La razón o la objetividad lógica-decente (o ética) dice que, lo que en la sociedad más se beneficia, es lo que más se agradece, ¡obvio! Si tú, durante toda la vida, vas beneficiando mucho a tu entorno natural, pues significa eso que se lo estás agradeciendo, ¡claro!, que vives agradecido a la Naturaleza, ¡seguro!, que coherentemente vives agradeciendo con tus mismos hechos como aval.

Así cada cual, según a lo que va beneficiando, va demostrando su amor o su agradecimiento porque se evidencie la persona que es: si una que engaña con doble moralidad o apariencias o si otra que es leal a unos principios de bien o de buena responsabilidad.

Con eso, también se ve el verdadero aprecio o respeto que tienen todos con lo que nos hace mejorar o corregir bien; sí, porque durante toda la historia, “infinitos” o muchos tuvieron un terco e invencible desprecio a la libertad o al conocimiento verdadero o a la tolerancia humanística o muy sacrificada. No supieron ser buenas personas, y fueron un gran fracaso en eso aunque, paradójicamente, los muy pillos o estrategas quedaron como ejemplos a seguir, provocando unas consecuencias graves en la sociedad.

Analicemos algo muy preciso: El malo o el equivocado solo llega a la máxima maldad (o crueldad) cuando ya le da las espaldas a Dios (o al Bien, o sea, a lo que es equilibrado o ético). Ahí, cuando le da las espaldas, sin beneficiarlo en nada. También, el comunicador o el informador o el ejemplarizador solo llega a la máxima equivocación (con sus consecuencias sociales muy graves) cuando ya le da las espaldas a la razón o a quien le racionaliza las cosas (pero, a ése, él ciego o loco le veta o le silencia, en frialdad, por seguir él con sus tercos errores).  Sí, es como si el comunicador siguiera a un fantasma idealizado (diciendo que quiere entretener o embellecerlo-maquillarlo-putearlo todo) o es como si siguiera a una irresponsabilidad total de errores (pero él, negativamente, en su inutilidad o en su estado reprobable no va a detenerse).

No obstante, una sociedad va a ser mejor o peor por solo eso, por ésa capacidad que tenga de no dar las espaldas a ciertas prioridades esenciales o primerísimas.

De veras es así, un girasol solo será girasol (con una no equivocación en su desarrollo) si y solo si no le da las espaldas al Sol. Por igual, un ser humano solo será un ser humano no desequilibrado (o no equivocado) si y solo si no le da las espaldas a lo que le da o le comunica razón. ¡Exacto!, si Galileo se le acerca y él le da las espaldas con vacilaciones pues, entonces, es que es un capullo sin remedio.

Las cosas son como son, y si la gente le va dando las espaldas a las autocríticas, a las buenas reflexiones, a las saneantes críticas (racionales) a todo eso que parecía sagrado o muy tomado como referencia social, pues sin duda es que están en una total ceguedad o terquedad en lo que van siguiendo o haciendo.

Solo existirá libertad si, de verdad, no se les va dando las espaldas a los caminos que conducen a la libertad (o a esos caminos con los cuales se desarrolla la libertad). Es más que evidente, nadie puede desarrollar un equilibrio o algo correcto o alguna razón con sus sinrazones, con sus entretenimientos caprichosos o con sus cacaos mentales diarios. ¡Exactísimo!, así es.

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