Después de nueve años de recuperación económica ininterrumpida, Alemania debe prepararse para una recesión. Aunque los expertos no hablan de extrema gravedad, el banco central germano, el Bundesbank, alerta de una probable recesión técnica en el tercer trimestre del año. La tendencia actual, especialmente en el sector de exportación, indica que Alemania está perdiendo su papel como motor de crecimiento de Europa y como la mayor economía de la UE, algo que también está teniendo un impacto negativo en el desarrollo de otros países.

El ministro de Finanzas, el socialdemócrata Olaf Scholz, dio a entender que, llegado el caso de una crisis severa, habría que reaccionar con medidas, y aseguró que Alemania posee la fortaleza fiscal necesaria para actuar en consecuencia. En concreto, Scholz evocó la crisis financiera global de los años 2008-2009, diciendo que costó a Alemania 50.000 millones de euros, y sugirió que en la actualidad ese gasto extra está ampliamente al alcance del erario público. “Tenemos que ser capaces de reunir eso, y podemos reunir eso; esa es la buena noticia”, concluyó el ministro.

Aunque las cifras de crecimiento alemanas del primer trimestre (0,4 por ciento) todavía fueron positivas este año, los economistas ya reconocieron signos de desaceleración, que ahora se confirman:  el producto interior bruto se redujo en un 0.1 por ciento en el segundo trimestre.

Los expertos hablan de una «recesión técnica», la economía alemana aparentemente está en el  límite. El ministro federal de Economía, Peter Altmaier,  ve en los números  una «llamada de atención y una señal de advertencia».

Según la oficina de estadísticas Eurostat, la economía de Europa creció solo un 0,2 por ciento en la primavera, lo que significa reducir a la mitad el crecimiento del trimestre anterior. Los estadísticos ven claramente la razón de este bajo crecimiento en Alemania.

Exportar como pilar de apoyo

La industria de exportación ha sido el pilar de la economía alemana durante años, y solo el ánimo de compra de los alemanes actualmente −al beneficiarse de un contexto de casi pleno empleo, de aumentos salariales que conjuran la inflación y del bajo coste de los préstamos− impide que las cifras de crecimiento se desplomen aún más.

Pero son muchas ya las referencias a razones “caseras” para el titubeante motor económico de Europa: muy poca inversión pública y privada, apenas reformas estructurales que impulsen la innovación, y no menos importante la profunda crisis de la industria automotriz, de la cual gran parte de los alemanes, directa o indirectamente vive.

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