La Argentina entró en una etapa de transición democrática. Los años del macrismo profundizaron los problemas estructurales de este país. Las políticas salvajes del neoliberalismo pusieron a la economía Argentina, en una situación muy grave. Desocupación, hambre, desmantelamiento del Estado, endeudamiento histórico con el FMI, recorte de los derechos democráticos etc.  Incluyendo la justicia corrupta al servicio de estas políticas. Estas fueron las consecuencias de estos últimos cuatro años.

Por ello es positivo un «baño democrático» del conjunto de la sociedad y sus estructuras de poder. Alberto Fernández genero un gran entusiasmo colectivo y una expectativa positiva en lo internacional.

A pesar de ello se debe de entender, que es tan sólo una etapa necesaria. La misma contiene muchos riesgos, las presiones y disputas serán muchas y fuertes. Este momento pondrá a prueba el liderazgo de Alberto Fernández y nuevamente la valía de gobiernos de corte progresista. Como diría el General Perón «Gobernar es fácil, lo difícil es conducir».

Un proceso similar de “democratización” está ocurriendo en España con el nuevo gobierno de PSOE- Podemos

Lo cierto es que la Argentina debe de definir un proyecto de país de futuro. Para ello hay que tomar medidas de fondo. En primer lugar democratizar las estructuras del Estado para servir a los más necesitados. Terminar con los monopolios económicos y mediáticos. Generar empleo digno y resolver de forma urgente el problema del hambre.

También es necesario tener una política internacional que defienda la soberanía nacional e impulse la Patria Grande, creando un espacio de Paz en América latina.

Estos cambios necesarios de carácter patrióticos, deben romper con los métodos clientelares de la partidocracia, terminar con la burocracia y la corrupción.

Estos son males endémicos de nuestra sociedad, que se repiten gobierno tras gobierno, como si fuera un mal menor.

Para lograr estos objetivos se necesita una confluencia de fuerzas, con el peronismo como fuerza motriz,  que tengan en común un programa transformador y un deseo real de construir Poder Popular, para avanzar en un nuevo modelo productivo, basado en la economía popular y solidaria.

En este caminó coincidimos muchos sectores de la sociedad, incluso el propio Papa Francisco, que impulsa entre sus jóvenes curas, estás ideas. «El futuro no está en mano sólo de los dirigentes y las elites, está finalmente en los pueblos, en su capacidad de organizarse y en sus manos que riegan». Señaló en Bolivia.

Es nuestro deber empoderar al pueblo desde abajo. La superestructura política ha abandonado el trabajo de base, las unidades básicas, los trabajos en las fábricas, en los barrios. Todo queda sujeto a la política mediática. No basta solamente un acuerdo electoral por arriba y distribuir cargos políticos.

El gobierno está tardando en realizar algunos gestos políticos como es poner en libertad a los presos políticos en el marco jurídico legal. Por otro lado algunos movimientos tácticos en las relaciones internacionales como en el caso de Venezuela o el viaje al Estado sionista de Israel, muestran una estrategia a dos puntas. Tarde o temprano el actual Canciller argentino será el primer damnificado por su inexperiencia política.

El gobierno no tiene un cheque en blanco, se debe apurar a gobernar al servicio de los más necesitados.

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