Con miedo observo el deslizamiento que está produciéndose en nuestra sociedad, catalizado por el virus… La prensa de información desaparece en favor los comentaristas, la política desaparece en favor de la agitación. Hasta dónde queremos llegar.

Lo que voy a decir no supone una coincidencia con la gestión que este Gobierno está desarrollando durante la crisis pandémica; ni siquiera  un apoyo al 100% de la constitución del gobierno y sus pactos… Aclaro esto, precisamente, porque parece que si uno no critica algo es que está a su favor y si lo critica es que está en contra… Nuestra jactanciosa era de la imagen, ha caído en una interpretación tan simple de la realidad que desespera a quien mínimamente tenga un nivel de abstracción post-infantil.

Estoy dejando de mirar las redes sociales, el odio me daña intelectualmente. Apenas oigo noticias, lo sucinto, porque me indigno de tal forma que me afecta a mi estabilidad emocional. La catástrofe cultural de nuestra sociedad se enmascara con mucha facilidad; un porcentaje de la población minoritario vive en un ambiente que le permite tener pensamiento libre y su ejercicio, y por aquello de las afinidades electivas nos rodeamos de gente con los que compartir más o menos formas de vida. Pero, y hay que decirlo, basta asomarse a la calle para ver que la Enseñanza (y esto incluye a la Universidad, que se escaquea siempre en sus limbos de indicadores retroalimenticios) ha dejado de cumplir su función. Bajo una capa leve de barniz académico, la estulticia, la ignorancia más atrevida (que consiste en creer saber sin apercibirse de la necesidad de aprender todo cada día), campan por una sociedad que alardea de acceso a la información promoviendo la estupidez más flagrante y rebajadora.

Dirán que insulto gratuitamente. No. Me atengo a lo que veo, sólo si esto que acabo de describir es así: se entiende el éxito de los agitadores en política. Seré sincero, a mí sólo me agita lo que considero; sabiendo que la libertad es una mentira teológica, me considero libre porque tengo un criterio con el formar mis propias opiniones, no exentas de error. Cuando uno se deja arrastrar por la marea del agitador, no es más que masa inercial, inerte, una cosa usada por otro. Indigna como inteligencia humana.

Podría decir que hay que parar, que es momento de reflexión, pero esto es una ola gigante que viene y nos va a alagar sí o sí, no va a cesar por mucha buena voluntad que aportemos. La sociedad está podrida, y no es lo peor la enfermedad vírica sino la decrepitud del Humanismo, el uso como medio de las personas en vez de como un fin en sí mismas: derechos, dignidad, justicia….

Entrando en mi vejez miro con sorpresa manifiesta como coetáneos míos (algunas amistades más o menos) que siempre he considerado cultos y ecuánimes languidecen en la barbarie de la agitación, promoviendo bulos, atacando “ad hominem” (o “mulierem”), rebatiendo sin análisis, pero sobre todo: sin propuestas. Me avergüenzan. No se es inteligente sumándose a un símbolo.

Propuestas, pensamiento. Yo me he consignado no atender a una sola crítica contra ningún gobernante ( se podría extender a otros ámbitos) que no venga acompañada por un razonamiento alternativo, por una proposición de actuación sustitutoria y valorable. Lo demás no me interesa, salvo como sentido del humor, la risa no requiere justificación y ése es su valor catárquico. El problema es que con los chistes no se gobierna, y de chistosos (involuntarios) estoy hasta los cojones.

Porque al final todo es reacción, no hay acción sino reacción: vivimos en una etapa reaccionaria, y hemos de estudiar, reflexionar, plantear, presentar, ofrecer, vivir para no ser tábidos vejestorios memorando bondades que, en realidad, nunca fueron.

Política y agitación son socios prebélicos. Lo dije arriba, nos estamos deslizando de la política a la agitación, que es cosa bien diferente: aquélla genera adversarios, enemigos ésta. Pasan los días y cada vez aprecio más el confinamiento, porque el exterior no es que me asuste: es que me aterroriza. A nadie con una mínima sensiblidad le puede gustar esta derrota, navegamos hacia la zozobra. No se pregunte por qué, no sirve: usted debe ser digna, intente usted ser humano, usted… no se pregunte por los demás.

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Francisco Silvera. Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor de instituto, de filosofía, hasta donde lo permita el gobierno actual. Director del Festival Internacional de Música Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003). Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008. Asesoría musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013). Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013). Colaboro semanalmente con la prensa escrita en Huelva Información. Junto a Javier Blasco, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes para Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»: -Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008) -El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010) -Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011) -Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ, junto al profesor Javier Blasco (2013) Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros: -Las apoteosis (2000) -Libro de las taxidermias (2002) -Libro de los humores (2005) -Libro del ensoñamiento (2007) -Álbum blanco (2011) -Tenebrario (2013) -De la luz y tres prosas granadinas (2014). -Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub) -Mar de historias. Libro decreciente (2016). -Libro de los silencios (2018) -Pintar el aire (2018, en colaboración con el pintor Miguel Díaz) He publicado cuentos en diversas revistas y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, y más recientemente en Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012). En el blog literario de este crítico se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en: quenosenada.blogspot.com.es. Libro de los silencios ha sido galardonado por el jurado del XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA de 2019 en la modalidad de relatos.

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