el año de 1973 cuando la comunidad judía de Bogotá se encontraba buscando a un rabino, así que el presidente y el encargado de la sinagoga –gabai– habían viajado a Buenos Aires. Fue allí donde se lo presentaron. «Así que visité Bogotá al siguiente año, en febrero de 1974, y cerramos trato. Por lo que mi misión en Colombia va a cumplir 47 años», asegura Alfredo Goldschmidt, que ha concedido esta entrevista a Diario16.

¿Cómo ha sido el desarrollo de Colombia y de la comunidad judía durante ese casi medio siglo?

Con respecto a Colombia, apenas llegué, me sentí muy bien recibido por la población en general, además del tema comunitario. Ser rabino era algo muy bien visto por los diferentes estamentos de la sociedad, como: la clase trabajadora, la clase política, e incluso la iglesia católica. De entrada, me sentí muy cómodo, y venia con muchas ganas de trabajar en los diversos campos. De hecho, al momento de la contratación, había puesto una clausula condicional, que consistía en que; yo tomaba el puesto de rabino comunitario y además podía ser rabino del Colegio Colombo Hebreo. Entonces, hice un plan estratégico de como iba a ser mi labor y mi función, para cubrir las distintas áreas, tales como educación en el Colegio, ambiente judío en este; a través de la música –el acordeón–, el coro y actividades lúdicas judías, además de las clases. Después de esto, la organización del movimiento juvenil –Kineret–, el trabajo sinagogal, que implicaba toda clases de ceremonias, entre ellas, nacimientos, Bar Mitzvá, matrimonios, divorcios y conversiones. Más tarde también, el tema de la tercera edad y la organización de grupos de estudios judaicos.

Del mismo modo, ese plan estratégico desde 1974, lo fui desarrollando, buscando nuevas oportunidades. Con el tiempo, vi que, a nivel comunitario, la comunidad había perdido un porcentaje de gente debido al tema de la guerra del narcotráfico y de la inseguridad que teníamos en los años 80, a casusa de ese episodio de los “secuestros” por parte de las guerrillas. Esto, mermó un sector de la comunidad, que terminó decidiendo refugiarse en Miami, principalmente.

A pesar de, la reducción demográfica, el nivel de actividades se fue incrementando de forma muy considerable con el apoyo de comunitarios que estaban involucrados en las distintas juntas directivas de comunidades, Kineret, del Colegio, de comités, de Maguen David Adom, del KKL y de Magbit. Al igual, para una población relativamente pequeña, el hecho de tener tantas organizaciones y; además, estar tan activa en ellas, es motivo de orgullo.

El decrecimiento demográfico, que no fue muy dramático; sin embargo, fue un decrecimiento, se amortiguó gracias al aumento de las actividades en todas las áreas, no solo en el área religiosa social, sino también, en el área juvenil y de la tercera edad, fue un crecimiento muy lindo. Además, permitió mantener la tendencia, en que el 95% de los judíos de Bogotá están asociados a la comunidad. Así que, no tenemos una periferia registrada de gente sin relación con la comunidad.

En relación con el país, su desarrollo es gigante, recuerdo que era algo chocante –viniendo de Buenos Aires–, lo que era el centro de Bogotá; también, la diferencia tan sesgada de las clases sociales, viniendo de un país de clase media inmensa. Pero, esa diferencia a lo largo del tiempo se fue acortando y hoy tenemos cada vez más, una clase media profesional que se originó y desarrolló en esta ciudad. En efecto, la clase más adinerada de la comunidad, se fue achicando; por lo cual es mayor la línea media, lo que eliminó la división o separación que había internamente. Ahora estamos todos más equilibrados.

¿Cuánta es la población judía en Bogotá y en Colombia en general?

Toda Colombia, tiene alrededor de 4.500 almas, y Bogotá, alrededor de 2.500. Por otro lugar, hay 1.500 personas que pertenecen a comunidades emergentes. Pero, además de estos, en Israel ya hay casi 500 personas de estas comunidades, es decir, si se hubieran quedado acá serían 2.000. Pero, en conclusión, somos 2.500 más esos 1.500.

Teniendo en cuenta el episodio de violencia en Colombia, ¿cuántas personas habían antes de esto?

Tenemos dos índices, uno de los años 60, donde se hablaba de 8.000 a 9.000 almas en todo Colombia, y en los años 70 se hablaba de 7.200 personas, este es más exacto, ya que alguien se tomó el trabajo de hacer un censo. Fue don Eliecer Celnik de la revista Menorah de Bogotá, quien lo hizo entre los años de 1973 y 1974, con este resultado. Y, el decrecimiento, no solo fue por migración, sino que también porqué hubo un éxodo estudiantil, pues iban al extranjero a estudiar la Universidad y se quedaban allí. Además, de los secuestros de gente y también que, antes las familias tenían un promedio entre 3-4 hijos y ahora entre 2-3 hijos nada más. Pero, hay que reconocer que quienes se fueron mantuvieron algún apego a nuestra comunidad y eso se ve ahora en las actividades virtuales que se han puesto de moda por la pandemia.

¿Cuáles han sido los retos para una comunidad tan pequeña como esta, en temas como el Kosher, por ejemplo?

Cuando llegué, ya había Shejita, pero la calidad de la carne dejaba mucho que desear, pero, con el tiempo se fue desarrollando y mejorando esto. Hubo unos intentos de poner carnicerías kosher; hasta que hace menos de diez años, con las dos carnicerías que tenemos, en realidad, la calidad de la carne mejoró sustancialmente. Pero, desde siempre hubo carne kosher. Lo que no había era un sistema de kashrut en la mayoría de productos. Se empezó con el tema de la fabricación de quesos, supervisando ciertas marcas; pero, fue hasta un par de años atrás, que llegamos a Alpina, con supervisión –Hasgaja–. Esto fue un cambio muy importante, teniendo en cuenta la calidad y extensión de esta empresa. Luego, Jabad Lubavitch, instauró Chalav Yisrael, y encontraron una fabrica de primera calidad para la fabricación de estos productos.

Además, encontrar tantos productos con sellos kosher, como del Vaad Hakashrut y del rabino Yerushalmi. En el caso de mi comunidad, no me instruyó en el tema de kashrut local, pero me encargué del kashrut de importación, no por decisión, sino porqué hubo esa oferta, especialmente de fabricas ecuatorianas de productos agroindustriales, que necesitaban un rabino que supervisara.

¿Qué desafíos trae la Postpandemia para la comunidad judía en Colombia?

Primero, cuando la pandemia haya verdaderamente acabado, que no será con la vacuna, sino tal vez un año luego, cuando todos estén vacunados, el reto será reconstruir las actividades físicas. Va a ser como empezar de vuelta, porque la gente se acostumbró a lo virtual o a no participar. Entonces, el reto será el de traer de vuelta a los comunitarios para que participen en los rezos, conferencias y demás actividades. Aunque, no va a ser sencillo que la gente vuelva al plano físico.

Segundo, es que muchas actividades virtuales sobrevivirán, porque hay un segmento de personas que disfrutan mucho, por ejemplo: rezar desde casa, escuchar una charla y todo tipo de actividades que ahora son virtuales.

Tercero, revivir el tema juvenil, pues, a diferencia de los mayores, que están activos virtualmente e incluso incremento su actividad, dada la facilidad de estar en casa, los jóvenes de la comunidad, en especifico los adolescentes, paradójicamente, el tema virtual no les funcionó. Así las cosas, ha sido difícil, mantener la actividad comunitaria en este grupo específico. Vamos a tener que trabajar duro los demás sectores, para renacer a este segmento dentro de la actividad comunitaria.

En lo que nos fue muy bien, fue en el tema de solidaridad, la gente puso el hombro frente a los más necesitados de nuestra comunidad, al menos en el 2020. También, esperando que no se prolongue demasiado el tema de la vacunación, para no tener una eventual crisis con el tema de la solidaridad, que fue muy bien manejada hasta ahora por parte de los directivos comunitarios.

¿Cómo ha sido la relación interreligiosa desde su óptica como gran rabino, durante casi medio siglo en Colombia?

Desde que llegué, estuve vinculado con el Celam (Conferencia episcopal latinoamericana), aunque, en aquel tiempo la iglesia católica, tenía aun unos temas que nos dolían mucho, en especial el no reconocimiento aún de Israel, tampoco se reconocía a Yerushalayim como capital y sectores ultraconservadores de la iglesia católica, que todavía buscaban convertirnos. Pero, todo esto se fue lentamente disolviendo, y el gran apoyo para ese cambio, fue el del cardenal Pedro Rubiano, quien tomo una actitud, que luego el papa Juan Pablo II, fortaleció, con su discurso de que somos hermanos mayores de la fe. Y, luego de unos años, empezó el contacto con las iglesias evangélicas, en donde había dos puntos a favor para el trabajo interreligioso. El primero, que la iglesia evangélica permitía el contacto con la masa, con el pueblo, a diferencia de la iglesia católica, que la relación es siempre con la cúpula, con el episcopado, pero no teníamos contacto con la gente.

En cambio, con la iglesia evangélica, en las macro iglesias, tuvimos muy rápido contacto con las personas y no solo con el pastor. Y, la otra gran ventaja, es que son muy sionistas, amantes de Israel y de que el pueblo judío viva en Israel, son nuestros derechistas, a nivel sionista, dada su posición sionista.

También, se desarrolló una relación con un sector del islam, con el más moderado, una muy buena relación, con la mezquita de la 80 en Bogotá. De hecho, nuestras buenas relaciones interreligiosas, han pasado a lo práctico y, por ejemplo, nos visitamos, nuestros estudiantes visitan una iglesia o la mezquita y viceversa. Así que, se ha hecho un acercamiento en el ámbito juvenil.

Con respecto a las comunidades judías emergentes, ¿cómo es el relacionamiento?

Desde el año 2000, empezó de a cuenta gotas y se fueron organizando, incluso al nivel de llegar a existir 40 grupos a nivel nacional. En estos momentos algunas no sobreviven, así que deben haber alrededor de 35. Algunas son grupos en todo el país, no solo en ciudades principales, y al principio la comunidad tradicional pensaba que iba a ser un fenómeno pasajero, que no tenia mucha chance de supervivencia y, además, no querían que se integraran a las comunidades tradicionales. Pero no, por discriminación puesto que son nuevos, sino porque la imagen que había dentro de la comunidad, era que no querían pasar de rezar de 100 o 150 personas a 200 o 250 personas. Además, la sinagoga acá, es también un ingrediente social muy marcado. Entonces, estar habituados a estar entre la sinagoga, el Bar Mitzvá, el matrimonio, Kineret, y demás, ahora tener de repente un elemento extraño –de a uno si, pero no de a 50– entonces, eso forzó a que ellos se organizaran por su lado. Asimismo, algunas de estas comunidades son muy organizadas y permanecen solidas.

Ahora bien, repentinamente, luego de diez años de la conformación de estas comunidades emergentes, comienza el flujo de Alià –ley del retorno a Israel–. De hecho, en Israel nos conocen por ellos, por los emergentes, pues son casi 500, que están entre las Yeshivot, el Ejercito, Universidades, etc. Ellos son los que hicieron Alià en masa y se quedaron en Israel, además, dentro de todas las clases de la sociedad israelí se establecieron.

En estos momentos, las comunidades tradicionales colombianas los respetan, pero, siguen creyendo que cada uno por su lado. Y, los vasos que comunican a las comunidades tradicionales con las emergentes, están institucionalizados por la Confederación de Comunidades Judías de Colombia, donde hay un representante de cada comunidad y mi persona, que me encargo principalmente de la tramitación para Alià.

Yo creo, que este fenómeno es muy interesante, y hay que aprender mucho de estas, pues son muy entregadas, y con el tiempo, van a ser mas que comunidad religiosa, así como las comunidades tradicionales, será integrado el factor social, histórico, cultural y político frente al mundo gentil y con respecto a Israel, el sentimiento nacional. Tal vez, el crecimiento que hubo en el año 2000 ya no se repita, pero habrá un crecimiento más lineal, de seguro. Igual, así como tantos se van, van a llegar otros.

Asimismo, algunos vienen del catolicismo, pero más de nombre. También del cristianismo evangélico, y muy pocos del mesianismo, pero en realidad vienen de “nada”, es decir llegan sin una identidad religiosa y acá –en el judaísmo– la encuentran. Algunos otros, se declaran Bnei Anusim –hijos de los forzados a convertirse– pues, tienen un indicio de un ancestro judío. Sea real o no esto, yo les recomiendo que no pierdan el tiempo y hagan la conversión, ya que es muy difícil demostrar que toda la línea materna tenga continuidad del linaje hebraico, pues, estamos hablando de 500 o 400 años atrás.

¿Cuál ha sido la relación de la comunidad judía colombiana con Israel y qué importancia tiene esto?

La comunidad colombiana es muy cercana a Israel. Por ejemplo, muchos ya tienen familia en Israel, así que no es solo una cuestión ideológica. También, nosotros promovimos que no hay un judío que no conozca Israel, entonces esta el viaje del Colegio Colombo Hebreo a Israel, de los otros jóvenes que no forman parte del Colegio, sino de otros, y un viaje de adultos también. Constantemente, hay actividades relacionadas a Israel y en el Colegio hay un sionismo marcada, entonces, el apego a Israel es muy marcado en la comunidad colombiana.

Las relaciones de Colombia con Israel, gracias a Dios, super bien con todos los gobiernos, a veces un poco más fuertes y a veces un poco menos. La única salvedad fue con el presidente Juan Manuel Santos, quien nos hizo una jugada inesperada a último momento de dejar su cargo, cuando dejó reconocida a Palestina por parte de Colombia, lo cual nos dejo asombrados y desplantados. Y bueno, ni que hablar de el gobierno actual del presidente Iván Duque, quien ha tenido unas relaciones muy estrechas con el Estado de Israel, por ejemplo, el TLC firmado recientemente Colombia-Israel, las visitas mutuas y la cooperación, ha sido muy importante.  

Sobre el antisemitismo, ¿cuál es la realidad de Colombia frente a este tema?

Hasta ahora hablamos sobre que Colombia no tiene una corriente antisemita fuerte, son solo brotes de antisemitismo, que hay cada tanto y asociado principalmente al tema palestino, sobre todo en redes sociales, en donde, sigue aún bastante activo. Pero, por parte de autoridades o instituciones serias, no sentimos un fenómeno o amenaza antisemita. El tema palestino, relacionado al BDS (Boycott, Divestment and Sanctions –Boicot, Desinversión y Sanciones–) que pretende sabotear a los productos israelíes, podría preocuparnos si sube la izquierda al poder. Entonces eso motivaría a los grupos de izquierda radical a enfrentar a la comunidad judía por el solo hecho de ser aliada de Israel. Asimismo, si una persona como Gustavo Petro, en un hipotético caso llegase a la presidencia, estos grupos estarían estimulados y empoderados. A pesar de esto, el colombiano tiene una empatía con los judíos e Israel, desde el sentimiento religioso –es amante del judío–, hasta el contacto que ha habido con inmigrantes judíos de antaño, que formaron patria, creando empresas, generando empleo, y participando activamente en diferentes sectores de la sociedad, contribuyendo al desarrollo del país.

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